(Ciudad aut�noma) El presidente del Gobierno explic� el viernes la invasi�n de Ceuta en t�rminos taxativos: las mafias del tr�fico humano hicieron correr entre la poblaci�n marroqu� una sentencia del Tribunal Supremo espa�ol que imped�a el rechazo inmediato de los emigrantes interceptados en el mar. La sentencia era cierta, y en esos t�rminos. Como lo era, tambi�n, que advert�a, cur�ndose en salud, que si se estableciera en el mar alg�n tipo de barrera —lo que da car�cter y ejecuci�n a una frontera— nada impedir�a aplicar el rechazo inmediato.La sentencia es del 29 de junio. Tiene un largo recorrido jur�dico detr�s. Un juzgado de Ceuta y el Tribunal Superior de Justicia de Andaluc�a ya hab�an establecido esta salvaguarda para el nadador, a partir del recurso interpuesto en 2024 por un emigrante argelino. Si ahora el Supremo sentenciaba, era para resolver el �ltimo recurso de la Abogac�a del Estado. De modo que el Gobierno sab�a del largo pleito, y parece razonable que conociera antes de su publicaci�n el sentido de la sentencia. Pero el Gobierno no actu�. De hecho, ya no hab�a actuado en los a�os anteriores. Y tampoco ahora decidi� colocar los elementos de disuasi�n ni darles, por consiguiente, la publicidad que habr�a amortiguado el efecto llamada de la sentencia. Han tenido que entrar unos 60 mil para que el mar ceut� haya empezado a llenarse de boyas.La segunda parte de la explicaci�n del presidente alud�a a la circulaci�n del rumor entre las mafias y la poblaci�n sensible. Es verdad que, con frecuencia, no sabe lo que est� diciendo ni lo que tiene que decir. S�pase, por ejemplo, que dijo 20 veces 20 [transcripci�n autom�tica de YouTube] �la ciudad aut�noma de Ceuta�, en vez de repetir alguna otra cosa de calidad como por ejemplo �la ciudad espa�ola de Ceuta�. Aun as�, la pregunta que incluso �l mismo tendr�a posibilidad de hacerse —y ya no digamos su espectral ministro Marlaska— es c�mo ning�n organismo de su Gobierno, y en especial el llamado Centro Nacional de Inteligencia, estuvo al caso del anuncio de los traficantes.Por el contrario, no hay sorpresa alguna en la exculpaci�n radical de la dictadura marroqu� que hizo el presidente poco antes de insultar a sus aliados europeos. No solo es que haya cogido confianza con los dictadores. Es que mantiene la coherencia. Ante este �ltimo atentado contra la integridad territorial espa�ola, S�nchez ha reaccionado, como lo hizo en Catalu�a, con la exculpaci�n de los agresores.�Una pol�tica? Una raya en el agua.(Memorias) Vuelven a intentarlo con Simenon. Primero fue Ferran Canyameres, en la editorial Aym�: firmaron el contrato cuando el editor estaba exiliado en Francia. Luis de Caralt, luego. Tusquets, Anagrama y Acantilado m�s recientemente. Y desde hace unos meses, Debolsillo. La intenci�n siempre fue la de publicar, con traducciones y ediciones cuidadas, la obra cicl�pea del escritor belga. Comercialmente, los �ltimos intentos han debido de funcionar de manera relativa, porque las novedades se suceden con cuentagotas o parecen directamente interrumpidas. Debolsillo acota su iniciativa a las novelas de Maigret. Pero acotar es un verbo que flojea trat�ndose de 75 novelas y 28 relatos, publicados entre 1931 y 1972, es decir entre Pietr-le-Letton y Maigret et Monsieur Charles.Habr� le�do una veintena de maigrets. Me los dosifico, porque algo m�s tengo que hacer en la vida. No suelo saber qui�n es el asesino y jam�s —oh, bienaventurado Simenon— deduzco los porqu�s. Solo me interesa acompa�ar al polic�a entre el Quai des Orf�vres y el boulevard Richard-Lenoir, mejor en invierno. Hace a�os le� una obra maestra de la serie, llamada La primera investigaci�n de Maigret. A�n se me achica el coeur recordando a madame Maigret colgando las cortinas, reci�n casada, la luz de vida nueva que entraba en el sal�n. Ahora ese libro ha de competir con Las memorias de Maigret, que acabo de leer pose�do. Los datos, antes del acaloramiento. Lo escribi� en 1950, en Shadow Rock Farm, Connecticut, donde pas� unos