0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa calabaza de Cenicienta acabó convertida en carroza. La de Sergi Torrents y Miquel Gómez iba camino de convertirse en una calabaza de récord cuando el cuento se torció antes de llegar al baile. A los 60 días de crecimiento, el gigantesco fruto que cultivaban en un invernadero de la Torre de Claramunt (Anoia), se abrió por la parte inferior. Para entonces pesaba ya 780,5 kilos y todavía le quedaba, como mínimo, un mes para seguir engordando. Sus cultivadores calculan que podía superar los 1.100 kilos y acercarse incluso a los 1.200. Pero esta vez no habrá récord ni concurso.“Hemos visto que se ha reventado por debajo”, explica Torrents, ingeniero agrónomo y profesional del sector agrícola. No saben si la causa ha sido genética, climática o está relacionada con el propio manejo del cultivo.Sí saben que la grieta invalida automáticamente la calabaza para competir internacionalmente. Y eso que llegaba lanzada: durante los últimos diez días había ganado entre 13 y 14 kilos diarios, con jornadas en las que el crecimiento se había acercado a los 25 kilos. “Llegar al día 60 con estos pesos ya es un reto muy importante”, reconoce.La aventura empezó bastante antes. Gómez, profesor de Formación Profesional, se aficionó de joven a la agricultura gracias al huerto de su abuelo y descubrió después por internet el mundo de las calabazas gigantes, mucho más desarrollado en Estados Unidos. Llevaba algunos años cultivándolas cuando contactó con Torrents para pedirle asesoramiento. De aquella consulta surgió una amistad y, desde hace tres años, cultivan juntos con la vista puesta en las competiciones.Hasta ahora su techo rondaba los 680 kilos, con segundos y terceros puestos en certámenes españoles. Pero este año decidieron dar un salto. Con la ayuda de un patrocinador instalaron un invernadero, renovaron el suelo incorporando materia orgánica y aplicaron técnicas de agricultura de precisión para controlar el riego y la fertilización. “Hasta ahora estábamos en segunda división y este año hemos dado el salto a primera mundial”, resume Torrents.El objetivo era llegar en septiembre al Concurso Internacional de Calabazas Gigantes de Valtierra (Navarra), una de las grandes citas españolas y prueba reconocida por la Great Pumpkin Commonwealth (GPC), la organización que homologa competiciones y resultados en todo el mundo. La cita de este año está prevista para el 12 de septiembre.La decepción no oculta, sin embargo, lo conseguido. Ambos compaginan esta afición con sus trabajos y no pueden dedicarle la atención permanente de algunos de sus competidores internacionales. Este año, con más medios, tiempo y técnica, han comprobado hasta dónde pueden llegar. “Si estamos entrando ya en estos pesos, tenemos mucho potencial para seguir creciendo y mejorar”, sostiene Torrents.La calabaza gigante no llegará a Valtierra y tampoco pesará esa tonelada que parecía al alcance de la mano. Pero durante dos meses creció a ritmo de récord en un pequeño invernadero del Anoia. Cenicienta tendrá que esperar al próximo año para tener carroza.El listón está en 1.278,8 kilosEl listón está alto. La calabaza más pesada del mundo alcanzó 1.278,8 kilos y fue cultivada por los gemelos británicos Ian y Stuart Paton, que lograron el récord en octubre del 2025 tras medio siglo dedicados a esta afición. Bautizada como Muggle, superó los 1.246,9 kilos logrados en el 2023 por el estadounidense Travis Gienger. Los Paton ya habían rozado el récord en otras ocasiones, pero algunos de sus gigantes quedaron descartados por defectos en el fruto.
Calabaza de cuento sin final feliz
Una grieta frustra el plan de dos cultivadores del Anoia cuando su gigantesca fruta, todavía en pleno crecimiento, rondaba los 800 kilos de peso









