Algo se está moviendo en las aguas del Cuerno de África. Hace apenas dos semanas, un buque petrolero que navegaba por el golfo de Adén, frente a las costas de Yemen, fue secuestrado por piratas somalíes. Era el segundo asalto de este tipo en apenas unos meses, después de que el pasado mayo el Eureka fuera capturado cerca del puerto de Qandala, en la región semiautónoma de Puntlandia. A estos casos se suman otros dos abordajes registrados en abril en el océano Índico y varios intentos de ataque frustrados, según las alertas de los organismos internacionales de seguridad marítima. Estos abordajes coinciden con un aumento de los incidentes. El 22 de julio, un petrolero fue alcanzado por un proyectil de "origen desconocido" frente a la costa saudí del mar Rojo. Un día antes, el Centro de Información sobre Seguridad Marítima (MSCIO) alertó de varias aproximaciones sospechosas de embarcaciones armadas a buques mercantes en el estrecho de Bab al Mandeb y el Corredor Internacional de Tránsito Recomendado (IRTC), establecido en el año 2009 para asegurar el tránsito seguro de los navíos contra los ataques de piratas. En los avisos denunciaban la presencia de lanchas con hombres armados, algunas con apariencia militar y otras equipadas con armamento pesado, que obligaron a los capitanes de los navíos a aumentar la velocidad o modificar su rumbo para evitar un posible ataque. Esta sucesión de incidentes pone fin a un periodo de relativa seguridad logrado durante las casi dos décadas de presencia de las misiones internacionales que tenían —y tienen— como objetivo acabar con la piratería y la inseguridad. TE PUEDE INTERESAR Sin embargo, el repunte de los ataques no puede entenderse sin el nuevo escenario nacido de la guerra en Irán. La Operación Furia Épica, lanzada por Estados Unidos e Israel, ha desencadenado un efecto dominó que ha alterado las rutas del comercio marítimo y, por ende, favorecido el regreso de los piratas a las aguas del Cuerno de África. Ya en su inicio, las consecuencias parecían imprevisibles por ser una guerra que nació con muchas dudas por parte, incluso, de los círculos más cercanos a Trump. En estos cinco meses, el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques en el estrecho de Bab al Mandeb ejecutados por los hutíes a los buques saudíes —para impedir su paso— han obligado a los navíos a buscar rutas alternativas que les den acceso al océano Índico y al mar Mediterráneo. Para evitar estas zonas, muchos buques se han visto forzados a rodear el extremo sur de África, lo que obliga a realizar rutas más largas y costosas. Esto supone, además, un encarecimiento de los productos más básicos, incluido el petróleo, del que Arabia Saudí es uno de los principales exportadores. Este desvío ha puesto en bandeja a los grupos piratas un importante volumen de buques —potencialmente objetivos— que no transitaban por esta zona desde hacía años. Hasta hace apenas tres años, los ataques piratas habían desaparecido casi por completo en una zona que, durante la década de 2000, era conocida por ser uno de los mayores focos de secuestros marítimos del mundo. A comienzos de esos años, la piratería alcanzó su máximo auge en Eyl, una localidad portuaria de Puntlandia que llegó a ser conocida como "Harunta Burcadda" (la capital de los piratas). Desde allí, pequeños grupos armados empezaron a atacar a grandes portacontenedores y petroleros enteros que transitaban por el golfo de Adén y el océano Índico, hasta el punto de obligar a numerosas navieras a evitar las rutas del Cuerno de África. TE PUEDE INTERESAR Según estimaciones del Banco Mundial, entre 2005 y 2012 los grupos piratas obtuvieron entre 339 y 413 millones de dólares en rescates. En 2008 fue el punto más crítico, ya que ese año se llegó a registrar 134 ataques y 40 secuestros de embarcaciones, según el Ministerio de Defensa de España, entre ellos, el del pesquero español Playa de Bakio. La crisis fue tal que, a instancias de España y Francia, la Unión Europea lanzó su primera operación aeronaval, la Operación ATALANTA, con el objetivo de luchar contra la piratería, proteger de forma íntegra los barcos fletados por el Programa Mundial de Alimentos y garantizar la seguridad marítima. A esta se le suman la Operación ASPIDES (también europea) y las Misiones de Capacitación (EUCAP y EUTM Somalia). El despliegue de estas operaciones internacionales comenzó pronto a dar resultados. Entre 2013 y 2019 se registraron únicamente 26 ataques y, entre 2020 y 2022, no se notificó ninguno. Sin embargo, las cifras se han revertido en los últimos años, ya que los ataques piratas reaparecieron en 2023 con seis incidentes y se dispararon hasta alcanzar los 22 ataques registrados en 2024. TE PUEDE INTERESAR Que se haya registrado este repunte a partir del año 2023 no es casualidad. Desde la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022, la OTAN ha reorientado buena parte de sus recursos hacia su misión principal de defensa territorial, relegando a un segundo plano o incluso a un tercero las operaciones de seguridad marítima en esos escenarios más alejados de la esfera ucraniana. Además, los países europeos han centrado buena parte de sus capacidades navales en la protección de sus propias aguas y en responder a las nuevas amenazas derivadas de la guerra. Un efecto cascada Estados Unidos también ha reducido su implicación. Ya durante la etapa demócrata de Barack Obama y Joe Biden, Washington reorientó su política exterior hacia el Indo-Pacífico, dando un mayor peso a sus socios regionales mientras EEUU surtía de inteligencia, vigilancia y capacidades logísticas. Ahora, con la