a�os de la posguerra europea. Las memorias, que no llegan a las 200 p�ginas m�s o menos can�nicas de los maigret, tienen el prop�sito de corregir la imagen de Maigret que ha dado Simenon. As� lo explica: �En una estanter�a de la biblioteca est�n alineados los vol�menes de Simenon, que he ido se�alando pacientemente con l�piz azul, disfrutando, de antemano, la rectificaci�n de todos los errores que cometi�, ya fuese por desconocimiento, ya fuese por darle un toque m�s pintoresco o porque no ten�a el valor de darme un golpe de tel�fono para comprobar alg�n detalle�. Pero mucho antes de que esa estanter�a estuviese llena, Maigret y Simenon se encontraron por primera vez: �Fue en 1927 o 1928 (...). Esa ma�ana, el d�a era tan sombr�o que sobre su mesa estaba encendida la l�mpara de pantalla verde. Al lado de mi jefe, en un sill�n, vi a un joven que se levant� para tenderme la mano cuando nos presentaron.—El comisario Maigret. El se�or Georges Sim, periodista...—Periodista, no. Novelista —protest� el joven, sonriendo�.El se�or Georges Sim era un joven de 24 a�os que quer�a aprender el oficio de novelista noir y que hab�a aprovechado su amistad con el jefe de Maigret —Xavier Guichard, que existi� y fue un gran amigo del escritor— para que le presentara a Maigret y documentarse con �l sobre sus m�todos de trabajo. En las tres palabras de la protesta del joven Sim —un punto arrogante— est� jibarizado todo el libro. Las memorias de Maigret son las correcciones, puntualizaciones y reproches que el periodista Simenon, que lo fue, y de sucesos, hace al novelista. Y, por supuesto, la defensa que el novelista hace de su oficio. Este fragmento, escrito poco despu�s de la aparici�n de los primeros maigrets. El joven Sim acude al despacho del polic�a, que est� perplejo con las inexactitudes y deformaciones de esos libros. El joven se explaya en sus razones. Y Maigret escribe: �No recuerdo todo su discurso, pero s� la frase esencial que despu�s me repiti� a menudo con una satisfacci�n rayana en el sadismo: —La verdad nunca parece verdadera (...). Yo le he convertido en alguien m�s real que usted mismo�.La discusi�n entre lo veraz y lo veros�mil, que recorre todo el libro, tiene inter�s, pero, en apariencia, no va m�s all� de lo convencional. En apariencia. Porque la habilidad, puramente magistral, de Simenon en este libro es haber hecho de Maigret un personaje veraz. Dos sujetos veros�miles, el Maigret de las memorias y el Maigret de las novelas, dialogan. Y uno de ellos consigue que el lector le apee el tratamiento, o sea, la cursiva. Cuando Maigret describe su infancia, sus frustrados estudios de Medicina, su lento paso por el escalaf�n, el lector debe reaccionar, con harta frecuencia, y decirse, entre maravillado y burlado: ojo y ojo con este Maigret, �que se camufla!En sus Memorias �ntimas, publicado en 1981, cuando ten�a 78 a�os, Simenon alude a aquel libro con un sospechoso desapego, aunque tampoco ajeno a la manera gen�rica en que sol�a referirse a sus libros. Dice que lo escribi� en circunstancias particulares, por unas razones tambi�n particulares. Y es que su flamante suegra no paraba de hablar: �No pod�a pasarme todo el d�a escuch�ndola y las largas veladas moviendo cort�smente la cabeza. Tampoco pod�a escribir una novela que me exigiera un horario estricto y una severa disciplina. Busqu�, pues, un tema f�cil, sin drama, sin misterio, y se me ocurri� escribir Las memorias de Maigret. Para m� ven�a a ser algo as� como escribir una carta a un amigo y me divert�a mucho�.Sin drama, dice. Jam�s podr� leer del mismo modo los maigrets que me queden. Tengo una larga costumbre de pedir cuentas a las ficciones basadas en personajes reales. �Pero c�mo le pide cuentas una ficci�n a otra?(Ganado el 1 de agosto a las 15:12, comprobando que tres horas antes el presidente del Gobierno hizo p�blica una playlist con sus canciones para el verano, mientras llegaban, raya indeleble en el agua, a 67 los ahogados, ni un minuto de silencio fue capaz de guardarles)