0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialTamara al casal de Torre Baró, en Barcelona. “Cuando la desperté, estaba muy contenta y con ganas de ir; hasta se duchó rapidísima. Era como si fuera a una fiesta”, recordó Maria. Como su sobrina, otros cincuenta niños y niñas llegaron ilusionados y con nervios al primer día del casal de agosto gracias a las becas de la Fundación Pere Tarrés, que ofrece plazas a menores en riesgo de exclusión social. “Hay muchas familias que no pueden hacer vacaciones en agosto, así que necesitan que alguien se quede con sus hijos. El problema es que no hay muchos servicios a su disposición a estas alturas del verano, mucho menos cerca de sus casas”, lamentó Alana Hurtado, responsable de campañas sociales de la fundación.Hasta conseguir la beca, la familia de Tamara tenía que hacer malabares para conciliar la vida personal con la familiar. La niña vive con sus padres, tíos y abuelas, que se turnan para estar con ella porque todos trabajan. “Nos repartimos las vacaciones para poder cuidarla, ya que la madre es cajera y hace turnos rotativos, de lunes a lunes”, explicó Maria.Erika también acompañó a sus dos hijos al casal. Era la primera vez que dejaba a su hija pequeña en uno de estos espacios lúdicos y sabía que no sería un día fácil. “Antes de venir estaba muy nerviosa, le cuesta interactuar con la gente”, dijo Erika. Poco después, la niña saludaba a su madre desde el autobús que la llevaría al centro, mientras le dibujaba un corazón en la ventana con el dedo. La madre, que trabaja en comedores y servicios de limpieza en diferentes colegios de la ciudad, celebró esta ayuda: “Es una salvación porque el horario del casal coincide con mi jornada laboral. Ya no tengo que preocuparme por con quién dejar a los niños. Además, como somos del barrio, los puedo dejar de camino al trabajo”. “No todas las familias tenemos recursos”, añadió Erika.El Casal de Barrio Torre Baró quiere ser un espacio seguro y libre de pantallas hasta que empiece el curso escolar. Cada semana, los niños y niñas harán actividades, juegos, excursiones y visitas a la piscina municipal de Can Dragó, en Nou Barris. También reforzarán el vínculo de los menores con el barrio a partir de rutas. Antes de las restricciones por la peste porcina, los menores iban con sus monitores al parque de Collserola. “Será un año complicado porque hay actividades que no se han podido organizar. Por ejemplo, solían visitar la carretera de les Aigües, el castillo y las pistas forestales. Les iba bien jugar al aire libre después de pasar el curso dentro de las aulas”, comentó Hurtado.Padres y monitores celebran que durante este mes los niños se separarán de los móvilesEn este sentido, la portavoz de la fundación destacó la “especial vulnerabilidad” de la zona norte de Torre Baró, donde se ubica el centro. Hurtado defendió que se encuentran con situaciones “realmente complicadas” en las que es necesario que los niños salgan de casa, como casos de violencia de género e intrafamiliar, sinhogarismo o falta de recursos económicos que llegan a impedir que los hijos cuenten con una comida nutritiva al día. También son habituales los casos en que la vulnerabilidad proviene de migraciones o diversidades funcionales. Para poder acceder a la beca, las familias tienen que acreditar suficientemente que se encuentran en una situación de vulnerabilidad social.Durante el primer día de casal, los monitores prepararon actividades para que los niños se conocieran entre ellos. “Con los más pequeños hemos trabajado en que memoricen los nombres de los compañeros, mientras que los mayores se han hecho preguntas para conocerse a nivel más personal”, apuntó Nina Lanza, directora del casal y portavoz de la fundación.Refuerzos en agostoLa Fundación Pere Tarrés ha ofrecido actividades becadas desde finales de junio, y ahora redobla esfuerzos para hacer frente al agosto. La entidad también ofrece casales en Nou Barris, Sant Martí, Poble-sec, Ciutat Vella i Sants-Montjuïc. Fuera de Barcelona, cuenta con centros en Sant Adrià del Besòs, Badalona, Premià de Mar, Mataró, Sant Boi de Llobregat i Manresa. En total, acompañan a unos 600 menores. Ian, de 8 años, se encontró de nuevo con sus amigos Thiago, Isaac y Omar. Aunque compartirá grupo con ellos durante todo el mes, tiene ganas de conocer a gente nueva. Por su parte, Daniel destacó que el casal le permitirá hacer nuevos amigos e integrarse mejor en el barrio, ya que llegó el año pasado al país. “El año pasado rompimos el techo de tanto jugar”, mencionó entre risas Alice como uno de los mejores recuerdos.
Explorando Torre Baró en verano
El casal del barrio abrirá sus puertas este agosto para las familias en riesgo de exclusión social








