Definir “el sentido del trabajo” excede los límites de este artículo, pero últimamente me encuentro con jóvenes que, teniendo un trabajo bien remunerado, sienten que lo que hacen carece de sentido o no aporta valor a la sociedad (¿recuerdan cuando la covid nos reveló crudamente la distinción entre trabajadores “esenciales” y “no esenciales”?). Àlex Garcia / ArchivoHablé con una exalumna que, tras siete años como desarrolladora de software bien pagada en una plataforma de apuestas, ha empezado a estudiar Enfermería. Y el hijo de un amigo, ingeniero civil y CEO en una conocida consultora financiera, me contó que prepara oposiciones para enseñar matemáticas en un instituto. “Cobraré tres veces menos”, dijo, “pero sabré qué hago y a quién beneficia”. “¿Y qué haces ahora”?, le pregunté. “Mi trabajo en el departamento financiero es parte de un proceso tan fragmentado, tan impersonal, que hasta me cuesta explicármelo a mí mismo”.Últimamente me encuentro con jóvenes que cuestionan el sentido de su trabajoNo dudo de que sus elecciones son valientes. Y valiosas. Ya hace años que se necesitan profesores de matemáticas en la enseñanza, no digamos ya enfermeras. Y carpinteros, encofradores y lampistas. También se están quedando sin aspirantes las especialidades médicas más prestigiosas, dado que cada vez más aspirantes al MIR eligen dermatología para dedicarse a la medicina estética. Algo parecido ocurre con los ingenieros. Cuando un ingeniero civil acaba en una consultora financiera puede tener la sensación de que “desperdicia” su talento. Pero la sociedad también pierde. Pierde talentos para investigar, crear e innovar. Pierde cardiólogos, neumólogos, internistas. Y crece exponencialmente el número de influencers y analistas de marketing dedicados a optimizar la venta de chorradas perfectamente superfluas.Por otro lado, si se confirma que, en una década, la IA hace innecesarios a los humanos para la mayoría de los trabajos, el problema aquí planteado quedará resuelto. No tendremos trabajo. Ni con sentido ni sin sentido. Y si un hada madrina nos subvenciona el ocio, nos convertiremos en una sociedad de desocupados que, a juzgar por los hábitos de entretenimiento actuales más exitosos, pasará el tiempo haciendo turismo en aviones sin piloto y en hoteles sin personal. Una perspectiva de lo más tenebrosa, cuando menos para la salud mental.