Shaun Walker publica en español una obra de no ficción sobre el programa “más secreto” de los servicios de inteligencia del Kremlin
Cuando la recién creada Unión Soviética se consideraba tan peligrosa que no tenía ni embajadas donde situar a los típicos espías bajo la tapadera de diplomáticos, los servicios de inteligencia soviéticos desarrollaron un excepcional y audaz programa para infiltrar a los suyos en Occidente. Eran los llamados ilegales, agentes exhaustivamente entrenados para planta...
rlos en otro país con identidades falsas tan convincentes que ni sus propios hijos sabían que sus padres eran rusos, y mucho menos, espías. Ahora, tras la expulsión de cientos de diplomáticos y agentes secretos, especialmente por la invasión a gran escala de Ucrania, Rusia mantiene activo el operativo, que fue los ojos y oídos de Moscú durante la Guerra Fría. A la vez, ensaya “nuevos enfoques tan innovadores como peligrosos en el espionaje”, como cuenta Shaun Walker, autor de Los ilegales. La historia jamás contada del programa de espionaje más secreto de Rusia (Salamandra, con traducción de Eduardo Hojman).
La “obsesión” de Walker (44 años, Sidcup, Reino Unido) con las peripecias de estos agentes comenzó cuando era corresponsal en Moscú, donde trabajó durante una década para The Independent y, después, The Guardian. El periodista recibe a EL PAÍS —en un viaje organizado por la editorial— en su piso de decoración midcentury en Varsovia. Es una oscura tarde de enero y cae una intensa nevada. El escenario perfecto para hablar de los últimos 100 años de la historia de Rusia, la Guerra Fría, espionaje y el libro, un excelente ejercicio periodístico minuciosamente documentado que se lee como una novela.






