Cuando su puesto se reduce a funci�n pierde su dimensi�n m�s humana: la vocaci�n.Durante d�cadas, el trabajo ha sido entendido, en gran medida, como un medio. Un medio para generar ingresos, construir una carrera, alcanzar una posici�n. Sin embargo, en las sociedades avanzadas -y especialmente en los niveles m�s altos de responsabilidad- esta visi�n resulta cada vez m�s insuficiente.Llega un momento en la vida del directivo en el que el trabajo deja de ser solo un instrumento y pasa a convertirse en una pregunta: �qu� sentido tiene lo que hago cada d�a?, �qu� me hace levantarme cada ma�ana?Esta transici�n marca, de nuevo, el paso del logro al significado. Y es precisamente aqu� donde la reflexi�n de Viktor Frankl adquiere una vigencia extraordinaria. Desde su experiencia l�mite, Frankl defendi� una idea que interpela directamente al mundo empresarial: "El trabajo puede conferir sentido a la vida si se vive como una contribuci�n". No como una obligaci�n. No como una rutina. Sino como una contribuci�n. La diferencia no es menor. Cambia la forma de entender el rol de quien dirige y, sobre todo, su impacto.En muchas organizaciones tengo la oportunidad de comprobar, en mi trabajo como cazatalentos especializado en alta direcci�n, que el trabajo sigue defini�ndose en t�rminos funcionales: responsabilidades, objetivos, resultados. Es necesario, sin duda, pero insuficiente. Si el trabajo se reduce a funci�n, pierde su dimensi�n m�s humana: la vocaci�n. Esta no implica necesariamente una llamada �pica o incluso trascendente. Implica, m�s bien, la conciencia de que lo que se hace tiene un valor m�s all� de uno mismo. Que contribuye a mejorar la vida de otros.EjemplosYvon Chouinard, fundador de Patagonia, ha construido una organizaci�n entera sobre esta idea. En Patagonia, el negocio nunca fue solo vender ropa, sino proteger el planeta. El trabajo, en ese contexto, adquiere una dimensi�n distinta: cada decisi�n, cada producto, cada acci�n se conecta con un prop�sito superior.Algo similar ocurre con Muhammad Yunus, fundador del Grameen Bank y Premio Nobel de la Paz, al que tuve la ocasi�n de conocer en el IESE. Su modelo de microfinanzas no solo transform� el acceso al cr�dito, sino la dignidad de millones de personas. Su trabajo no fue simplemente crear una instituci�n financiera, sino redefinir el papel del dinero como herramienta de desarrollo humano.Estos ejemplos no son anecd�ticos. Representan una tendencia creciente: responsables empresariales que entienden el trabajo como una forma de contribuci�n. Y, en esa medida, como una fuente de sentido.El problema no es que el trabajo no tenga sentido. El problema es que, en muchos casos, ese sentido se diluye en la presi�n por los resultados a corto plazo, en estructuras excesivamente burocr�ticas o en culturas donde el prop�sito se declara, pero no se vive. Entonces aparece una de las formas m�s silenciosas de desgaste profesional: la desconexi�n. No es solo agotamiento f�sico. Es algo m�s profundo. Es la sensaci�n de que lo que uno hace cada d�a no importa realmente. De que el esfuerzo no tiene un impacto significativo.Frankl lo describi� como una forma de vac�o existencial aplicada a la vida. En el �mbito laboral, sus consecuencias son visibles: desmotivaci�n, cinismo, rotaci�n, p�rdida de talento. En este contexto, la pregunta clave no es c�mo hacer trabajar m�s a las personas, sino c�mo hacer que su trabajo tenga m�s sentido. Y esa responsabilidad recae, en gran medida, en quien dirige.Una de las ideas m�s poderosas -y menos desarrolladas- en el management contempor�neo es que el directivo no solo gestiona recursos o toma decisiones. Tambi�n genera significado. Cada conversaci�n, cada prioridad, cada reconocimiento contribuye a construir -o a erosionar- el sentido del trabajo de su equipo. Como dec�a Napole�n, un l�der es un negociador de esperanzas.En este punto, la aportaci�n de Jes�s Ponce, vicepresidente s�nior de Novartis Internacional, resulta especialmente reveladora. En el p�dcast El l�der ante el espejo, comentaba: "Los d�as que mejor vuelvo a casa de la oficina son cuando he tenido mucho contacto con personas, cuando hemos compartido proyectos, cuando hemos compartido visiones".Esta reflexi�n encierra una clave fundamental: el sentido no se impone, se construye en la interacci�n diaria. No basta con definir un prop�sito corporativo. Hay que traducirlo en experiencias concretas, en proyectos compartidos, en conversaciones que conecten el trabajo individual con un impacto colectivo.El responsable de una organizaci�n act�a, en este sentido, como un int�rprete de sentido. Ayuda a las personas a entender por qu� su trabajo importa, c�mo contribuye al conjunto y qu� valor genera m�s all� de la tarea inmediata.CoherenciaEn los �ltimos a�os hemos asistido a una proliferaci�n de discursos sobre prop�sito empresarial. Sin embargo, la diferencia entre las organizaciones que realmente generan sentido y las que solo lo comunican est� en la coherencia. Aqu� movimientos como el de las empresas B Corp han ganado relevancia, no solo por la certificaci�n, sino por el compromiso real con el impacto social y medioambiental.En el fondo, todo esto conduce a una pregunta que cada directivo deber�a hacerse: �el trabajo que lidero aporta sentido a la vida de las personas que lo realizan? No es una pregunta sencilla, pero es decisiva. Porque, como nos recuerda Frankl, el ser humano no busca solo placer o poder. Busca sentido. Y el trabajo ocupa una parte tan central de la vida que no puede quedar al margen de esa b�squeda.El �xito de quien dirige no est� solo en lo que construye, sino en el sentido que deja en quienes le acompa�an en el camino.Antonio N��ez | Senior Partner de Parangon Partners, especializado en liderazgo humanista y autor del p�dcast 'El l�der ante el espejo'
Por qu� no deber�a ver su trabajo como una obligaci�n
Durante d�cadas, el trabajo ha sido entendido, en gran medida, como un medio. Un medio para generar ingresos, construir una carrera, alcanzar una posici�n. Sin embargo, en las...









