En El pasillo estrecho, Daron Acemoglu y James A. Robinson recuerdan una idea que la historia económica confirma una y otra vez: las naciones no prosperan únicamente por los recursos de los que disponen, sino por su capacidad para aprovechar las escasas ventanas de oportunidad que aparecen en determinados momentos históricos. Las grandes revoluciones tecnológicas alteran el equilibrio competitivo entre países y crean momentos en los que es posible cambiar la posición relativa de una economía. Quienes son capaces de adaptar sus instituciones, movilizar inversiones y desarrollar nuevas capacidades productivas se convierten en los líderes del siguiente ciclo económico. España se encuentra hoy ante una de esas ventanas de oportunidad.

Durante más de un siglo nuestro país ha carecido de recursos energéticos competitivos lo que nos obligó a importarlos para sostener nuestro crecimiento económico. Esa dependencia condicionó nuestra competitividad industrial, deterioró nuestra balanza comercial y nos hizo especialmente vulnerables a las crisis internacionales.