Las energéticas dueñas de la planta aseguran que podría funcionar hasta la década de 2060; los vecinos temen la pérdida de empleos
Son las diez de la mañana y los ciervos pastan entre los árboles que se encuentran dentro del perímetro de la central nuclear de Almaraz (Cáceres). De fondo, las llamadas por altavoz a distintos trabajadores indican que estas instalaciones están en un momento de ebullición. La planta acomete en estos días el conocido como proceso d...
e recarga, en el que uno de sus dos reactores está detenido para retirar el combustible usado y ponerlo en piscinas con agua y boro. Un tercio no volverá a utilizarse —ya que ha alcanzado el máximo de su vida útil—, pasará a ser un residuo nuclear y será sustituido por combustible nuevo. Este movimiento que dura poco más de 30 días y que se hace cada 18 meses, conlleva una contratación extra de personal de unas 1.000 personas, lo que eleva la plantilla actual de la central a unos 2.000 trabajadores.
Si se cumple el calendario de cierre establecido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), esta será una de las últimas recargas de una planta para la que está fijado el cierre del reactor I en noviembre de 2027, y del II, en octubre de 2028. “Esta central no se parece en nada a la que era cuando yo entré en ella en los noventa, porque se ha ido invirtiendo en ella y actualizándola cada año. Puede seguir funcionando perfectamente”, defiende Jesús Camacho, jefe de turno de operación de la central, en el simulador de la sala de control. Rodeado de multitud de botones y pantallas explica que esta instalación vale unos 15.000 millones de euros y considera que podría alargar su vida útil hasta los 80 años, lo que supondría llegar hasta la década de 2060, al igual que hará su central nuclear gemela, que se encuentra en Virginia (Estados Unidos).







