El 2 de julio de 1994, un incendio en Villarluengo (Teruel) desatado por un rayo dio comienzo a la que ha pasado la historia de Espa�a como "la semana negra". En apenas siete d�as una oleada de fuegos forestales en Arag�n, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Murcia, Catalu�a y Andaluc�a arrasaron m�s de 110.000 hect�reas (ha) y causaron la muerte a una veintena de personas. Dos a�os antes se hab�an creado las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), inspiradas en las unidades helitransportadas de EEUU, y como recuerda Ignacio P�rez-Soba, doctor ingeniero de Montes, aquella tragedia "fue un punto de inflexi�n" en la manera de abordar los incendios forestales en Espa�a.Otra tragedia -la muerte en 2005 de 11 miembros del ret�n de extinci�n durante un incendio originado por una barbacoa en Riba de Saelices, en la provincia de Guadalajara-, dio lugar a la creaci�n ese mismo a�o de la UME, la Unidad Militar de Emergencias destinada a intervenir en cat�strofes.Y tras la conmoci�n por el agosto negro de 2025, cuando un dram�tico episodio de incendios simult�neos que afectaron sobre todo a a Castilla y Le�n y Galicia se sald� con cuatro fallecidos y 30.000 desalojados, 2026 est� superando las previsiones m�s pesimistas. Tras los 14 fallecidos en el gran incendio en Los Gallardos (Almer�a), causado, seg�n se cree, por la ca�da de un cable el�ctrico, m�s de 200.000 ciudadanos han sido evacuados o confinados en sus casas en las dos �ltimas semanas por los graves incendios de La Mierla (Guadalajara), Madrid, Toledo, Castell�n y �vila. Este �ltimo ha sido el m�s grande de la historia de Espa�a, con m�s de 50.000 hect�reas quemadas.Las cifras dan v�rtigo: desde que comenz� 2026 hasta el 1 de agosto se han desatado 38 grandes incendios forestales o GIF (aquellos que queman m�s de 500 ha) frente a los 12 registrados en el mismo periodo del a�o pasado. En total, han ardido 186.480 hect�reas forestales, mientras que el a�o pasado a estas alturas del a�o el balance era 33.360.�C�mo hemos llegado hasta aqu�? Los expertos coinciden en atribuir este verano en llamas a una combinaci�n de causas entre las que destacan el abandono paulatino, a lo largo del �ltimo medio siglo, de los usos tradicionales del medio rural, con la consiguiente acumulaci�n de biomasa por la insuficiente e ineficaz gesti�n forestal. Los efectos del cambio clim�tico y la meteorolog�a que hemos tenido este a�o son los otros dos factores clave que han convertido a Espa�a en un polvor�n frente a los incendios.EVOLUCI�N DE LOS INCENDIOSPara P�rez-Soba, decano del Colegio Oficial de Ingenieros De Montes (COIM) de Arag�n, "carece de sentido tratar de sacar conclusiones de lo que ha ocurrido en un a�o o en unos pocos a�os". "Si analizamos las estad�sticas generales de incendios forestales que tiene el MITECO desde 1968, vemos que m�s o menos desde mediados de la d�cada de 1990 a comienzos del siglo XXI, todos los indicadores van a mejor en Espa�a, claramente. Todos menos uno. Lo que va a peor es que los grandes incendios forestales son cada vez m�s grandes, hasta el punto de que habr�a que replantearse su definici�n pues ahora nos encontramos con fuegos que queman decenas de miles de hect�reas. Y claro, al ser cada vez m�s grandes, afectan cada vez m�s a bienes y personas y est�n asociados, en general, a comportamientos muy violentos y muy impredecibles".Si nos centramos en la �ltima d�cada, entre 2015 y 2024 la media fue de 105.614 hect�reas de superficie quemada y 24 GIF, seg�n el MITECO, con repuntes en los a�os 2022 (270.289 ha y 60 GIF) y 2025 (354.746 ha y 63 GIF). Los mejores a�os en ese periodo fueron 2018 (26.994 ha y 3 GIF) y 2024 (49.762 ha y 16 GIF). Sin llegar a los niveles de 2015 y 2022, en 2021 (92.556 ha y 19 ha) hubo tambi�n incendios muy graves, entre los que destacaron los dos fuegos en la Sierra Culebra, en Zamora, que arrasaron 60.000 ha, y el de Navalacruz, en �vila (20.000 ha).Actualmente, alrededor del 90% de los incendios se apagan antes de alcanzar las cinco ha de superficie, pero los que derivan en GIF se controlan cada vez con m�s dificultad. 