Hacer helado en una casa del siglo XIX exigía fuerza, paciencia y una provisión de hielo que no estaba al alcance de cualquiera. Nancy Johnson, inventora estadounidense, cambió ese trabajo en 1843 con una máquina movida por manivela que agitaba la crema dentro de un recipiente enfriado con hielo y sal.

La idea nació en Filadelfia, donde patentó el Artificial Freezer con el número US3254A, y abrió una vía nueva para preparar un postre que hasta entonces pertenecía, sobre todo, a hogares ricos y cocinas con personal.

El nuevo mecanismo simplificó la congelación de la crema

El aparato mejorado funcionaba con una tina de madera que alojaba un cilindro metálico y con una manivela que movía unas paletas interiores. Según la patente estadounidense US3254A, el sistema colocaba la masa de crema dentro del cilindro mientras el espacio exterior se llenaba con hielo picado y sal, una mezcla que bajaba la temperatura y ayudaba a congelar el contenido.

De ese modo, la persona que preparaba el helado dejaba de remover durante horas con una olla rodeada de hielo, porque el movimiento quedaba guiado por el eje central y por las placas que raspaban las paredes frías.