ItaliaLa hija del magnate del cine Dino De Laurentiis y Silvana Mangano: "Por superstici�n, no subi� al avi�n que posteriormente se estrell�".El productor de cine italiano Dino De Laurentiis con su hija, Raffaella, en la playa de Taormina, en agosto de 1966.Valerio Cappelli (Il Corriere della Sera)Actualizado Jueves,

julio

21:34Dino De Laurentiis, un gigante del cine. Su vida, al igual que sus pel�culas, fue extraordinaria. Desde los �xitos de taquilla estadounidenses hasta la gran comedia italiana. "En su oficina ten�a un escritorio enorme, comprado en Londres; deb�a medir unos cinco metros de largo", cuenta su hija Raffaella, de 74 a�os, productora como Dino, fallecido en Beverly Hills en 2010.�C�mo lo recuerda?Era chapado a la antigua, pero siempre respet� a las mujeres en su trabajo; era estricto y cari�oso. Iba a trabajar temprano por la ma�ana; no se preocupaba por las cosas cotidianas. Era diferente para las comidas de Pascua y Navidad, o cuando viaj�bamos. Durante a�os, en verano, �bamos a la Costa Azul, a Cap Martin. Me llevaba a pescar o a ver pel�culas de artes marciales. Pero no jugaba con nosotros, sus cuatro hijos: Ver�nica, yo, Federico, que muri� en un accidente de avi�n, y Francesca.Era hijo de fabricantes de pasta de Torre Annunziata...Si no cocinaba �l mismo, en las cenas de los mi�rcoles en nuestra villa de la V�a Apia, en Via dei Metelli, sab�a c�mo hacerlo. Adondequiera que fu�ramos, �l organizaba un cami�n que llegaba dos d�as antes que nosotros, cargado de pasta, aceite de oliva y tomates.�C�mo eran las cenas de los mi�rcoles?Ven�an Sordi , Fellini, Dino Risi, Monicelli, Vittorio De Sica y su hijo Christian, con quien fui al colegio con las monjas. Yo los llamaba a todos t�os. Era peque�a, me desped�a de ellos en pijama y me iba a la cama. Un ritual que continu� cuando nos fuimos a vivir a Villa Catena, cerca de T�voli, donde hab�a un jard�n precioso y una piscina maravillosa. Pap� cocinaba salchichas en la fiesta del cerdo, a la que acud�a toda Roma.�C�mo desarroll� su padre su pasi�n por el cine?Mi bisabuela, que se llamaba Raffaella como yo, sol�a llevarlo a ver operetas. Ah� empez� su pasi�n por las artes esc�nicas. Despu�s, ella organizaba sesiones de espiritismo; eso asustaba mucho a pap�, pero le despertaba el deseo de contar historias.�Y alguna vez pens� en ser actor?S�, de ni�o fue a Roma para matricularse en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Su padre, el fabricante de pasta, le dio dinero para que se mantuviera durante un a�o; si fracasaba, volver�a a Torre Annunziata. Mi padre intent� trabajar como extra en Cinecitt�. Le dijeron: "Vale, ser�s botones de hotel, pero qu�tate esos zapatos amarillos de trapo". As� que fue a una zapater�a y dijo la verdad: "Necesito unos zapatos negros, no tengo dinero, se los devolver� en una semana". D�cadas despu�s, aquel tendero fue a su oficina. Estaba pasando por dificultades econ�micas. Mi padre le dijo: "Ahora te ayudar�". Lo contrat� como almacenista y trabaj� all� hasta el final de su vida.�El primer recuerdo de Dino?Cuando naci� mi hermano, antes de ir a la cl�nica a ver a mi madre, nos llev� a Ver�nica y a m� al parque de atracciones. Ten�a miedo de que sinti�ramos celos del reci�n llegado.Su madre, Silvana Mangano, era otro �cono...Pap� era alegre, mam� era melanc�lica, oscura, m�s intelectual. Pap� era un �vido lector, mientras que su hermano Luigi, padre de mi primo Aurelio, con quien tengo una relaci�n cordial, productor de villancicos y presidente del Napoli, era un hombre de letras. Pap� siempre sufri� por la falta de educaci�n; se escap� del internado tres veces, no quer�a estudiar y lo dej� en octavo grado.�Qu� ha heredado de sus padres?De mi padre, su exuberancia; de mi madre, su espiritualidad. Y su pasi�n por el bordado.�Qu� clase de ni�a era?Rebelde, enfadada por no ser un hombre. Enseguida comprend� que hab�a una hermosa diferencia en la independencia, algo que siempre he buscado. Nunca quise tener hijos: quer�a una carrera profesional.