Sergu�i L�bedev, ruso exiliado de mirada transparente, trabaj� durante a�os en expediciones geol�gicas por Siberia y el norte de Rusia. Esa experiencia marc� toda su obra: excavar capas de tierra le ense�� a excavar tambi�n las capas de memoria del pa�s hasta escribir Indetectable (Random House). No es un thriller al uso. L�bedev construye una novela coral en la que los personajes representan distintas formas de servir al Estado. La intriga existe como reclamo, pero est� al servicio de una reflexi�n que es moral, hist�rica y tambi�n pol�tica en unos tiempos en los que el autoritarismo gana adeptos en algunos �mbitos del mundo. Rusia es cada mes un pa�s m�s peligroso para los que intentan describirla.El autor vive en Alemania desde 2018. El exilio no parece tan amargo porque sus novelas est�n traducidas a m�s de 20 idiomas y eso permite que sus investigaciones encuentren un p�blico mucho m�s amplio: �Este libro es en parte ficci�n, pero est� basado en indagaciones en los archivos desclasificados de la Seguridad del Estado sovi�tica en Lituania y Ucrania�, asegura. All� encontr� documentos que arrojaban luz sobre c�mo los sovi�ticos utilizaron los venenos sistem�ticamente como herramienta de asesinatos pol�ticos: �Por eso no fue la ficci�n la que se encontr� con la realidad, sino mi investigaci�n en los archivos la que me permiti� prever c�mo pod�a desarrollar las cosas en mi imaginaci�n�.El rastro de los envenenados rusos es conocido, pero siempre sorprende. El exesp�a Alexander Litvinenko muri� en Londres en 2006 tras ser intoxicado con polonio-210. Sergu�i Skripal y su hija Yulia sobrevivieron en 2018 al ataque con Novichok que acab� matando a una ciudadana brit�nica en Salisbury (Reino Unido). Y Alexei Navalny fue envenenado en 2020, tambi�n con un agente de la familia Novichok, antes de regresar a Rusia y morir en prisi�n. Cada caso se trat� en Occidente como un suceso aislado, una escalada violenta del r�gimen, pero juntos forman una misma gram�tica del miedo: el mensaje de que ning�n enemigo del Kremlin est� del todo a salvo, ni siquiera fuera de Rusia.�El veneno est� dise�ado para que no puedas probar el crimen, y la muerte es terriblemente dolorosa�, explica L�bedev, �pero al mismo tiempo ofrece a los servicios de seguridad la posibilidad de dar un ejemplo: esto es lo que ocurre cuando cruzas determinadas l�neas�. Por eso, cuando Navalny fue envenenado, un pensamiento cruz� la mente del escritor exiliado: �S�, hemos vuelto a aquellos tiempos. Hemos regresado a una �poca en la que ya no existen las reglas�.Para saber m�s�El envenenamiento de los Skripal fue el punto de partida para concebir el libro: aquel caso abri� la pregunta, a partir de ah� empec� a mirar hacia la historia larga de los venenos como instrumento pol�tico sovi�tico y ruso�, se�ala. Indetectable describe la infraestructura moral que sostiene al Kremlin: los cient�ficos, los bur�cratas, los funcionarios y los silencios que sobreviven a todos los cambios de r�gimen. �Mucha gente de la esfera del conocimiento cient�fico estuvo realmente al servicio leal de la Uni�n Sovi�tica. Y esas personas fueron responsables de la capacidad del sistema para vigilar a su propia poblaci�n, matar a opositores pol�ticos y amenazar el orden mundial�, dice el autor, para quien �no se puede entender el Estado ruso solo mirando a los hombres de arriba, hay que mirar tambi�n a quienes lo hacen funcionar�.En torno al veneno hay una danza de lealtades en la que se cruzan viejos amigos con nuevos enemigos. Los cient�ficos inventaron el Novichok en la ciudad cerrada de Shijany, 960 kil�metros al sur de Mosc�, a orillas del Volga. Fue all�, en la d�cada de 1920, donde los cient�ficos sovi�ticos y alemanes de la Rep�blica de Weimar probaron en secreto armas qu�micas. Indetectable nace de ese lugar secreto, que en la novela se llama La Isla. All�, el protagonista de la historia, el profesor Kalitin, es un joven sovi�tico de gran talento. Inventa el �ne�fito� (que es una de las traducciones libres del t�rmino novichok) una neurotoxina indetectable. �En la �poca sovi�tica hab�a muchas ciudades y territorios con distintos niveles de secreto... Eran pa�ses dentro del pa�s, inaccesibles incluso para los ciudadanos sovi�ticos�, expone el autor. En el coraz�n de ese sistema se encontraban, por supuesto, el proyecto nuclear y el desarrollo de armas biol�gicas y qu�micas.Para documentarse, L�bedev habl� con varias personas nacidas y criadas en esas ciudades y todas describ�an un rasgo muy espec�fico de aquel ambiente: �No viv�an en una Uni�n Sovi�tica normal, viv�an en espacios creados artificialmente, muy bien abastecidos, con buenos servicios y privilegios�, describe. �Una de esas personas me dijo que se sent�an como romanos en una tierra b�rbara, en medio de los bosques de Mordovia�. Aquellas ciudades no eran solo