Lo que empezó como una mañana cualquiera en su centro de trabajo, una de las sedes de Cáritas en la Región de Murcia, se convirtió para Inmaculada —nombre ficticio para preservar su identidad—en uno de los días más aciagos de su vida. Llevaba una década desempeñando labores técnicas para la organización como trabajadora social. Sin imaginar lo que sucedería minutos más tarde, a mitad de la jornada recibió una llamada de sus responsables para mantener una reunión. “Tráete tu portátil, que lo mismo lo necesitamos”, le pidieron. Media hora después abandonó el edificio sin el ordenador, sin el teléfono móvil profesional y con una carta de despido en la mano. Le comunicaron que no regresara al día siguiente y que utilizara las vacaciones pendientes como periodo de preaviso.
Aquella mañana Inmaculada no fue la única trabajadora despedida. Más de una decena de compañeras recibieron la misma comunicación de forma consecutiva. “Prácticamente nos despidieron en fila”, recuerda. “Han hecho una escabechina con nosotras”.
Según las trabajadoras afectadas, desde octubre de 2025 Cáritas de la Diócesis de Cartagena ha ejecutado sucesivas oleadas de despidos que ya afectan a cerca de una treintena de empleados, la mayoría personal técnico especializado en intervención social, orientación laboral, educación, psicología, pedagogía y acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad. La mayor parte han sido despedidos mediante extinciones por causas objetivas de carácter económico.






