Ciudad abiertaS�nchez no invent� esa manera de tratar a nuestro vecino m�s conflictivo, pero s� la ha hecho propia y la ha llevado a extremos asombrososUna menor no acompa�ada es devuelta a Marruecos a trav�s de la frontera con Ceuta.Actualizado Martes,
agosto
02:04Audio generado con IAPedro S�nchez no es responsable de que Marruecos sea un vecino muy complicado de gestionar. Ni de que ese vecino se haya organizado pol�ticamente como una autocracia caprichosa y despreocupada ante el sufrimiento de sus s�bditos. Tampoco es responsable de que Rabat no reconozca la soberan�a espa�ola sobre Ceuta y Melilla, y reivindique la suya propia sobre el S�hara. Ni tampoco es responsable de que ese pa�s sea fundamental para combatir la inmigraci�n irregular, el terrorismo yihadista o el narcotr�fico.El Gobierno no es responsable, en definitiva, del punto de partida de nuestras relaciones con Marruecos. S� lo es de c�mo ha gestionado esas relaciones en los �ltimos ocho a�os. Y tambi�n lo es de varios problemas que se han visto con claridad durante la crisis actual. El primero de ellos: su propia desidia ante el agravamiento de la situaci�n en Ceuta. Las autoridades de la ciudad ya denunciaron un aumento insostenible de llegadas irregulares varios d�as antes de la gran avalancha; no hubo respuesta por parte del Ejecutivo. Esa desidia tambi�n se extiende a las se�ales que deber�an haber avisado de lo que iba a ocurrir. Si esa "actividad inusual" en redes sociales que ha denunciado el ministro Albares tuvo un papel determinante, no se entiende que no fuera detectada por unos servicios de inteligencia que deber�an tener en Marruecos y en las llegadas irregulares dos de sus grandes prioridades. Si se desatendieron los avisos, mal; si no hubo avisos, mal tambi�n.El Gobierno es responsable, adem�s, del evidente fracaso de su pol�tica de apaciguamiento con Marruecos. S�nchez no invent� esa manera de tratar a nuestro vecino m�s conflictivo, pero s� la ha hecho propia y la ha llevado a extremos asombrosos. Con un agravante: la opacidad. Seguimos teniendo que rellenar los huecos de varios episodios incomprensibles, como la renuncia a la postura espa�ola sobre el S�hara o la falta de reacci�n ante el espionaje a los m�viles del presidente y tres ministros con el programa Pegasus.La lectura m�s ben�vola para el Gobierno es que, en ambos casos, se persisti� en un criterio pragm�tico: hay que morderse la lengua y tener contento a Marruecos, porque la alternativa ser�a peor. Pero est� claro que ese supuesto realismo no ha mejorado la seguridad de Ceuta y Melilla, expuestas ahora a asaltos cada vez que le apetece al tiranuelo de Rabat. El Gobierno, sin embargo, no corrige su estrategia. Ver a varios ministros alabar la colaboraci�n y la fiabilidad del mismo Estado que alent� la entrada masiva en Ceuta no es solo humillante; tambi�n es una se�al de que el Gobierno no tiene un plan alternativo. Si el apaciguamiento fracasa, la �nica opci�n que se contempla es intentarlo de nuevo.Por �ltimo, el Gobierno tambi�n es responsable de su propia soledad en un contexto tan fundamental como el europeo. La regularizaci�n masiva impulsada por S�nchez no explica el asalto a Ceuta -de nuevo, este no habr�a ocurrido sin la complicidad de las autoridades marroqu�es-, pero s� fue abiertamente a la contra de las prioridades de nuestros socios en un asunto que se entiende como un problema europeo. Denunciar ahora la "insolidaridad" de los dem�s se parece demasiado a la pataleta de quien comprueba que sus acciones ten�an un coste mayor del que pens�. Y que ya no sabe c�mo revertir el da�o.














