Hay quienes creemos que todo lo que sucede tiene un propósito y que, aunque muchas veces no logremos comprenderlo en el momento. Con el tiempo descubrimos que, de alguna manera, todo termina siendo para bien.

Pero aun quienes no comparten esa creencia suelen coincidir en algo: incluso en las circunstancias más difíciles siempre existe un mejor camino para seguir adelante. Siempre hay una decisión más sabia, una forma más valiente de responder.

El problema es que ese camino solo aparece cuando dejamos de pelear contra la realidad.

Mientras gastamos nuestras fuerzas preguntándonos ”¿Por qué me pasó esto?” o insistiendo en que “esto no debería estar ocurriendo”, perdemos justamente lo que más necesitamos: claridad para pensar, serenidad para decidir y energía para actuar.

Aceptar la realidad no significa aprobarla. No significa resignarse. Mucho menos bajar los brazos.