�Cu�ndo empez� a trabajar?Era la asistente de vestuario de Piero Tosi en Ludwig de Visconti. Una actriz me pidi� que le aflojara el cors�, que la estaba asfixiando. Tosi se dio cuenta, enseguida vio un pliegue y empez� a gritarme. Romy Schneider fue amable: cuando supo que yo era la hija de Silvana, que interpretaba a Cosima Wagner, dej� de serlo. En la escena de la org�a, tuve que poner tiritas en los genitales de unos j�venes guapos y desnudos. Despu�s de la primera toma, me mandaron a casa; era menor de edad.Sus padres se separaron...Ya no se llevaban bien; hubo un tiempo en que pap� volv�a a casa y mam� no. Luego volvieron a estar juntos. Habr�an permanecido juntos hasta el final si mi hermano Federico no hubiera fallecido. La relaci�n no sobrevivi�. Mam� se sumi� en una profunda tristeza. Ten�a tres tumores primarios.�Estaba celoso su padre?En La Dolce Vita, Fellini quer�a a mi madre para el papel que finalmente interpret� Anouk Aim�e. Mi padre se opuso porque, de joven, ella hab�a tenido una aventura con Mastroianni.Sin embargo, esa pel�cula fue producida por Carlo Ponti, el rival con quien se habr�a asociado...La alianza dur� hasta que Ponti, que era nuestro vecino, se junt� con Sophia Loren.�Qu� opinaba del cine italiano?Sobre todo en sus �ltimos a�os, dec�a que era provinciano. Tambi�n le molestaban los cambios en la ley que recortaban la financiaci�n para quienes quer�an hacer pel�culas en ingl�s en Italia.�C�mo trataba Dino a los actores y directores?Dec�a que todos eran unos idiotas. �l era el almirante; dos comandantes no deber�an estar en el mismo barco. Quer�a hacer las cosas a su manera, que es una de las muchas razones por las que algunas pel�culas fracasaron. Superaba un fiasco en un d�a y volv�a a empezar al siguiente. �C�mo se produjo la mudanza a Estados Unidos?Yo ten�a 18 a�os. Me cont� algunas cosas y otras no; s� que las protestas de los trabajadores que hab�an ocupado los estudios de cine de Dinocitt� influyeron. As� que, sin hablar el idioma, nos llev� (junto con su enorme y preciado escritorio) primero a Nueva York y luego a Los �ngeles. Dec�a que el mundo se estaba volviendo cada vez m�s peque�o gracias a las comunicaciones. Ten�a un agudo sentido del humor; nunca se quedaba atr�s.�C�mo era vivir en el lujo y con privilegios?Era dif�cil salir con amigos. No ten�amos guardaespaldas. Pap� nos consent�a mucho, ten�a un gran respeto por el dinero. Me daba paga y cupones de gasolina. De peque�a, me aconsej� que no produjera una pel�cula sobre Vivaldi; dec�a que los violinistas tra�an mala suerte, pero no creo que sea cierto. Tanto �l como mam� eran muy supersticiosos. Una vez, pap� no quiso subir a un avi�n porque dos pasajeros iban vestidos de negro y ten�an mala pinta. No lo vas a creer, ese avi�n se estrell�.�En qu� est� usted trabajando ahora?Tengo dos proyectos. Uno, m�s comercial, sobre el Everest. El otro, con el director Peter Webber (quien dirigi� Hannibal Rising para mi padre ), sobre 'La balsa de la Medusa', no sobre el hundimiento de la fragata francesa en 1816, sino sobre la incre�ble historia del cuadro de G�ricault. Pero a�n no hemos hablado de la juventud de mi padre.Adelante..Sin querer alistarse en el ej�rcito, logr� convencer a los oficiales de que los soldados en guerra necesitaban entretenimiento. As� que organiz� algunas proyecciones. Tras el armisticio, regres� del norte a la pen�nsula con Mario Soldati. La Gran Guerra se basa libremente en su audaz viaje. Consiguieron llegar a Capri y cargaron un barco con provisiones para alimentar a la gente. El dinero escaseaba.�Y entonces?A mi padre se le ocurri� la idea de recoger las botellas de refresco vac�as que dejaban los soldados estadounidenses. Las llenaron con agua de la Gruta Azul y las vendieron como recuerdos de Capri. Ganaron mucho dinero. A�os despu�s, en Nueva York, un taxista le dijo que guardara una botellita de refresco llena de agua de la Gruta Azul como reliquia. Mi padre se qued� asombrado y le ofreci� 10.000 d�lares por ella, pero el taxista se neg�.�La aventura m�s descabellada?Pap� nos llev� de vacaciones a Bora Bora. Se enamor� del lugar. Quer�a rodar all� una pel�cula, Hurac�n. Pero no hab�a nada, ni siquiera electricidad. As� que decidi� construir un hotel para alojar al equipo. Me dijo: 'Estudiaste arquitectura, enc�rgate de ello'. En lugar de un mes, me qued� casi tres a�os. Pero quiz�s una de las pel�culas a las que pap� estaba m�s apegado, adem�s de las grandes producciones italianas, fue Hannibal , con Anthony Hopkins, a quien consideraba el mejor actor de su generaci�n. Fue a Hopkins a quien le pidi� que le entregara el Oscar honor�fico en 2001.