Sobre el capó de un coche aparcado delante de la iglesia católica de la barriada del Príncipe, en Ceuta, el pequeño Mohamed de 14 años escribe en un trozo de papel rectangular los nombres y edades de él y los dos amigos que le acompañan, Hicham y Fahmi. Se conocieron en Ceuta, tras cruzar desde la vecina localidad marroquí de Castillejos el pasado jueves, el día en el que entraron en la ciudad autónoma decenas de miles de migrantes. Ahora comparten también la esperanza de que ese registro extraoficial que lleva la asociación de vecinos del barrio pueda servir para que las autoridades locales —quienes tienen las competencias en materia de acogida de menores migrantes no acompañados— les ofrezcan algo de sustento y un lugar seguro donde dormir.
Así lo expresa en declaraciones a elDiario.es el presidente del colectivo vecinal, Ahmed Enfed-dal, que espera que los alrededor de 3.100 menores de edad que han anotado desde el martes (no es un documento oficial que garantice que todos los registrados sean menores) sean debidamente atendidos “de acuerdo con la normativa internacional”.
Tienen que atender en condiciones. No vale que abran una nave y los hacinen sin nada. Tiene que ser una acogida con todas las garantías. Queremos que se respeten sus derechos”










