Esto tiene que empezar con una confesión: solo uno de los periodistas que conforman el santuario de la sección 'Vivir' de 'La Vanguardia' ha subido al mirador del monumento de Colón en Barcelona, y fue hace escasos días, precisamente con motivo del reportaje que están leyendo. La estatua es una gran desconocida para el público local a pesar de ser una de las figuras más reconocibles de la ciudad. Es, así las cosas, y aunque las vistas son estupendas desde sus 50 metros de altura, una atracción turística de escaso arraigo. Aunque no por ello carece de emoción y sentimiento. Hace un par de años, Oriol Espuny, uno de los informadores de la atracción, propuso colocar en la menuda recepción un libro de visitas para que la gente escriba o dibuje lo que le venga en gana. Han llenado ya tres tomos y la idea, dice, se ha convertido en un “maravilloso Instagram analógico”.Portal de la Pau es una más de la larga lista de plazas de Barcelona que en realidad son rotondas viarias. Se le suman Tetuán, Espanya, Drassanes, Francesc Macià, Urquinaona, Alfonso Comín, Karl Marx o la sangrante Ildefons Cerdà, el peor homenaje posible al padre del Eixample. Quizás la ubicación del monumento sea la primera barrera y puede que también ayude que estemos a los pies de la Rambla, el paseo que ya pocos oriundos menudean aunque su oferta cultural, a medio y largo plazo, dará un salto importante. Sumen el detalle de que la entrada apenas se distingue. Pero hagan el esfuerzo, aunque sea para recorrer la base subterránea y no para subirse (la entrada cuesta 10 euros) en el que fue el primer ascensor de Barcelona.El menudo ascensor que sube hasta el mirador. En origen era hidráulico y tuvo unos inicios algo accidentadosJudith de la HinojosaTardaba cinco minutos en llegar a la cima y según los cronistas de la época -se inauguró en 1889 (lean, por favor, al maestro Permanyer)-, el alcalde Rius i Taulet se quedó encerrado junto a dos periodistas. Ahora se sube en 30 segundos, pero el tubo de 90 metros de diámetro y capacidad para cuatro personas no te lo quita nadie. Si asardinados iban los descubridores en las carabelas, nada mal la sensación de meterse en este supositorio de metal. Una vez arriba, la segunda prueba de fuego: una extraña y real sensación de que la columna se mueve con el viento. Y así es: existe un ligero balanceo, al igual que sucede en la Torre Eiffel. Homenaje póstumo“Gracias por todo lo que aportaste a mi vida”, escribió un visitante a su madre, 50 años despuésMuchos años después del accidentado estreno, cuatro malagueños y dos japoneses se quedaron atrapados en el mirador durante seis horas. Era el 1 de mayo del 2012, día festivo; tormenta perfecta. Tuvieron que ser rescatados con una enorme grúa y el monumento necesitó más de un año para resurgir. Volvió a abrir el 13 de junio del 2013, un día después de que se retirara la camiseta del Barça (era más bien un camisón de dormir) que Nike le enfundó al descubridor en una campaña que dio la vuelta al mundo. El Ayuntamiento cobró 100.000 euros por aquello, pero se llevó una tremenda bronca del presidente del RCD Espanyol, Joan Collet, que consideró insólito e insultante el plácet municipal.Espuny, con el mensaje de la andaluza que se quedó encerradaJudith de la HinojosaMuchos años después del primer susto, cuatro malagueños y dos japoneses se quedaron atrapados en el mirador durante seis horas. Era el 1 de mayo del 2012, día festivo; tormenta perfecta. Tuvieron que ser rescatados con una enorme grúa y el monumento necesitó más de un año para resurgir. Volvió a abrir en junio del 2013, un día después de que se retirara la camiseta del Barça (era más bien un camisón de dormir) que Nike le enfundó al descubridor en una campaña que dio la vuelta al mundo para pasmo de la grada perica. El Ayuntamiento gobernado entonces por Xavier Trias (aunque estos asuntos los llevaba su responsable de Urbanismo, Antoni Vives) cobró 100.000 euros por aquello, pero se llevó una tremenda bronca del presidente del RCD Espanyol, Joan Collet, que consideró insultante el permiso municipal, y el rechazo visceral de todos los popes de la arquitectura y el patrimonio local. Años antes, en el 2005, a Colón le colocaron sobre el brazo derecho un huevo para conmemorar el Año de la Alimentación. En el 2018, Open Arms le puso al almirante un salvavidas. Y en el 2019, activistas de Greepeace se colaron a primera hora, atrancaron la puerta del mirador, descolgaron cuerdas y se encaramaron a la estatua para lanzar un mensaje por el clima.Romper el miedo“Fue una experiencia inolvidable”, redactó años después una de las andaluzas que quedaron atrapadas en el mirador en el 2012Más de una década después de aquellas horas de incertidumbre de mayo del 2012, una de las andaluzas regresó al mirador. Sucedió el 22 de mayo del 2025 y estampó su firma y un comentario en el libro de visitas. “fue una experiencia inolvidable”, inmortalizó la mujer.Colón, en el 2013, con la camiseta del Barça; una campaña que levantó ampollasLVAbundan en el libro los comentarios de barceloneses disgustados por no haber subido nunca. Lo documentan visitantes octogenarios y otros muchos que llevan décadas viviendo en Barcelona y ni tan siquiera sabían de la existencia del ascensor. Los hay, como Marcos, que el 11 de noviembre del 2025 volvió 50 años después de que por primera vez le trajera su madre: “Estoy aquí con una mezcla de sentimientos. Gracias por todo lo que aportaste a mi vida”. Algunos admiten haberse “cagado de miedo”; otros aseguran que desde aquí “casi se ve el castillo de Almansa”, y son multitud los que ensalzan la amabilidad de los trabajadores del monumento, el único de Barcelona bajo el nivel del mar.Un visitante también se acordó de Oliana Molls. En uno de los capítulos de la mítica serie de TV3 de los 80, los malos rompían el dedo de Colón en busca de un mensaje escondido y uno de los apandadores se quedaba encerrado dentro, iniciando una delirante huida por un Paral·lel muy distinto al de ahora.La dedicatoria que recuerda el capítulo de Oliana Molls en el que unos ladrones robaban el dedo de ColónLV“No esperaba tantos mensajes”, admite un feliz Espuny, que pasa las páginas como si fuera la Biblia de Gutenberg. Solo le falta que el monumento recupere el esplendor de otros tiempos: en el 1994 recibió 124.000 visitantes. En el 2024 fueron poco más de 30.000