Isabel Rodríguez Ramiro |

Aldea del Fresno (Madrid) (EFE).- «Cuando ves el fuego tan de cerca, huele a infierno». Jennifer Cabrera, veterinaria de Safari Madrid, no encuentra otra forma de describir las horas en las que las llamas avanzaron hasta quedarse a apenas 300 metros del parque, mientras ella y una decena de compañeros luchaban contrarreloj para proteger a cientos de animales que no podían escapar.

Durante casi dos días nadie pensó en dormir. Tampoco en comer. Veterinarios, cuidadores y trabajadores pasaron cerca de 40 horas en vela, regando instalaciones, vigilando el avance del incendio y aferrándose a un cambio de viento que terminó evitando que el fuego devorara el recinto.

Todo comenzó el jueves por la tarde. Aunque el incendio declarado el día anterior en Villa del Prado parecía controlado, el director del parque decidió desalojar a los visitantes antes incluso de que llegara la orden oficial. «No le gustaba cómo pintaba», recuerda Jennifer en una entrevista con EFE. Dos horas después sonó la alerta de evacuación.

«No puedo trasladar cuatro elefantes, cinco rinocerontes o cuatro jirafas en cuestión de horas»