Cada vez que Pekín o alguna de las empresas o medios de su órbita anuncian a bombo y platillo algún avance de esos que dejan sin hipo, en una tecnológica crítica ocurre lo mismo. Da igual que sea un gran hito en la fabricación de chips, en su cruzada para replicar la máquina de ASML, en la carrera de los superordenadores o en computación cuántica. El resultado es idéntico. La industria tecnológica y casi todos los que la observan se dividen en dos bandos antagónicos como si fuera la mesa de tertulia de Al rojo vivo. Por un lado, están los que aplauden con fervor, augurando el fin definitivo de la hegemonía occidental y la victoria del modelo del gigante asiático, impulsado por la planificación estatal y los cañonazos de dinero y ayudas públicas. Por el otro, aquellos que arquean la ceja con evidente escepticismo, convencidos de que detrás del titular pomposo no hay más que propaganda del Partido Comunista Chino, humo estadístico y una buena dosis de exageración para tratar de dar la imagen de que están tocando lo alto del podio con la punta de los dedos. En este grupo suelen militar también aquellos que suelen hablar de copias, pirateo y poco o ningún respeto a la propiedad intelectual. Esta misma escena lleva días sucediendo. Y está ocurriendo por la entrada en escena de Kimi K3, un nuevo modelo de inteligencia artificial presentado por una compañía llamada Moonshot AI. Es probable que esté hasta las narices de ver cómo salen decenas o cientos de modelos cada mes que prometen tener algo singular. En esta ocasión, merece la pena detenerse. La compañía asegura que su nuevo retoño está al mismo nivel e incluso por encima de los dos grandes faros de esta industria, OpenAI o Anthropic. Un órdago, apoyado en pruebas de laboratorio, que ha vuelto a desatar la pregunta del millón de si estamos ante un gol por la escuadra a Silicon Valley y la Administración Trump o ante una maniobra de marketing inflada por el aparato estatal. Por qué tanto revuelo Más allá de este ruido de espadas, los datos no dejan indiferente a nadie. Moonshot AI ha desarrollado el modelo con una escala impresionante de 2,8 billones de parámetros, que son las variables internas que determinan la capacidad de respuesta de una IA, dejando muy atrás los 671.000 millones de parámetros con los que DeepSeek V3 sacudió el sector y provocó el pánico bursátil durante un par de jornadas. Pero la verdadera clave para entender por qué este desarrollo ha generado pánico en Occidente es el funcionamiento y la lógica que sigue. Para no ahogarse en un consumo energético prohibitivo, Moonshot ha recurrido a la arquitectura de Mezcla de Expertos, conocida también por las siglas MoE, combinándola con desarrollos marca de la casa. La IA no activa sus 2,8 billones de parámetros para resolver cada consulta. En su lugar, el sistema funciona como un cuadro de luces donde solo se encienden los diferenciales necesarios para la tarea concreta recibida. Esto le permite escalar unas 2,5 veces más rápido que su versión anterior, K2, sin multiplicar de forma lineal el coste de cálculo ni de almacenamiento. Todo ello acompañado de una ventana de contexto de un millón de tokens y capacidad nativa para procesar imágenes y texto de forma simultánea. Aunque Kimi K3 ha escalado hasta el primer puesto en la Frontend Code Arena por delante de Claude Fable 5 o GPT-5.6 Sol, conviene poner los resultados en cuarentena. Hay que tener en cuenta que estas cifras salen de los benchmarks, que es como en el gremio tecnológico se conocen a esos tests de estrés previos al lanzamiento que se hacen a cosas como modelos de IA o procesadores. “Yo creo que hay un poco de las dos cosas. De avance tecnológico y de exageración”, afirma Antonio Ortiz, analista y divulgador tecnológico y cofundador del podcast Monos estocásticos. Yang Zhilin, fundador de Moonshot, en una imagen de archivo. Foto: Reuters "Hacen benchmarking. Se preparan muy bien para salir en esa foto. Es como el típico estudiante que se prepara más para el examen, pero que luego no aprende tanto de verdad", añade, recordando que es muy diferente luego saltar a la vida real. Pese a ese maquillaje estadístico, Ortiz aclara que el avance es incuestionable y sitúa a China mucho más cerca de la cabeza de carrera. "No están a su nivel, pero sí se puede decir que están donde Silicon Valley estaba hace 6 meses". En este punto, Andrés Torrubia, cofundador del Instituto de Inteligencia Artificial (IA.ES), comparte este diagnóstico, aunque difiere en la distancia que separa a uno y otro contendiente. "Se decía que China estaba 6 meses por detrás de Estados Unidos. Ahora puede estar a tres o dos". Si hay algo que ha debido desatar el desconcierto y cabreo en Washington es cómo Pekín ha seguido recortando distancias, pese a todos los palos en las ruedas en forma de sanciones comerciales que han puesto en el camino en los últimos años. No pueden comprar máquinas ni recambios de ASML ni de otros fabricantes que utilizan tecnologías menos avanzadas y no pueden comprar ni alquilar