Regala esta noticia

Actualizado 24/05/2026 - 02:45h.

Cada dos semanas, un técnico de Euratom visita el Valle de Tobalina, en Burgos. Supervisa el desmantelamiento de una central nuclear: Santa María de Garoña. En marcha desde hace tres años, la empresa pública Enresa ya ha sacado de la planta más de un tercio del combustible gastado que se guardaba en su interior y ultima la extracción de las turbinas que sirvieron para generar electricidad entre 1971 y 2012, más de cuarenta años.

Garoña será la tercera central nuclear en España en desaparecer del mapa, y lo hará previsiblemente en 2033, pero no será la última si se cumplen los actuales planes del Gobierno. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) plantea un calendario muy ajustado de desmantelamientos. Almaraz I empezará en 2027, Almaraz II en 2028, Ascó I y Cofrentes en 2030, Ascó II en 2032, y Vandellós II y Trillo en 2035. «España tiene una experiencia muy buena en desmantelamiento de diferentes tecnologías», asegura Manuel Ondaro, director del proyecto en Garoña.

Ningún desmantelamiento es igual. Cada central tiene su tecnología, su estructura, sus problemas. Aun así, el 100% de los procesos que se realizan siempre tienen un aprendizaje para el futuro, asegura Ondaro. La planta de Garoña, que operaba un reactor de agua en ebullición (BWR) de General Electric, ha sido un reto particular. En las centrales de primera generación como esta, el diseño buscaba salvaguardar la seguridad mientras la planta estaba en operación, pero no contemplaba qué pasaría después. No se construyó pensando en su demolición.