Son poco más de las 11 de la mañana y, en plena ola de calor, el sol empieza a apretar. Varios vecinos de Almaraz (Cáceres) se toman algo dentro del bar Portugal, el principal punto de reunión del pueblo. La pregunta es si hay alguien en contra de que continúe operando la central nuclear de la localidad, la cual cuenta con dos reactores de 1GW cada uno, que...
producen en torno al 7% de toda la energía eléctrica que consume España.
—Alguien que esté en contra... —piensa Juan Antonio Peloche, un jubilado del pueblo que está sentado dentro del bar, junto a dos amigos, también pensionistas— quizá mi primo.
—No, te equivocas —le corta Cesario Gutiérrez, que está sentado a su lado—, tu primo está a favor, pero se le malinterpretó.
Ambos dedicaron toda su vida profesional a la central. Cesario, incluso, comenzó a trabajar en ella antes de que empezara a funcionar, durante su construcción en la década de 1970. El reactor I inició su actividad en septiembre de 1981 y el II, en octubre de 1984. En el caso de Juan Antonio, él entró un poco más tarde y trabajó en lo que llama “zona controlada”, es decir, áreas en las que hay radiación y a las que se debe acceder con trajes especiales de protección. “Es totalmente seguro, yo estoy perfecto”, dice con una sonrisa en respuesta a las quejas de grupos ecologistas, como Ecologistas en Acción, que piden su cierre porque “está envejecida” y tiene “crecientes fallos técnicos”.






