En su balance del curso político, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebró el avance de la construcción en España. Moncloa presumió de haber "contribuido a que la construcción de obra nueva se incremente un 13%, hasta ser ya la mayor de los últimos 12 años". Incluso podía haber elevado el récord a los últimos 17 años, porque los visados de obra nueva han alcanzado su nivel más alto desde 2009, con 32.000 permisos concedidos en el último año para construir 140.000 viviendas nuevas, pero hay un problema de base en esta comparativa. Si bien es cierto que España ha aumentado la construcción, también se han disparado las necesidades de vivienda, como consecuencia del rápido aumento de la población. Solo en el último año se han creado algo más de 250.000 hogares, lo que provoca que la concesión de nuevas viviendas ni siquiera cubra las necesidades de un año. En definitiva, la estadística de visados de obra no ofrece información suficiente sobre el esfuerzo que está destinando España a resolver su grave crisis de vivienda. Por ejemplo, en 2015 se iniciaron algo menos de 50.000 viviendas, casi un 65% menos que en la actualidad, pero el número de hogares creados ese año apenas alcanzó los 47.000, un 79% menos que en la actualidad. Por este motivo, es más ilustrativo comparar el peso de la construcción en el PIB. Esto es, el esfuerzo que dedica el país a construir más vivienda en relación con la producción total que es capaz de generar. Y lo que muestra esta comparativa es que la participación de la construcción en el PIB no ha aumentado nada desde el suelo posterior a la burbuja. De hecho, el problema se ha enquistado. En términos relativos, se está construyendo tan poco como cuando desapareció toda la demanda de viviendas. Y aunque han pasado ya casi tres lustros, la curva de la construcción sigue completamente plana: no hay avances. Así lo muestran los últimos datos del PIB, publicados la semana pasada por el INE. La construcción aportó algo menos de 26.000 millones de euros en el segundo trimestre del año. Supone un 5,4% del PIB, cifra en la que lleva ya un año y medio estancada. Esto significa que la construcción crece al ritmo del resto de la economía, por lo que nunca podrá solucionar el problema del retraso que lleva acumulado en estos años. La realidad de España es que el peso de la construcción en el PIB se ha movido en una horquilla de entre el 5,1% y el 5,4% desde el final de la pandemia. Se trata, además, de una cifra inferior a la del año 2019, cuando se situó cerca del 6%. Dos legislaturas completas en las que el Gobierno ha sido incapaz de orientar más recursos de la economía a la construcción. Hace un año, algunos economistas anticipaban que la construcción ganaría peso en el PIB para resolver la grave crisis de oferta. Esta previsión se asentaba sobre las bases de los continuos anuncios del Gobierno de las decenas de miles de viviendas que iba a construir. Por ejemplo, BBVA Research llegó a anticipar que la construcción generaría hasta un tercio del crecimiento económico. Sin embargo, un año después, apenas ha aportado el 5,3% del crecimiento económico. Recuperar la inversión La estadística del peso de la construcción sobre el PIB tiene algunas importantes ventajas para analizar la situación de la vivienda en comparación con la de los visados de obra. El motivo es que refleja la situación del sector en cada momento. Por ejemplo, si las promotoras aceleran la construcción, se ve reflejado en este dato, pero no ocurre lo mismo con las licencias de obra, que son mucho más inerciales (por requerir permisos). La serie larga del INE muestra que España no ha avanzado nada en construcción desde el punto más bajo de la crisis inmobiliaria. La construcción ha sido persistentemente baja y esto genera un déficit creciente de viviendas. Solo en 2025 se crearon 110.000 hogares más que el número de viviendas terminadas. En su último informe anual, el Banco de España señala que el déficit de vivienda en España supera ya las 750.000 unidades. Y lo peor es que prevé que la cifra siga aumentando en los próximos años. El motivo es que las licencias de obra no permitirán dar el impulso a la construcción que se necesita para alcanzar el ritmo de creación de hogares. Y la estadística de creación de hogares tampoco es un buen reflejo de la situación real, porque no recoge la demanda embalsada: personas que quieren emanciparse y formar su hogar, pero que no pueden hacerlo por la crisis de la vivienda. La situación real es peor de lo que reflejan los datos del Banco de España. TE PUEDE INTERESAR El Instituto de Crédito Oficial (ICO) anunció la semana pasada la creación de una línea de inversión y ayudas a promotores en España para reactivar la construcción de vivienda a precios sociales. En concreto, se trata de un instrumento de inversión dotado de 12.250 millones de euros para hacer préstamos a promotores de vivienda asequible con un tramo de hasta el 30% de subvención. Fuentes del ICO señalaron en la presentación que el problema de España es que no existe demanda a los costes actuales de construcción, porque los salarios son muy bajos para los costes. Y eso a pesar de que los precios de venta están disparados. El Instituto defiende que no es rentable construir vivienda asequible en España y que se necesitan ayudas públicas. Sin embargo, la realidad es que tampoco hay construcción para precios medios y ahí la rentabilidad no está en duda. Más allá del problema de financiación, existen otros muchos cuellos de botella que el Gobierno no ha podido, o no ha querido, solucionar. Estos van desde las trabas burocráticas, la escasez de mano de obra y algunos problemas de suministro, hasta, sobre todo, el estancamiento de los planes urbanísticos. TE PUEDE INTERESAR El mapa de los siete millones de viviendas que podrían construirse en España POR José Ramón Pérez Elena Sanz Javier G. Fernández Laura Martín Miguel Ángel Gavilanes Es cierto que el número de viviendas iniciadas y terminadas está aumentando en los últimos años. El problema es que también la población y el PIB están creciendo rápidamente, incluso más rápido. Eso significa que el problema no se resuelve, sino que se agrava. Para solucionar el desequilibrio entre oferta y demanda, sería necesario elevar el número de viviendas construidas por encima de las 300.000 al año, lo que elevaría el peso de la construcción en el PIB en más de un punto. Hasta ese momento, el aumento de la construcción de unos miles de viviendas más al año será totalmente insuficiente para solucionar la grave crisis que vive España. Construir un poco más es siempre mejor que nada, pero las cifras actuales ni siquiera permiten ir corrigiendo el problema, que se agrava cada año. En su balance del curso político, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebró el avance de la construcción en España. Moncloa presumió de haber "contribuido a que la construcción de obra nueva se incremente un 13%, hasta ser ya la mayor de los últimos 12 años". Incluso podía haber elevado el récord a los últimos 17 años, porque los visados de obra nueva han alcanzado su nivel más alto desde 2009, con 32.000 permisos concedidos en el último año para construir 140.000 viviendas nuevas, pero hay un problema de base en esta comparativa.