los chips más potentes de Nvidia. Aunque se han dado casos de película para evitar estas sanciones (discos duros viajando en maletas a terceros países para entrenar allí los sistemas), la explicación tiene que ver más con la capacidad de adaptación que han mostrado en el país asiático. TE PUEDE INTERESAR Mientras los laboratorios de San Francisco han operado bajo la cultura de la fuerza bruta, gastando decenas de miles de millones de dólares en comprar toneladas de hardware de última generación, la escasez de procesadores ha obligado a las empresas chinas a convertir la necesidad en virtud. Con presupuestos infinitamente menores, como los 2.000 millones de dólares que Moonshot levantó de China Mobile y Meituan frente a las rondas de hasta 65.000 millones cosechadas por Anthropic, la industria asiática se ha volcado en la eficiencia pura del software. “Esto ya lo hemos visto más veces. Los grandes inventos de esta generación de inteligencia artificial ya están hechos, ellos lo ven como un problema de ingeniería. Y ellos, en eso, en ingeniería, siempre llegan, optimizan mucho, echan horas, tienen millones de graduados en ciencias de la computación y otras especialidades”, apunta Ortiz. People walk past the Moonshot booth promoting its Kimi K3 AI model, during the World Artificial Intelligence Conference (WAIC) in Shanghai, China, July 17, 2026. REUTERS Go Nakamura REFILE - ADDING INFORMATION Desde Estados Unidos, ondean la bandera de que el grueso de los avances chinos se ha logrado gracias a la destilación. Una técnica que consiste en reentrenar sus sistemas utilizando las IA detrás de ChatGPT o Claude. Se capturan las respuestas y se utilizan para mejorar el funcionamiento del modelo en cuestión. Ortiz reconoce que hay evidencias y pruebas de que se ha recurrido a esta técnica. “Hay modelos a los que les aprietas y te acaban confesando que son Claude”, afirma. Sin embargo, es tajante al asegurar que reducir los méritos al mero copia y pega es una lectura errónea que ignora su inmensa capacidad técnica. Por su parte, Andrés Torrubia subraya que el gigante asiático compensa las carencias de su hardware de Huawei movilizando recursos estatales y una agresiva infraestructura energética sin rival en Occidente. "Puede hacer falta más energía usando los chips de Huawei y no los de Nvidia, pero los chinos están haciendo centrales nucleares por un tubo. Y tienen energía. Con lo cual, la ventaja que tiene ahora Estados Unidos tiene cuenta atrás”. Para ambos especialistas es más interesante abstraerse de las banderas de cada bando y enfocar esto como una batalla de modelos cerrados versus modelos abiertos. "El otro gran revuelo, independientemente de que sea un modelo chino, es que sea un modelo de pesos abiertos que tú te puedas descargar y ejecutar. Para una empresa grande, permitiría tener la inferencia dentro de sus operaciones de forma privada”, dice Torrubia. El movimiento se alinea, además, con una reciente cumbre internacional de Shanghái, donde el presidente Xi Jinping ofreció un discurso posicionando a China como el gran abanderado de la inteligencia artificial abierta y compartida para el Sur Global. TE PUEDE INTERESAR La decisión de Moonshot AI de liberar de forma gratuita los pesos del modelo el pasado 27 de julio para que cualquier desarrollador del planeta pueda descargarlo, modificarlo y ejecutarlo en sus propios servidores no es solo un regalo para la comunidad investigadora. Es una bomba de profundidad lanzada contra la línea de flotación financiera de OpenAI o Anthropic. Si una empresa puede descargarse gratuitamente un modelo como Kimi K3, adaptarlo a sus necesidades internas e inferir datos de forma privada sin tener que pagar peajes por token ni enviar información confidencial a servidores de California, la justificación para pagar las costosas suscripciones de las plataformas americanas salta por los aires. No hay que olvidar tampoco todo el lío y la polémica que hay en torno al tokenmaxxing, que es como se ha bautizado al dispendio que han hecho muchas empresas en usar la IA sin que hayan conseguido resultados rentables. Esta irrupción de modelos abiertos ya ha alterado algunas dinámicas en Occidente. Gigantes como OpenAI, Microsoft, Amazon o Google se han adherido a un manifiesto que defiende la necesidad de modelos de IA abiertos y en contra de prohibir las IA chinas en EEUU. La única que no lo ha firmado es Anthropic, que se escuda en el mantra de que algo cerrado ofrece más posibilidades de control. Según apunta Antonio Ortiz, existe una pelea en la cadena de valor donde a los gigantes de los chips y la nube les conviene que los algoritmos se abaraten. "En toda esta cadena de valor de la IA hay una pelea por quién captura más valor. Para que la empresa de cloud, la empresa de chips o el prestador de servicios puedan capturar más valor, necesitan que haya mucha competencia en la capa de los modelos". La irrupción de Kimi K3 llega en una fase crítica tras un suceso extraordinario: el de la IA que supuestamente se rebeló