David Lowery, director de ‘A Ghost Story,’ no logra esta vez que el íntimo drama de su nueva película encaje en la metáfora de cine fantástico sofisticado

En Vox Lux, el drama musical del director de El brutalista, Brady Corbet, Natalie Portman era una diva atormentada por un suceso violento del pasado cuyas sombras la asaltaban en el presente. Y en ¿Quién te cantará?, Carlos Vermut enfrentaba la memoria perdida de otra estrella de la música, interpretada por Najwa Nimri, a la de una imitadora que la idolatra. En ambas películas, estrenadas el mismo año, en 2018, el trono de la fama y el éxito era un lugar oscuro marcado por el vampirismo, el trauma y el dolor. Mother Mary, la nueva película de David Lowery, convierte a Anne Hathaway en un cruce que bebe de la iconografía religiosa de Rosalía y del Miss Americana de Taylor Swift. Una diosa condenada a los altares que, como las divas anteriores, se enfrenta a sus fantasmas para salir de su bloqueo creativo. Aunque las sombras oscuras que Lowery proyecta en ella quedan lejos de las de Corbet o Vermut.

Mother Mary se mueve por el tiempo desde un único escenario físico, la granja-estudio de la diseñadora de moda que un día fue compañera y creadora del vestuario de la famosa cantante. Toda la película es un ajuste de cuentas íntimo entre la musa y su amiga del pasado. Desde ese único espacio, de texturas y maderas oscuras, muy teatral, se despliegan otros nuevos en forma de nuevos escenarios.