Los lagos de montaña tienen algo que los hace diferentes. No basta con aparcar el coche y acercarse hasta la orilla, porque casi siempre hay que caminar un rato entre bosques, cruzar praderas o salvar algún desnivel antes de que aparezcan ante nosotros. Precisamente ahí está parte de su encanto. La ruta forma parte de la experiencia y el paisaje recompensa con creces el esfuerzo.

Eso sí, conviene ir con la idea correcta. Aunque el agua invite a acercarse, muchos de estos lagos se encuentran dentro de parques nacionales y espacios naturales protegidos donde el baño está prohibido para preservar unos ecosistemas especialmente frágiles. Aquí el verdadero atractivo está en la caminata, en el paisaje y en la sensación de llegar a un lugar privilegiado. Hay rutas para todos los niveles, desde paseos sencillos hasta excursiones algo más exigentes, pero todas comparten esa recompensa final.

De los Pirineos a la Cordillera Cantábrica, pasando por la Sierra de Urbión o el Sistema Central, estos siete lagos de montaña ofrecen algunos de los paisajes más espectaculares de los que podemos disfrutar en España. El Estany de Sant Maurici, los lagos de Covadonga, la Laguna Negra, el Ibón de Plan, el Lago del Valle, el Ibón de Estanés y la Laguna Grande de Gredos son destinos en los que el agua es solo una parte del espectáculo. El resto lo ponen las montañas, los bosques y el camino hasta llegar a ellas.