Los ni�os se apilan unos sobre otros en las aceras de las calles del deslucido y abandonado pol�gono industrial del Tarajal. Est�n descalzos, sucios y con las rodillas magulladas. Muchos permanecen semidesnudos. Otros todav�a llevan puesto el traje de neopreno con el que cruzaron a Espa�a hace m�s de cuatro d�as. La temperatura supera los 35 grados y el sol quema sobre las antiguas naves, mientras los menores se cubren con mantas para evitar una insolaci�n.No han ido demasiado lejos. El campamento improvisado se encuentra a apenas 10 minutos a pie del punto de la frontera por el que entraron en Ceuta. All�, en torno a una vieja zona industrial que alberga un centro de menores, viven �cerca de 1.800 ni�os�, seg�n Mustafa Abdelkader, responsable de la ONG Media Luna Blanca.A las 17.15, los responsables de la organizaci�n irrumpen en esta favela espa�ola acompa�ados por varios agentes de la Polic�a Nacional. Es la hora de la �nica comida del d�a. El reparto provoca carreras, gritos y empujones. Los polic�as obligan a los muchachos a formar una cola para evitar una avalancha mientras los voluntarios distribuyen la comida.�Hay unas 1.800 personas viviendo aqu�, alrededor de las antiguas naves, porque dentro no est�n viviendo�, explica Abdelkader. �Nosotros nos encargamos de llevarles una comida al d�a�. Media Luna Blanca, a�ade, trata de atenderlos �dentro de sus posibilidades�, porque las instituciones �no est�n preparadas� y �no hay recursos suficientes�.Las autoridades de Ceuta calculan que tendr�n que atender a m�s de un millar de menores migrantes y preparan dos grandes instalaciones para alojarlos. En estos momentos se hacen cargo de 862 chicos, cuatro veces m�s que hace apenas dos semanas. Pero esa respuesta todav�a no alcanza el pol�gono del Tarajal, convertido en el lugar donde el Estado no llega y donde cientos de menores sobreviven sin atenci�n suficiente ni servicios b�sicos. Est�n, literalmente, tirados sobre la acera.Las naves est�n viejas, oxidadas y deslucidas. Todo lo que utilizan los menores parece haber salido de la basura. Se sientan sobre pal�s, cartones, muebles abandonados, restos de obra y cascotes. El suelo est� cubierto de polvo, residuos y detritos. Durante horas, los j�venes permanecen tirados bajo cualquier sombra, esperando que vuelva el agua o que alguien les explique qu� va a ocurrir con ellos.Menores acogidos en el pol�gono de El Tarajal, en Ceuta.Una de las instalaciones alberga, seg�n la ONG, duchas, puntos de agua potable y unos inodoros port�tiles que emanan un insoportable olor a or�n al que sus j�venes vecinos parecen haberse acostumbrado. Sin embargo, la puerta de la nave con agua y duchas permanece cerrada durante toda la visita de este peri�dico. Abdelkader asegura que las instituciones han habilitado algunos servicios port�tiles y lugares donde llenar botellas, aunque reconoce que el acceso es intermitente. �Es inhumano dejarlos sin comer o sin agua�, afirma. �Pero la realidad es que la llegada ha sido tan masiva que no hay capacidad para atenderlos�.Fadua naci� en Ceuta, lleva 16 a�os viviendo en M�laga y hab�a regresado a la ciudad para pasar sus vacaciones. Deb�a haberse marchado hace d�as, pero decidi� quedarse junto a su hermana y su madre para repartir agua, leche y galletas. �Todo el dinero de mis vacaciones me lo he dejado en agua�, asegura.�Yo no he visto una cosa as� en mi vida�, repite, mientras contempla a los menores recostados frente a las naves. Fadua es musulmana, nieta de un militar espa�ol y pertenece a una familia ceut� asentada en la ciudad desde hace cuatro generaciones. Tambi�n ella utiliza la palabra �invasi�n� para describir la magnitud de la llegada, aunque insiste en separar esa definici�n de lo que tiene delante. �A m� no me importa la parte pol�tica. Me importa la parte humana y esto es inhumano�.Algunas ni�as conservan las pesta�as postizas y el maquillaje con el que llegaron. Otras se depilan entre la suciedad, sentadas delante del resto del campamento. Tambi�n hay menores con los brazos