Benjamín Netanyahu tiene marcado en su calendario el 27 de octubre, cuando se juega su futuro político en las elecciones legislativas de Israel. Y por eso ansía el encuentro de este martes con Donald Trump, una foto que lleva semanas buscando y que por fin va a tener, después de ciertas tensiones con la Casa Blanca por su ofensiva sobre Líbano, que ha boicoteado sistemáticamente el acuerdo de entendimiento entre EEUU e Irán.

Donald Trump, por su parte, tiene apuntado el 3 de noviembre, día en que se celebran las elecciones legislativas de mitad de mandato que pueden poner fin al poder absoluto del presidente de EEUU. Y por eso busca a la desesperada una paz con Irán que le permita llegar a las urnas con los precios de la gasolina controlados y una victoria bajo el brazo que justifique estos meses de derroche económico militar –el Pentágono está pidiendo 95.000 millones extra para Irán–, los 18 soldados estadounidenses muertos y la disrupción del comercio petrolero y energético mundial por una guerra que ha motivado el bloqueo del estrecho de Ormuz.