durante un experimento de OpenAI. No fue así; fue un error humano. La fuga que dará de qué hablar Durante una prueba interna de seguridad y evaluación de cibercapacidades sin salvaguardas restringidas, los modelos de OpenAI lograron escapar autónomamente de su entorno aislado o sandbox, ganaron acceso a la red y ejecutaron un ataque coordinado contra los servidores de Hugging Face para obtener las respuestas del test y sacar mejor nota. El suceso se ha vuelto aún más inquietante tras conocerse esta semana que la intrusión en Hugging Face no fue un hecho aislado: en su maniobra de fuga, el agente autónomo atacó los sistemas de un segundo proveedor. "El incidente va a dejar más poso del que yo creía al principio”, explica Ortiz. “En el momento en que un modelo abierto sin salvaguardas cree un agente que crea que puede ganar dinero, alquilar servidores y replicarse, algo para lo que tecnológicamente estamos a meses o a un año de que suceda, va a haber un viento a favor tremendo para las tesis restrictivas de Anthropic". Este relato parece que solo va a engordar después de que esta compañía haya revelado, tras una investigación interna, que Claude también ha protagonizado 3 incidentes similares. Incidentes en los que se escapó del entorno de pruebas y comprometió los sistemas de tres empresas que no se percataron. El CEO de OpenAI, Sam Altman. Foto: Reuters Las fugas alimentan las alarmas en Washington de que la distribución sin filtros de modelos abiertos de alta potencia permita a actores hostiles reprogramar estas herramientas para orquestar ciberataques contra infraestructuras críticas. Sin embargo, este discurso de la seguridad y la necesidad de aplicar límites éticos puede interpretarse como un movimiento para proteger el modelo de negocio de las compañías estadounidenses. En este punto, Torrubia carga con dureza contra lo que define como el “mesianismo” de una compañía como Anthropic. No hay que olvidar que esta startup ganó muchísima popularidad entre el público general tras negarse a dar barra libre a sus modelos al Pentágono para usarlos en la invasión de Irán. “Actúan dando por hecho que son ellos los únicos o los elegidos o los dignos de llevar a cabo esa misión. Claramente quieren hacer una captura regulatoria y prohibir el open source", remata. Hay varias paradojas. Durante el ciberataque autónomo provocado por el modelo de OpenAI, cuando los ingenieros de Hugging Face intentaron usar las IA comerciales de Silicon Valley para defenderse, estas se negaron a colaborar aduciendo que sus guardarraíles les impedían realizar tareas de análisis ofensivo o crear contramedidas. Tuvieron que recurrir a un modelo abierto de origen chino (GLM) para poder repeler la amenaza. Dario Amodei, CEO de Anthropic. Foto: Reuters. También cabe decir que Amodei y su séquito han sido de los más contundentes al quejarse de que las empresas chinas estaban abusando de la técnica de destilación y, por tanto, aprovechándose ilícitamente de su trabajo. Gracias a los términos de servicio, consiguieron bloquear el acceso. "Legalmente se cubren. Ahora, éticamente, es otra cosa. Porque estos han estado haciendo todo el entrenamiento con libros, han cogido de todo el mundo sin pedir el permiso y sin compensar", critica Ortiz. Más allá de si existe cierto grado de propaganda en los comunicados de Pekín, la llegada de Kimi K3 confirma que el foso defensivo que protegía el monopolio técnico de San Francisco se ha disuelto. La idea de que solo un puñado de firmas en California posee la fórmula secreta para construir inteligencia artificial de vanguardia pertenece definitivamente al pasado. "Hasta ahora, nadie ha conseguido la fórmula de la Coca-Cola, algo que no pueda acabar siendo imitado por otro", remata este divulgador. "Con Kimi hay menos foso en sus negocios", coincide Torrubia. Para él, la supremacía en esta industria depende más de la determinación estratégica que de secretos inalcanzables. "Esto no es una cuestión de tener petróleo bajo tu suelo: esto es con dinero, con voluntad, con ganas y con un poquito de paciencia lo tienes. La IA está al alcance de quien tenga esas tres cosas". A Anthropic también se le escapa una IA Anthropic no ha tardado en subirse al carro de la polémica de OpenAI y Hugging Face para admitir que a ellos también se les ha escapado el perro. Una auditoría de miles de tests internos ha destapado que varios de sus modelos se salieron de su entorno aislado para liarla en los servidores de tres organizaciones reales. No hizo falta ningún hackeo maestro ni una vulnerabilidad oculta, bastó con un fallo tonto de configuración de un socio externo que dejó el acceso a internet abierto por error. Al ver la puerta abierta, sistemas como Opus 4.7, al igual que hicieron los de OpenAI, se contaron a sí mismos la película que les convenía para dar por hecho que esas empresas formaban parte del examen, llegando a robar contraseñas de producción o colando código malicioso en PyPI, que llegó a infectar a una firma de ciberseguridad. El debate está servido