Una flota de buques fantasma recorre los mares con crudo de países afectados por las sanciones de EE UU

La República Islámica de Irán aún debe tener buena parte de su producción petrolera en el agua. Hace pocas semanas se calculaba que unos 50 días de extracción de su crudo —unos 166 millones de barriles— estaban flotando, la mayoría cerca de Singapur, porque el Golfo tampoco era ya un espacio seguro para su oro líquido. Antes del inicio del ataque de Israel y Estados Unidos, que ha pisoteado la legalidad internacional y

os-paises-arabes-del-golfo.html" data-link-track-dtm="">está provocando el caos en la región, dicha medida ya había sido adoptada con el objetivo de proteger la principal fuente de riqueza del país ante una más que posible agresión y, a la vez, se había diseñado toda una opaca logística en la sombra para evitar las sanciones impuestas por la Administración norteamericana. Porque la decisión de estrangular económicamente el siniestro régimen de los ayatolás no ha sido una improvisación del señor feudal Donald Trump tomada durante las últimas semanas. En su anterior presidencia aprobó una orden presidencial para atacar económicamente a Irán toda vez que aquel país era descrito como “el principal patrocinador mundial del terrorismo”. Se trataba de evitar el desarrollo nuclear y la producción de misiles intercontinentales. “La política de Estados Unidos es negar al Gobierno iraní los ingresos, incluidos los derivados de la exportación de productos de sectores clave de la economía iraní, que pueden utilizarse para financiar y apoyar su programa nuclear, el desarrollo de misiles, el terrorismo y redes de proxy terroristas, y la influencia regional maligna”. En virtud de dicha orden, hace algo menos de un año Estados Unidos sancionó una refinería china —Shandong Shengxing Chemical— porque había adquirido crudo iraní por una cantidad superior a los 1.000 millones de dólares. En la nota de prensa dicha empresa era presentada con el mote que sirve para identificarlas: una tetera.