Durante el último mes, una serie de avances en las tecnologías chinas de inteligencia artificial, fabricación de microchips y robótica han sacudido los mercados financieros, han provocado divisiones entre los magnates tecnológicos de EEUU y han dejado a la administración Trump buscando respuestas a toda prisa.

Silicon Valley ha señalado durante mucho tiempo a la industria tecnológica china como una amenaza real, utilizando su crecimiento como argumento para exigir que las empresas estadounidenses queden eximidas de cualquier regulación que pueda frenarlas. En las últimas semanas, sin embargo, el progreso de China ha hecho que los responsables de las tecnológicas de EEUU pasen de las advertencias vagas al desacuerdo abierto sobre cómo abordar el desafío chino.