escayolados, cicatrices de cortes profundos y las piernas cubiertas de heridas.Entre el grupo aparece un ni�o de 12 a�os, muy bajo y extremadamente delgado. Solo lleva un ba�ador. Un adolescente ceut� de 14 a�os ejerce de traductor. El peque�o cuenta que procede de Castillejos, la localidad marroqu� situada al otro lado de la frontera, y que decidi� cruzar porque vio hacerlo a sus amigos. Ha conseguido hablar con su familia. Sus padres saben que se encuentra en el Tarajal. �l sonr�e y asegura que est� contento. Quiere quedarse en Espa�a."Gracias Espa�a, gracias"�Gracias Espa�a, gracias Espa�a�, repiten muchos de los menores cuando ven acercarse a los periodistas. Despu�s, piden que les hagan fotograf�as. Algunos tambi�n fabulan o reinventan su propia historia creyendo que un pasado triste contribuir� a mejorar su situaci�n. Una de ellas cuenta en un primer momento que escap� porque su familia �quer�a casarla con un saud��. Luego, ante las preguntas de algunos adultos en �rabe, niega haberlo dicho. A su lado, chicas de la misma edad y aspecto cansado reconocen que han escapado �de la mala relaci�n con sus padres en Marruecos�. En este caso, los adultos s� las creen. Sin embargo, todos anhelan ahora lo mismo: una plaza en un centro de menores.En este contexto, las c�maras de los periodistas tambi�n sirven para otra cosa. Decenas de chicos les piden que les hagan una fotograf�a y la env�en por WhatsApp a sus familias. Durante la visita se mandan m�s de una veintena de mensajes a n�meros de Marruecos y Argelia. Muchos quedan sin respuesta. En otros tel�fonos contestan padres que no sab�an d�nde estaban sus hijos y preguntan c�mo pueden localizarlos.La madre de Soufian responde desesperada. Dice que no sabe nada del ni�o, pregunta �en qu� lugar se encuentra� y ruega que, si los periodistas vuelven a verlo, la llamen. Otros familiares reaccionan de forma parecida. Al menos, esos mensajes sirven para comunicar que, tras d�as de silencio y con una traves�a a sus espaldas que dej� 72 de muertos, seg�n las cifras oficiales, siguen vivos.No todos han podido telefonear a casa. Abdelkader asegura que la ONG ha localizado a �ni�os de siete, ocho y nueve a�os que, en teor�a, trataron de cruzar acompa�ados por sus padres�. Sin embargo, �ahora viven solos entre las naves y no saben d�nde est�n sus padres�. Algunos lloran. Otros preguntan si sus padres lograron entrar en Ceuta, si contin�an en Marruecos o si est�n perdidos en alguna otra parte de la ciudad. Nadie tiene respuesta.Fadua recuerda el caso de tres menores de ocho, 11 y 13 a�os que llegaron a su barrio el primer d�a de la avalancha. Hab�an visto a sus amigos meterse en el agua y decidieron seguirlos. �Pensaban que los iban a meter en un centro de menores, pero se vieron en la calle, con ataques de ansiedad y llorando como ni�os peque�os�, explica. �Como lo que son�.Fadua y su familia los acogieron, los ducharon, les prepararon un lugar para dormir y, al d�a siguiente, les dieron dinero y los acompa�aron hasta la frontera. M�s tarde, recibieron fotograf�as que confirmaban que hab�an vuelto con sus padres. �Hay madres y padres rotos que no saben si sus hijos est�n vivos o muertos�, se�ala. �Much�simos han venido sin permiso de sus familias y les est�n diciendo que vuelvan�.Cuando termina el reparto, Media Luna Blanca recoge el material. Los agentes tambi�n abandonan la zona. Tras ellos queda una especie de sociedad infantil levantada entre chatarra, ruinas y basura, sin presencia visible del Estado ni servicios b�sicos. Los menores vuelven a repartirse las sombras, los cartones y los pal�s. Algunos discuten y ri�en hasta por una botella de agua. Otros se tumban sobre el suelo abrasado y esperan.A la salida del pol�gono, una mujer acompa�ada por un ni�o se acerca a los periodistas y pregunta en franc�s si pueden quedarse a dormir all�. Los periodistas le describen el calor, la suciedad, las heridas, la falta de agua y las aceras abarrotadas. La madre escucha, coge al peque�o de la mano y decide entrar para comprobarlo por s� misma.