Administración Trump y la guerra en Irán, Washington mantiene gran parte de sus recursos militares concentrados en el estrecho de Ormuz, en Israel y en sus socios del Golfo Pérsico. Además, de acuerdo con la información remitida a El Confidencial por la Operación ATALANTA, la presencia de fuerzas navales en el estrecho de Ormuz y en los alrededores ha provocado el corte de las rutas de tráfico de narcóticos y de armas procedentes de las costas asiáticas, lo que también ha alimentado la necesidad de que las redes ilegales busquen alternativas de negocio, siendo la piratería una de ellas. El resurgimiento, sin embargo, se está produciendo cada vez más rápido y las marinas internacionales no pueden permitirse esperar. En los últimos meses, han reforzado sus patrullas en aguas somalíes. Al mismo tiempo, la Fuerza de Policía Marítima de Puntlandia (PMPF), convertida en una unidad altamente especializada en operaciones antiterroristas, mantiene su colaboración con la Operación ATALANTA, aunque buena parte de sus efectivos está desplegada en tierra apoyando la ofensiva de las fuerzas de seguridad de Puntlandia contra la rama somalí del Estado Islámico en las montañas de Cal Miskaad. El modus operandi apenas ha cambiado respecto a la ola de piratería inicial. Los grupos criminales utilizan embarcaciones pesqueras tradicionales como buques nodriza desde los que lanzan lanchas rápidas para abordar los navíos. Una vez secuestrados, los barcos son conducidos hasta la costa de Puntlandia, donde permanecen retenidos mientras los piratas negocian rescates millonarios. TE PUEDE INTERESAR Pero, ¿cómo se explica este repunte? Algunos analistas llevaban advirtiendo desde hace meses —incluso antes del inicio de la guerra en Irán— de que existe un teléfono directo entre los hutíes y los piratas. Según las fuerzas de seguridad de Puntlandia, esta cooperación habría permitido a los piratas acceder a armamento más sofisticado, equipos de navegación de última generación y formación militar que les permite mejorar su capacidad para atacar embarcaciones comerciales. Según la información de la Operación ATALANTA, la correlación de inestabilidad en la seguridad marítima de la zona y la actividad de las redes de piratería indican que, mientras las circunstancias en la zona sigan la misma dinámica, los incidentes de piratería van a continuar. "No se espera un repunte muy significativo, pero sí la persistencia de eventos de piratería", insisten. "ATALANTA siempre ha sostenido que la piratería estaba reprimida o contenida, pero no erradicada, manteniendo siempre las capacidades y la voluntad de realizar estas acciones", añaden. "El deterioro de la seguridad marítima en la zona ha propiciado la oportunidad que esperaban para retomarla", sentencian. El subdirector de Inteligencia de la Fuerza de Policía Marítima de Puntlandia (PMPF), Mohamed Musa Abulle, fue más allá y aseguró que algunos grupos piratas disponen ya de dispositivos GPS por satélite suministrados por los hutíes, aliados regionales de Irán. "Estos equipos les permiten seguir con precisión las rutas de los buques mercantes y planificar ataques mucho más lejos de la costa somalí", explicó a los reporteros somalíes en una rueda de prensa, según recoge la revista Africa Defense Forum (ADF). Las autoridades creen, además, que parte de los piratas recibió entrenamiento militar en territorio yemení. Desde la Operación ATALANTA aseguran, sin embargo, que no hay evidencias de que esta colaboración tenga "objetivos comunes", pero afirman que "sí que son posibles colaboraciones o apoyos puntuales, especialmente en el ámbito logístico". Una solución que no puede abordarse solo desde el mar El Equipo de Apoyo Analítico y Vigilancia de Sanciones de Naciones Unidas describió en su informe de 2025 la relación entre los hutíes y las organizaciones armadas somalíes como una alianza "transaccional y oportunista, más que ideológica". El documento revela, además, que Al Shabaab mantuvo al menos dos reuniones con representantes hutíes en 2024 para solicitar armamento avanzado y formación militar. A cambio, la organización se comprometía a intensificar las actividades de piratería en el golfo de Adén y frente a las costas de Somalia, atacando buques mercantes y obteniendo altísimos rescates por las embarcaciones capturadas. Las fuerzas de seguridad ya denunciaron en diciembre del año 2025 la interceptación de una embarcación que transportaba productos químicos destinados a la fabricación de explosivos. En la operación fueron detenidos cinco ciudadanos somalíes y dos yemeníes frente a la localidad pesquera de Eyl, en la región de Nugaal. El retorno de la piratería llega, además, en uno de los momentos de mayor fragilidad para Somalia. La violencia interna, la inseguridad alimentaria y la ofensiva permanente contra Al Shabaab absorben buena parte de los recursos del Gobierno de Hassan Sheikh Mohamud, que dispone de un margen cada vez menor para combatir la amenaza marítima y depende en gran medida del apoyo internacional. Esta, sin embargo, podría continuar siendo insuficiente. Desde ATALANTA subrayan a El Confidencial que la lucha contra la piratería no puede abordarse únicamente desde el mar, sino que requiere una estrategia integral que combine medidas políticas, sociales y militares. En ese marco, la Unión Europea mantiene su apoyo firme a las misiones europeas desplegadas en el Cuerno de África y que cuentan, además, con el respaldo político y financiero que presta al Gobierno somalí. Pese al repunte de los ataques, ATALANTA asegura que mantendrá su presencia y "la presión sobre las redes de piratería en el océano Índico".