Las anclas de embarcaciones, barcos y yates, cuando se lanzan sobre las praderas de Posidonia oceanica, continúan causando uno de los impactos más dañinos contra este valioso ecosistema marino. Se trata de una planta marina que realiza funciones esenciales para el Mediterráneo: oxigena el mar, captura grandes cantidades de dióxido de carbono, protege las playas frente a la erosión y alberga cientos de especies. Su conservación resulta esencial para la biodiversidad y para la lucha contra el cambio climático.

En el caso del archipiélago balear, esta planta marina concentra más de 591 kilómetros cuadrados, más del 50% de toda la superficie de posidonia del litoral español. En Eivissa, más del 21% de los fondeos ilegales se realizan sobre la posidonia, según Destrucción a toda costa 2026, el último informe de Greenpeace. El dato podría ser mayor, dado que el servicio de vigilancia e inspección del Govern no puede controlar todos los fondeos. Las embarcaciones, además, cambian constantemente de ubicación, por lo que la cifra real de fondeos irregulares podría ser superior.

Ports de les Illes Balears –ente público dependiente de la Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua del Govern– iba a implantar esta temporada turística tres nuevos campos de boyas de bajo impacto para reducir la presión náutica sobre las praderas dañadas. Las boyas ecológicas o boyas de bajo impacto son sistemas de amarre permanentes diseñados para que las embarcaciones puedan fondear sin lanzar el ancla al fondo, evitando así dañar hábitats marinos sensibles como las praderas de Posidonia oceanica.