Cabo SueltoTodo el tiempo que los politicos ocupan indebidamente con sus refriegas es tiempo echado a perder para los ciudadanos y las ciudadanas que cumplen con su deber y siempre dan la caraImagen de una piscina municipal.Actualizado Lunes,

agosto

23:01Audio generado con IAEn la piscina municipal hay dos j�venes leyendo cada cual un libro. De vez en cuando una de ellas chequea la pantalla de su m�vil, escribe algo r�pido y vuelve a dejar el aparato en un bols�n protegido del calor bajo un parasol de aro met�lico cubierto con una manta de brezo. No hace falta m�s herramienta para esta ma�ana perfecta que las horas flotando alrededor y un libro capaz (en ocasiones) de auxiliar ante el exceso de morralla que hasta el �ltimo d�a de julio acecha en las portadas de los peri�dicos, adobadas con los desastres naturales de los que sus se�or�as hacen le�a calcinada en beneficio propio y al comienzo de los incendios volvieron a provocar una profunda verg�enza.Si a�n fuese posible ser�a necesario traspapelar a esa gente durante el mes de agosto. Olvidar que su oficio se apoya mayormente en irrumpir cada d�a en las vidas de los ciudadanos, incordiar, prender odios y bander�as, insultar o hacer promesas que salen ya incumplidas de la boca, vivir por encima de la realidad de la mayor�a del censo ofendiendo tantas veces al censo. Todo el tiempo que ocupan indebidamente con sus refriegas es tiempo echado a perder para los ciudadanos y las ciudadanas que cumplen con su deber y siempre dan la cara y forman parte del costado decente de una sociedad. Tiempo de baj�sima calidad que choca de frente con la sencilla aspiraci�n general de pasear por la sombra con la cabeza limpia, de leer cualquier novela o poema con los ojos atentos, de acudir al cine con el �nimo exacto, de no hacer nada con la conciencia tranquila. Existe una s�lida Espa�a que se espanta del ruido diario y de la charcuter�a pol�tica. Y cuando el verano llega merece descansar de aquellas tropel�as, incluso con la clara consciencia de que nadie tiene hoy la misma ilusi�n ante el futuro.Las dos muchachas que leen en la piscina municipal, ajenas al j�bilo de unos ni�os riendo de grito en grito dentro del agua, pertenecen a esa parte silenciosa de la sociedad que a las vacaciones no le exigen m�s que lo que pueden dar: un rato de gozo, otro de pereza y una larga demora ante la mirada indiferente de los otros ba�istas. Pues todos estamos aqu� a lo mismo, concretados en un rato redondo e incontaminado donde no existe ni un antes ni un despu�s. Tan s�lo un d�a de verano que no pueden mancillar los cenizos, los agoreros, los trajinantes y las trajinantas, los bocazas de turno empe�ados en ensuciar cada d�a del calendario.