laboratorios cient�ficos, especifica, �eran tambi�n laboratorios mentales, lugares donde se desarrollaba el tipo de investigador leal que permite a un Estado totalitario sobrevivir m�s tiempo�. Para el escritor, �esa es una de las partes m�s interesantes de la historia sovi�tica del siglo XX�. �La llamar�a el romance oscuro entre la gente del poder y la gente de la esfera del conocimiento�, dice.Sergu�i L�bedev, en una imagen promocional.James HillIndetectable se lee como tantas otras novelas de intriga rusas, igual que El mago del Kremlin de Giuliano da Empoli, pero es bastante m�s profunda en su investigaci�n hist�rica. En el camino del protagonista se cruza el oscuro Shershnev, que es el antagonista aunque tambi�n es v�ctima del sistema: un teniente coronel de las fuerzas especiales rusas, veterano de Chechenia, experto en asesinatos y operaciones clandestinas que no mata por placer, sino porque considera que obedecer al Estado es su �nica identidad. En la novela hay tres conflictos superpuestos: el cient�fico contra su creaci�n, el verdugo contra su conciencia (Kalitin empieza a ver en los rostros de las v�ctimas la huella f�sica de sus experimentos, porque aunque el veneno sea indetectable, el da�o siempre deja una marca) y, por �ltimo, el Estado contra el tiempo.El uso del veneno fue cambiando a lo largo de la historia sovi�tica. �Durante el Gran Terror estalinista no necesitaban veneno, en el punto m�s �lgido del terror no hace falta un arma tan sofisticada sino una pistola, una m�quina de escribir y un coche... eso es todo. Los venenos se utilizaron despu�s, especialmente en el contexto de la Guerra Fr�a, como una herramienta para instalar otro tipo de miedo�, recuerda L�bedev. Desde entonces, cada caso ha sido diferente aunque haya un hilo conductor. Cada muerte revela algo sobre la naturaleza del r�gimen. Subraya el escritor que �la convicci�n de Navalny era que todav�a exist�an ciertas reglas del juego pol�tico, que pod�as acabar en prisi�n durante un tiempo, s�, pero segu�a habiendo una batalla pol�tica que librar�. Sin embargo, afirma, su envenenamiento fue la se�al de que esas reglas hab�an desaparecido: �En Rusia ya no existe la pol�tica, en el sentido correcto de la palabra�.La sintaxis del totalitarismo no ha sido siempre decodificada a la primera en Occidente: �Me sorprendi�, por decirlo suavemente, la debilidad de la respuesta a casos como el de Litvinenko o el de los Skripal, pero creo que esa debilidad formaba parte de un intento de no reconocer a Rusia como un Estado terrorista�, lamenta el autor. �En realidad, cuando alguien usa armas qu�micas como instrumento de asesinato pol�tico esa es una de las pruebas m�s claras de terrorismo de Estado, y lo es especialmente porque tambi�n resultan afectados ciudadanos inocentes�."En Rusia ya no existe la pol�tica, en el sentido correcto de la palabra"Frente al extrav�o de Occidente, �hab�a dos opciones muy claras: tratar estos casos con dureza, no limitarse a imponer sanciones y reconocer a Rusia como un Estado terrorista; o seguir por la v�a diplom�tica�. Es m�s o menos, recuerda, lo mismo que ocurri� con el MH17, el avi�n malasio derribado sobre el este de Ucrania: �Hubo muchas conversaciones, alg�n proceso judicial, pero Rusia sali� pr�cticamente impune y no creo que sea solo una tradici�n de tratar cada caso por separado, sino una tradici�n de intentar apaciguar a Rusia�. Desgraciadamente, dice, �hay una larga tradici�n en ese sentido, y eso permite que se traten todos estos casos, y tambi�n las guerras rusas, como episodios separados, como si fueran excepciones�. Y pone un ejemplo: �Los pa�ses occidentales trataron las dos guerras contra Chechenia como desv�os en el camino de Rusia hacia la democracia, pero no eran desv�os: eran la ruta directa hacia la restauraci�n del imperio�.Cuando Sergu�i L�bedev era ni�o, la URSS le parec�a un lugar seguro, aunque siempre percibiese oscuridades permanec�an ocultas a sus ojos infantiles. Su padre viaj� a Londres en 1979 como parte de una delegaci�n de ge�logos sovi�ticos. Regres� con una maleta llena de libros de Agatha Christie y otras novelas polic�acas. Durante su juventud, el futuro novelista qued� fascinado por Sherlock Holmes. Pero a diferencia de aquellas historias de crimen y misterio que le�a con devoci�n, en su propio libro la gran revelaci�n no es la identidad del asesino, sino que el verdadero protagonista de la novela es la continuidad del Estado ruso, letalmente indetectable para Occidente durante a�os.
De las ciudades secretas de la URSS a la era Putin, el largo romance oscuro entre Rusia y el veneno: "Hemos vuelto a una �poca en la que no hay reglas"
Sergu�i L�bedev, ruso exiliado de mirada transparente, trabaj� durante a�os en expediciones geol�gicas por Siberia y el norte de Rusia. Esa experiencia marc� toda su obra:...






