El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, regresa a Washington con una maleta más pesada que de costumbre. El mandatario lidia con una doble crisis a tres meses de las legislativas en su país: el deterioro del aparente apoyo unánime a Israel en EEUU y las turbulencias en su relación con Donald Trump por las visibles discrepancias sobre la guerra con Irán.PublicidadTanto las elecciones al Knesset como las del Congreso estadounidense suponen un riesgo para el primer ministro israelí. En Tel Aviv el riesgo es evidente: las últimas encuestas ya proyectan cómo la coalición de extrema derecha de Netanyahu podría quedarse con tan solo 48 escaños, lejos de los 61 necesarios para la mayoría. En Washington, si los republicanos pierden el control del legislativo, el apoyo militar a Israel podría verse comprometido ante la ruptura del consenso bipartidista.Al calor del creciente rechazo entre los estadounidenses hacia Netanyahu y al genocidio en Gaza, dentro del Partido Demócrata se está produciendo un giro para desvincularse cada vez más de Israel. La semana pasada, en un giro histórico, más de 100 demócratas votaron a favor de dejar de enviar armas a Tel Aviv. La medida quedó bloqueada debido a la mayoría republicana que hay en la Cámara de los Representantes, que cerró filas en torno a su aliado en Oriente Medio.A pesar del desgaste de su persona en Estados Unidos, este martes Netanyahu volverá a intentar aprovechar su visita a la Casa Blanca para exhibir su alianza con el presidente estadounidense. Tanto el israelí como Trump se encuentran en una situación espinosa: ambos están a las puertas de unas legislativas donde los números no les son favorables, mientras el enquistamiento del conflicto en Irán embarra aún más los pronósticos. Desde que el pasado mes de febrero atacaron conjuntamente a Teherán, ninguno de los dos dirigentes ha sido capaz de dar una justificación clara. Tampoco han logrado cumplir con sus supuestos objetivos.La campaña militar, que Trump pronosticó que duraría cuatro semanas, se ha dilatado cinco meses sin haber logrado poner fin al programa nuclear iraní, ni haber derrocado al régimen de los ayatolás. Todo a expensas de desestabilizar la región y de bloquear el estrecho de Ormuz, cuyo cierre se ha traducido en un encarecimiento del coste de la gasolina para los ciudadanos estadounidenses. A la ecuación ahora se ha añadido un nuevo factor, con la entrada en escena de los hutíes y los primeros ataques en el Mar Rojo para desestabilizar el comercio de crudo saudí.PublicidadNetanyahu sigue viviendo en Tel Aviv del rédito político de su alianza con Trump, aunque en los últimos meses esta ha quedado en entredicho. Washington decidió avanzar unilateralmente en las conversaciones de paz con los ayatolás, dejando al margen a Israel como un actor secundario. El empeño del primer ministro israelí para continuar con la ofensiva en el sur del Líbano, contradiciendo uno de los puntos del alto el fuego acordado con Irán, derivó rápidamente en diversos encontronazos públicos.De las alabanzas al menosprecioTrump ha pasado de alabar a su socio a menospreciarlo: el republicano confirmó que durante una llamada telefónica le había dicho a Netanyahu que estaba "loco" y lo calificó de "un tipo muy difícil". Durante las primeras negociaciones para lograr un acuerdo con Irán, el magnate aseguró que el primer ministro israelí "hará lo que yo quiera que haga". Este mismo lunes, antes de subirse al Air Force One rumbo a Michigan, Trump volvía a reconocer que hay "algunas diferencias" con Israel sobre la guerra de Irán, "pero más o menos estamos en los mismos términos". E insistía: "¿Sabéis quién no sobreviviría sin nosotros? Israel."El republicano aseguraba a los periodistas que Washington está manteniendo conversaciones con los iraníes otra vez para llegar a un acuerdo. El presidente estadounidense afirmaba, una vez más, que "tenemos posibilidades de que pase algo". Este lunes la Casa Blanca había pausado los bombardeos para facilitar el clima diplomático.PublicidadLa crisis dentro del matrimonio está enturbiada por la creciente antipatía de los estadounidenses hacia Netanyahu e Israel. Un sentimiento que no es exclusivo de los votantes demócratas, sino que también ha crecido durante el último año entre las bases republicanas. Tal como señala un sondeo del Pew Research, el 57% de los republicanos entre 18 y 49 años tiene una opinión desfavorable de Israel, frente al 50% de 2025.En parte, esto se vincula con el cisma que ha provocado la guerra de Irán entre las bases trumpistas. Al bombardear Teherán, el republicano rompió con una de sus grandes promesas de sacar el país de los conflictos exteriores. Ahora, cinco meses después, el conflicto vuelve a estar al borde del abismo de la guerra total.