Actualizado Lunes,

agosto

01:44�La amenaza nuestra no es una Rusia que lleve sus tropas por los Pirineos a la Pen�nsula Ib�rica�. En el cl�max del debate europeo sobre el gasto militar, Pedro S�nchez se despach� con esta declaraci�n en Bruselas. Era marzo de 2025, en el tercer aniversario de la Guerra de Ucrania, que desde entonces ya ha cumplido un cuarto. Ante aliados que sufr�an de manera directa la amenaza de Putin, que hab�an tenido que incrementar la inversi�n en Defensa de forma dr�stica por un conflicto que no hab�an buscado ni provocado y que viv�an un momento existencial en el que sent�an que su propio futuro estaba en juego, el presidente espa�ol, al frente de la cuarta econom�a de la UE, ven�a a decir que esto no iba con �l porque la zona de riesgo estaba muy lejos.S�nchez, siempre necesitado de algo contra lo que luchar para justificar una legislatura absurda, ve�a ya entonces que la Presidencia de Trump era una oportunidad y los problemas de los socios europeos no iban a aguarle el plan. As� que la crisis con Marruecos, que no otra cosa ha sido el asalto a Ceuta, ha cogido a Espa�a enfrentada a su principal aliado militar, que es Estados Unidos, y enemistada con Israel, con las consecuencias en seguridad y tecnolog�a que eso tiene. Pero, sobre todo, la ha cogido aislada de Europa, de espaldas a las pol�ticas de consenso comunitarias y con muchas cuentas que saldar.En los mensajes que los l�deres europeos han difundido de forma llamativamente masiva los tres �ltimos d�as se percibe un poco escondido tono de rencor. El comunicado del primer ministro polaco, Donald Tusk, con su 4,7% del PIB de gasto en Defensa, ha sido seguramente el m�s profundo: �Hemos invertido miles de millones de euros y movilizado a miles de soldados, polic�as y guardias fronterizos. Espa�a debe seguir nuestro ejemplo si Schengen [el acuerdo europeo de libre circulaci�n de personas] ha de sobrevivir�. Pero ha habido otros muy interesantes, como el del primer ministro sueco, Ulf Kristersson, que ped�a �tomar las medidas necesarias para que no vuelva a ocurrir lo de 2015�.Lo de 2015. Europa no es una acumulaci�n de imbecilidades, aunque muchos espa�oles as� lo crean. A muchos pa�ses ya se les ocurri� subir el maltrecho PIB con j�venes e impetuosos extranjeros que revitalizaran sus envejecidas comunidades, ayudaran a pagar pensiones y engordaran las cifras de empleo. Pero descubrieron que esto tiene consecuencias sociales, culturales y pol�ticas. Hace demasiados a�os que Giovanni Sartori advirti� que el enfoque con la inmigraci�n no puede ser solo econ�mico, porque �es eminentemente no econ�mico�. Hoy, Suecia, Dinamarca o Italia, por citar tres de los gobiernos que han reaccionado con m�s dureza estos d�as, pagan un alto precio econ�mico por los controles en inmigraci�n, pero lo hacen de forma consciente.Realmente, la crisis de Ceuta est� relacionada tangencialmente con la inmigraci�n. Desde el primer momento se intu�a que los que doblaban el espig�n no eran j�venes en busca de una vida mejor. Se volvieron unas horas despu�s, vaya. Por el contrario, era una operaci�n pol�tica de Marruecos ante las c�maras de todo el mundo y con portada en el New York Times, con ese titular de �escenas de caos en Ceuta, el enclave norteafricano que Espa�a mantiene desde hace siglos�. M�sica sinf�nica en Rabat. Pero lo que s� aprovechaba nuestro vecino del sur era la debilidad de Espa�a con la inmigraci�n, y de forma muy h�bil. Porque al final, lo que ve�a Europa era al pa�s que les hab�a dedicado lecciones morales y econ�micas en las �ltimas citas comunitarias, y que est� regularizando a 1,2 millones de inmigrantes pese a sus protestas, recibiendo una avalancha de decenas de miles de personas en la frontera.En la palestra queda Jos� Manuel Albares, ministro de Exteriores y genio de la realpolitik, siempre con grandes principios donde Espa�a pinta poco, all� por Gaza e Ir�n, y con descarnado pragmatismo donde nuestra posici�n se presupone decisiva, como pueden atestiguar los saharauis o el pueblo venezolano. En el juego de la diplomacia (el Estado) puesta al servicio electoral del presidente, una frase como la de los Pirineos solo se suelta en Bruselas si vives en el convencimiento de que tienes el flanco sur cubierto. No se entreg� el S�hara por cualquier cosa, es de suponer, sino para que no circulen yihadistas desde el otro lado del Estrecho y nos controlen la inmigraci�n. Incluso cierras el c�rculo con un viaje a Argelia discreto pero efectivo.Y de repente, Ceuta. Visto lo visto, cabe preguntarse qu� es lo que ata a este Gobierno con Rabat. El jueves, cuando las im�genes invad�an ya las pantallas, el comunicado de Moncloa de la tres de la tarde empezaba con un gracias Marruecos que destacaba la �ejemplar colaboraci�n� entre ambos pa�ses. Nunca se vio de forma tan clara el equilibrio roto entre ambos pa�ses como en la par�lisis del Gobierno mientras miles de personas violentaban la frontera. Ni un paso sin consultarlo con Rabat. Pero incluso teniendo asumida tu posici�n de debilidad y que en el momento caliente no conviene provocar al fuerte, es dif�cil de creer que esta crisis no vaya a provocar siquiera un debate en torno a Marruecos, que incluya la posibilidad de sanciones econ�micas y cuestionar la celebraci�n de un Mundial de f�tbol conjunto.