2025 fue un ejemplo de ello. El n�mero total de incendios fue de 8.199 frente a los 9.171 de la media entre 2015 y 2024, pero en ese a�o se desataron cinco de los 16 incendios mayores de 20.000 registrados en toda la serie hist�rica (1968-2025).FALTA DE PREVENCI�N Y DE GESTI�N FORESTAL ACTIVA"Ese indicador discordante de los GIF", dice P�rez-Soba, "es el que nos se�ala que hay un fallo en la estrategia que se ha seguido hasta ahora", que resume as�. "Se invierte poco en gesti�n, much�simo en extinci�n y bastante poco, tirando a muy poco, en restauraci�n".Y ello pese a que la superficie forestal espa�ola ocupa casi el 56% del territorio nacional -28,2 millones de hect�reas, de los que 18,7 millones se encuentran arboladas-, seg�n recoge la Estrategia Forestal Espa�ola Horizonte del MITECO en 2021. En 1950, la superficie forestal espa�ola era de 25,1 millones de hect�reas, de acuerdo a la Estad�stica Forestal de Espa�a del Ministerio de Agricultura publicada en 1952.Un aumento que, seg�n el Instituto de Ingenier�a de Espa�a (IIA), responde en gran medida al �xodo demogr�fico, el envejecimiento de la poblaci�n, la regresi�n de la ganader�a extensiva y el fin del aprovechamiento tradicional de le�as y maderas, que han favorecido la acumulaci�n de combustible vegetal en el monte.Las repoblaciones forestales realizadas (en torno a cuatro millones de hect�reas entre 1940-1999, y 430.579 ha entre 2000 y 2020, as� como la forestaci�n de tierras agrarias favorecida por la Pol�tica Agraria Com�n (PAC) de la Uni�n Europea en la �ltima d�cada del siglo XX (298.482 ha desde 2000 hasta 2020) tambi�n han contribuido al aumento de masa forestal. Globalmente, desde 1999, la superficie forestal arbolada ha aumentado en casi 1,5 millones de ha.Asimismo, se estima que el 72% de los montes son de propiedad privada, individual o colectiva. En ese sentido, Carlos del �lamo Jim�nez, presidente del Comit� de Ingenier�a y Desarrollo Sostenible (CIDES) y portavoz del IIA, considera que "el desconocimiento de la titularidad forestal" en buena parte del territorio dificulta una gesti�n adecuada de un monte fragmentado en un n�mero muy elevado de parcelas.A esa dificultad se suma el hecho de que "a medida que se despobl� el medio rural", repasa P�rez-Soba, "casi todas las administraciones dejaron de invertir en mejorar y gestionar los bosques, pues los operativos de extinci�n pasaron a costar mucho m�s dinero. Por ejemplo, los medios a�reos son muy caros. Y en lugar de pagarse con fondos extraordinarios, se financiaron a costa de la inversi�n en prevenci�n y en gesti�n forestal. Es decir, rest�ndolo de los tratamientos selv�colas, la construcci�n de caminos forestales, las obras y servicios forestales tradicionales, que son las tareas que ahora se llaman de prevenci�n y las m�s importantes para prevenir incendios. Y si uno deja de gestionar los montes durante 40 a�os, no debe extra�arse de que sufran grandes perturbaciones".El ingeniero considera que "hab�a que mejorar el operativo, pero sin estrangular la gesti�n forestal en Espa�a. La expansi�n de medios a�reos y la profesionalizaci�n de los dispositivos de extinci�n nos hizo un pa�s l�der en este campo. Pero el sistema de extinci�n que tenemos ahora es el mismo que mejor� hace 30 a�os, s�lo que mucho m�s numeroso y mucho m�s caro. Tenemos 18 sistemas de extinci�n (17 comunidades y el del MITECO), que se coordinan amigablemente pero de manera poco planificada", sostiene.Desde su punto de vista, "tenemos un modelo desequilibrado de inversi�n en lo que a incendios se refiere y hace falta una gran valent�a pol�tica para cambiarlo. Porque todas las actuaciones de gesti�n forestal tienen �xito o fracaso al cabo de 10-12 a�os como pronto, con lo cual estamos hablando al menos de tres legislaturas", resume P�rez-Soba.No obstante, considera que "el verdadero problema no es la despoblaci�n rural en s�, sino la desvinculaci�n de la poblaci�n rural con la gesti�n y los aprovechamientos forestales". Y como ejemplo se�ala que hay territorios muy despoblados cuyos montes arden menos que la media, como Soria, con una gran tradici�n de ordenaci�n de montes, de sistem�tico y sostenible aprovechamiento de la madera, y de mantenimiento de un entramado empresarial