La obra de construcción duró cuatro años y la sacudieron fuertes huelgas, la más sonada dos meses antes de la muerte del dictador y que dejó la imagen de dos obreros antifranquistas encaramados a la chimenea más alta de Europa, 356 metros de altura. La central térmica de As Pontes (A Coruña) entró en funcionamiento al año siguiente, hace ahora medio siglo. La quema de carbón cesó en noviembre de 2023. Y Endesa, su actual propietaria, ha demolido este jueves las icónicas cuatro torres de refrigeración, de 99 metros de altura, 84 metros de diámetro en base y 57 en la coronación, con una explosión de 1,2 segundos. Defensores del patrimonio industrial había solicitado repensar el derrumbamiento. Sin éxito.
La central térmica marcó el paisaje social y físico de As Pontes desde la caída del franquismo. La que había sido una pequeña localidad agrícola y ganadera en la comarca de O Eume, en el noroeste gallego, se convirtió en un centro industrial y operario. Seis mil trabajadores llegaron a participar en las obras entre 1972 y 1976, algunos de ellos despedidos de Bazán, en Ferrol, tras las revueltas en las que la policía asesinó a Daniel Niebla y Amador Rey. Las instalaciones producían energía eléctrica a través de la quema de lignito, extraído de la mina en el lugar. A partir de los 90, el combustible comenzó a ser mezcla con carbón importado. La explotación se agotó y la central se alimentó durante lustros de carbón importado.








