Volver a ramblear

Las grandes ciudades del mundo son diversas, pero evolucionan de forma parecida. La Rambla de Barcelona, como el Pigalle parisino, el Times Square neoyorquino o el Soho londinense, fue rutilante escaparate de sus clases altas para ir decayendo hasta convertirse hoy en iconos del turismo de masas. Los antiguos residentes han migrado a otros barrios y los inmigrantes aprovechan el vacío y las rentas bajas para instalarse mientras se prepara una gentrificación. Los barceloneses ceden así a los turistas las que fueron sus mejores calles. Como allí se vota menos, los políticos acaban también ignorándolas. La Rambla tiene esos problemas, pero también la virtud de anticipar el futuro de Barcelona, que debería ser, como propone Masip, el de una gran capital cultural de la diversidad. Ojalá lo sea y volvamos a ramblear con ganas.

¿Por qué los barceloneses desertamos de la Rambla?

Es un error. Y trabajamos para que vuelvan. Porque la Rambla seguirá anticipando el futuro de la ciudad. Cuando Barcelona no era una ciudad turística, la Rambla ya era donde querían ir sus primeros visitantes.

¿Ahora no son demasiados?