forestal tradicional pero tambi�n moderno".Margarita Hern�ndez, portavoz del COIM, estima que nuestros montes necesitan al menos una inversi�n sostenida de 3.000 millones de euros al a�o en gesti�n forestal, una cifra que "resulta infinitamente m�s eficiente y econ�mica que destinar fondos a la posterior restauraci�n de las zonas calcinadas". Esta cantidad queda lejos de los aproximadamente mil millones al a�o que, seg�n estima el COIM, se destinan en la actualidad en todas las administraciones, pues seg�n la Estrategia Forestal Espa�ola Horizonte, se invierten de media 38 euros por hect�rea y a�o. En ese sentido, el MITECO se�ala que entre 2024 y 2026, el Gobierno ha increment� cerca de un 30% el presupuesto para prevenci�n.En lo que respecta a la ganader�a, los Censos Agrarios del INE reflejan un desplome en el n�mero de granjas que trabajan con los principales grupos de rumiantes: bovino, ovino y caprino. En los �ltimos 20 a�os, cuatro de cada 10 explotaciones han dejado de existir, sin que ello haya supuesto un descenso comparable en el n�mero de cabezas de ganado.En Espa�a no hay registros oficiales de explotaciones ganaderas extensivas (las que alimentan al ganado a base de pastoreo y contribuyen a controlar la vegetaci�n en los montes) o intensivas (que usan piensos y est�n estabuladas) que permitan medir con exactitud cu�l ha sido el descenso en cada tipo de manejo.El INE s� ofrece datos sobre las cabezas de ganado de las explotaciones activas. Mar�a Turi�o, de la Plataforma por la Ganader�a Extensiva y el Pastoralismo, advierte de que este dato no es en s� mismo concluyente para determinar si una explotaci�n es extensiva o no, ya que "lo que realmente vincula la extensividad es la alimentaci�n". No obstante, s� es evidente una tendencia a la concentraci�n en explotaciones con m�s animales que en el pasado, informa Alberto Hern�ndez.Otro factor que destacan expertos como Hern�ndez es la necesidad de gestionar mejor la interfaz urbano-forestal para proteger a las personas: "La existencia de enclaves de poblaci�n en masas forestales hace prioritario potenciar la cultura de la autoprotecci�n efectiva. Sus habitantes deben conocer y aplicar pautas b�sicas de seguridad de defensa de su propiedad y de actuaci�n en caso de emergencia", apunta.VERANOS M�S LARGOS Y CALUROSOSLos cambios en el clima son otro de los aspectos fundamentales que explican este julio negro: "Las condiciones de verano aparecen ahora m�s de un mes antes que en los a�os 70 y 80 del siglo pasado. En 2026 hemos tenido a finales de mayo calor propio de julio", apunta Rub�n del Campo, portavoz de Aemet. "Tuvimos un inicio de a�o muy lluvioso, con una borrasca tras otra. Fue el bimestre inicial de a�o m�s lluvioso desde 1979, mientras que el periodo de abril a julio va a situarse entre los tres m�s secos de la serie hist�rica. Toda esa vegetaci�n, ese combustible, que creci� debido a la gran cantidad de lluvia, se ha secado de forma extrema".Adem�s, desde 1961, cuando comienza la serie hist�rica de registros de Aemet, "los veranos se han calentado alrededor de dos grados, que se est�n traduciendo en olas de calor m�s frecuentes, m�s largas, m�s intensas y que afectan a una mayor extensi�n del pa�s", se�ala Del Campo. "Hemos visto un incremento estad�sticamente significativo. Esto quiere decir que no se ha producido por casualidad, sino que detr�s est� el trasfondo del cambio clim�tico", se�ala.Estas olas de calor provocan que el combustible, sobre todo la vegetaci�n fina como hierbas o trozos de arbusto, se seque de forma extrema y cuando hay una ignici�n, arde con enorme facilidad y el incendio se propaga r�pidamente. "Lo que hace unos a�os quedaba en un conato o en un incendio de menor dimensi�n, ahora puede ser mucho m�s dif�cil de controlar", se�ala.En su an�lisis de las olas de calor, Rub�n del Campo menciona lo que �l llama la regla del tres: "Desde 1975, por cada d�cada que pasa, las olas de calor en Espa�a duran tres d�as m�s. O dicho de otra manera, ahora en promedio, tenemos cada verano entre 12 y 15 d�as m�s en ola de calor respecto a los a�os 70. Son m�s extensas, pues en promedio, por cada d�cada que pasa afectan a tres