El oleaje en la playa de Ondarreta vuelve a sacar a la superficie parte del pasado de Donostia. Cada verano, la erosión deja al descubierto piedras y restos de antiguas construcciones de siglos pasados que permanecen enterrados bajo la arena. El Ayuntamiento esperará, como es habitual, a la próxima marea viva, prevista para finales de agosto, para llevar a cabo una limpieza más exhaustiva. “Así se pueden retirar más piedras, ya que la bajamar deja al descubierto una mayor superficie de arena”, explica el Consistorio. Hasta entonces, los restos seguirán visibles y, siempre que ondee la bandera verde –como ocurre por ahora–, el baño estará permitido en toda la playa, confirma a este medio uno de los socorristas de Ondarreta.

El Ayuntamiento, a través del Departamento de Mantenimiento y Servicios Urbanos, explica a este medio que durante el periodo estival la erosión “modifica el perfil de la playa” y “reduce la capa de arena en determinadas zonas”. Recuerda, además, que la Sociedad de Ciencias Aranzadi determinó que parte de estos restos “no son de origen natural, sino antrópico”, es decir, fragmentos de antiguas construcciones, como la antigua cárcel de Ondarreta, que fue demolida como ahora lo será la de Martutene.