A pocos kilómetros de las Rías Baixas, en el municipio pontevedrés de Barro, se escucha el murmullo constante de los ríos, se ve la sombra de los árboles autóctonos y las antiguas construcciones de piedra que caracterizan la zona. Un lugar que te permite escapar del calor sofocante del verano donde el agua marca el ritmo del paisaje.
La gente que se siente atraída por este lugar lo hace sobre todo por su famosa cascada, pero el entorno ofrece mucho más que una fotografía para enmarcar el recuerdo. La ruta sigue el rastro del río permitiendo conocer pozas naturales, cascadas, molinos tradicionales y un bosque frondoso y verde, formando un recorrido armónico que te incita a desconectar. El paseo es ideal para hacerlo en un día con familia, amigos o pareja.
Lejos de las playas más concurridas de la costa, este espacio natural combina senderismo accesible y baño en aguas cristalinas, una mezcla cada vez más buscada por quienes desean refrescarse sin renunciar a la tranquilidad que ofrecen lugares como este; ya no es solo la paz que te transmite el hecho de que no esté muy transitado, sino el silencio que lo rodea.
La sensación de aislamiento es una de las características que más sorprenden a quienes llegan por primera vez. Aunque el parque se encuentra relativamente cerca de núcleos urbanos importantes, con solo adentrarse unos minutos por el sendero el ruido va desapareciendo poco a poco y solo se escucha el cantar de los pájaros y el sonido del río. Ese cambio de ambiente tan repentino convierte la visita en una experiencia especialmente relajante durante los meses de verano.