provincias m�s. Adem�s, se observa un incremento de tres d�cimas de grados por d�cada en las temperaturas m�ximas que se alcanzan en las olas de calor".Otra cuesti�n "es que si tenemos olas de calor que afectan a zonas mucho m�s amplias, hay m�s posibilidades de que ocurran simult�neamente grandes incendios en m�s zonas, lo cual es un desaf�o para el control y la extinci�n".Las noches t�rridas o ecuatoriales (las que no bajan de 25 grados) se han multiplicado por cuatro en ciudades mediterr�neas como Valencia desde mediados del siglo pasado, seg�n repasa Del Campo, que da otro dato revelador: "En la estaci�n de Madrid-Retiro no se registr� ninguna temperatura m�nima por encima de los 25 grados entre 1920 hasta 1986. La primera fue en 1987 y desde entonces ha habido 52, de las que 31 se han registrado en los �ltimos seis a�os".Detr�s de este aumento de las noches t�rridas hay una combinaci�n de factores, seg�n el meteor�logo: el aumento de temperaturas por el cambio clim�tico, el crecimiento de las ciudades y la isla de calor urbana (el fen�meno clim�tico que hace que las ciudades registran temperaturas m�s altas que las zonas naturales que las rodean).Todas estas condiciones han hecho que la temporada de riesgo de incendios se alargue: "Mi padre era tambi�n ingeniero de Montes, y cuando yo era ni�o, siempre dec�a que cuando �l dorm�a intranquilo, era de Santiago a la Virgen de Agosto [del 25 de julio al 15 de agosto*. Antes sol�an estar concentrados en un periodo, lo cual permit�a tambi�n concentrar los operativos. Pero los periodos tradicionales de incendios se van desplazando hacia los m�rgenes", dice Ignacio P�rez-Soba, que tiene 54 a�os.De hecho los dos veranos m�s calurosos que ha tenido Espa�a en esta d�cada, 2022 y 2025, han sido los peores en incendios en este periodo. Y con las temperaturas registradas en junio y julio de 2026, este verano ha superado ya a los de 2022 y 2025, seg�n Del Campo.Una tendencia que respalda un informe publicado el viernes por los cient�ficos del clima del grupo World Weather Attribution, que concluyen que el cambio clim�tico provocado por el ser humano hizo que las condiciones meteorol�gicas extremas que ha alimentado los incendios fueran 20 veces m�s probables en el caso del centro de Espa�a. Esas condiciones, estiman, pueden producirse ya cada seis a�os en el centro peninsular.Por otro lado, un estudio realizado con datos de Espa�a, Portugal, Francia, Italia y Grecia publicado esta semana en la revista Scientific Reports, concluye que desde 1981 la intensidad de las condiciones meteorol�gicas que favorecen los incendios -calor, sequ�a y viento- aument� hasta un 50% entre 2016 y 2025, en comparaci�n con el per�odo entre 1981 y 2010. "Significa que el �ndice de Riesgo de Incendios (Fire Weather Index, FWI) aument� hasta un 50% en algunas de las regiones m�s afectadas del sur de Europa. Adem�s, el n�mero de d�as con condiciones meteorol�gicas extremas para los incendios se ha multiplicado. En muchas zonas de la Pen�nsula Ib�rica hemos pasado de tener menos de diez d�as de verano con condiciones extremas durante el periodo 1981-2010 a registrar hasta unos 25 d�as en la �ltima d�cada", se�ala el ingeniero y f�sico atmosf�rico ecuatoriano Ra�l Cordero, coautor del estudio.Lo m�s llamativo, destaca, es que el n�mero de incendios ha descendido: "Sin embargo, el cambio clim�tico est� incrementando la frecuencia de condiciones extremas. Cuando coinciden olas de calor, sequ�as prolongadas y abundante combustible vegetal, los incendios que logran escapar del ataque inicial se vuelven mucho m�s intensos y dif�ciles de controlar".Seg�n Cordero, "las herramientas con las que hemos contado durante las �ltimas d�cadas para gestionar incendios ya no son suficientes por s� solas. Ser� necesario complementar la capacidad de extinci�n con una gesti�n m�s activa del combustible y una mejor planificaci�n del paisaje", propone.LA PEN�NSULA IB�RICA, LA REGI�N M�S CASTIGADA DE EUROPASeg�n las estad�sticas de la herramienta EFFIS (Sistema Europeo de Informaci�n sobre Incendios Forestales) , Portugal y Espa�a son los pa�ses europeos m�s afectados por los incendios (Portugal por porcentaje