María Carcaboso Abrié |
Bangkok (EFE).- Desde un ático con vistas al estrecho de Singapur, Remy Osman otea y documenta a diario buques que transitan sus aguas, entre ellos los de la llamada «flota fantasma» de Irán, un peculiar pasatiempo que cobra especial relevancia en medio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra el país persa.
Este británico de 32 años, empleado en la industria de la alimentación y las bebidas, dedica su tiempo libre a rastrear embarcaciones que atraviesan el angosto estrecho de Singapur, contiguo al de Malaca, una de las principales rutas del comercio marítimo internacional, y que actúa como almacén flotante de millones de barriles de petróleo sancionado, gran parte iraní.
«No esconden demasiado quiénes son: es Irán diciendo que tiene derecho a exportar su petróleo», aseguró Osman durante una entrevista telefónica con EFE, en alusión a la postura de Teherán frente a las sanciones internacionales por su programa nuclear.
«Tienen la bandera iraní en el sistema de identificación automática (AIS) y sus identificadores únicos (IMO) están registrados a nombre de la Compañía Nacional Iraní de Buques Tanque», subrayó, explicando lo que sus herramientas de rastreo le permiten observar.