de superficie del pa�s quemada -un 3,04% el a�o pasado- mientras Espa�a lidera el ranking por hect�reas quemadas).De hecho, en el contexto de Europa, Espa�a ocupa el segundo lugar en cuanto a superficie forestal (solo precedida por Suecia) y el tercero en extensi�n arbolada (tras Suecia y Finlandia).Los resultados del estudio clim�tico liderado por Ra�l Cordero tambi�n muestran que la Pen�nsula Ib�rica "destaca claramente dentro del sur de Europa" como la zona m�s afectada por los incendios. "Aunque toda la regi�n mediterr�nea se ha calentado, Espa�a y Portugal combinan ese calentamiento con una reducci�n de las precipitaciones de verano y con sequ�as cada vez m�s frecuentes. Esa combinaci�n hace que las condiciones favorables para la propagaci�n del fuego se hayan intensificado m�s que en otras regiones mediterr�neas".En cambio, a�ade, en partes del sur de Italia y Grecia, han observado que la lluvia de verano ha aumentado ligeramente en las �ltimas d�cadas. "Ese incremento no elimina el riesgo de incendios, pero s� parece haber amortiguado parcialmente el efecto del aumento de las temperaturas".Portugal tambi�n ha sido el pa�s que m�s p�rdidas de vidas humanas ha sufrido, en particular en la campa�a de 2017, cuando fallecieron 65 personas en el incendio declarado en Pedr�gao Grande, muchas de ellas atrapadas en la carretera. Entre 2013 y 2017 murieron 117 personas en nuestro pa�s vecino y ardieron m�s de 300.000 hect�reas.Francia lidia ahora en el sur del pa�s con el peor incendio de su historia, que ha arrasado unas 42.000 hect�reas, mientras que en 2007 fue Grecia quien vivi� una gran tragedia, con incendios que asolaron medio pa�s y mataron a m�s de 50 personas atrapadas en sus casas o durante la huida. A eso se suman, entre otros, los grandes incendios en 2023 en las islas de Corf� y Rodas, y los que se han declarado esta semana en Paros, Creta y el sur del Peloponeso, con tres bomberos fallecidos."La situaci�n en estos pa�ses es parecida, aunque haya diferencias seg�n las zonas. Un a�o le toca un pa�s y otro a�o le toca otro, pero estamos todos ah�, sufriendo las mismas consecuencias de una casu�stica muy parecida: un efecto acumulativo de la despoblaci�n rural, abandono de usos tradicionales, ausencia de gesti�n forestal, urbanismo metido en el monte...", resume Luis Su�rez, coordinador de Conservaci�n en WWF Espa�a.Seg�n este bi�logo, los problemas que tenemos en el sur de Europa se van a trasladar al norte a medida que avance la crisis clim�tica. "Yo creo que la Uni�n Europea ya est� empezando a reaccionar. En Espa�a, durante muchos a�os hemos tenido un dispositivo de incendios muy eficaz, considerando la gran superficie que tenemos, pero ahora se est� viendo completamente desbordado por estos incendios tan dif�ciles de apagar".Los montes no arden porque haga mucho calor. Se necesita una ignici�n que cause el incendio. En Espa�a, los que se generan por causas naturales, sobre todo por la ca�da de rayos, representan en torno al 5% del total. Seg�n los datos ofrecidos por el MITECO, ocho de cada 10 incendios tienen detr�s la acci�n humana, ya sea por accidentes, negligencias o de manera intencionada.De esos ocho de cada 10 incendios causados por el hombre, se estima que tres se deben a accidentes, descuidos o negligencias, como barbacoas o quemas mal controladas. Los otros cinco son incendios intencionados, en la mayor�a de los casos por usos indebidos del fuego como quemas ilegales agr�colas o quemas para regenerar pastos. Seg�n el MITECO, los incendios causados por pir�manos representan alrededor del 2% del total.Los porcentajes var�an en la Memoria de la Fiscal�a General del Estado de 2025, seg�n la cual entre 2020 y 2024, el 65,6% de los incendios se produjeron por negligencia o accidentes (causados involuntariamente por la actividad humana) frente al 23,6% de incendios intencionados.
�C�mo se ha convertido Espa�a en un polvor�n? El c�ctel que ha propiciado los devastadores incendios forestales, en gr�ficos
El 2 de julio de 1994, un incendio en Villarluengo (Teruel) desatado por un rayo dio comienzo a la que ha pasado la historia de Espa�a como "la semana negra". En apenas...















