La obra de Ludwig Mies van der Rohe tuvo una gran influencia en la tradici�n arquitect�nica moderna, destac� por sus edificios ic�nicos de gran altura y su insistencia en las mismas f�rmulas.En cualquier selecci�n de los arquitectos m�s influyentes del siglo XX debe estar el alem�n Ludwig Mies van der Rohe. La suya es una influencia extendida a todas las escalas relacionadas con la arquitectura, desde el mobiliario hasta la ciudad. Adem�s, su conocido eslogan "menos es m�s", una de las m�ximas m�s repetidas en el �ltimo siglo, ha traspasado las fronteras disciplinares para formar parte del acervo com�n de otras muchas disciplinas creativas e incluso del lenguaje coloquial.Sin embargo, sus comienzos profesionales no parec�an augurar una trayectoria tan destacada. Hijo de un cantero de Aquisgr�n, ciudad en la que naci� en 1886, se traslad� a Berl�n a los 19 a�os para trabajar como delineante. Su paso por los estudios de Bruno Paul y Peter Behrens, junto con su asistencia a alguna academia nocturna, constituy� su at�pica formaci�n como arquitecto.En el estudio de Behrens coincidi� con Walter Gropius, figura emergente de la nueva arquitectura, que pocos a�os m�s tarde fundar�a la Bauhaus. Entre ambos, con biograf�as profesionales casi paralelas, siempre se mantendr�a una relaci�n tan respetuosa como distante.�Pero c�mo fue la evoluci�n de Mies van der Rohe? A pesar de la ebullici�n vanguardista que exist�a en aquellos a�os en el mundo arquitect�nico berlin�s, en sus primeros a�os como arquitecto independiente orient� su pr�ctica hacia una v�a m�s convencional, construyendo viviendas burguesas de corte tradicional en los alrededores de Berl�n.Sin embargo, al comienzo de la d�cada de los veinte, reapareci� en la efervescente escena cultural y art�stica berlinesa con una propuesta para un concurso y cuatro proyectos que encontraron notable eco en las revistas de vanguardia. Se trataba de tres edificios de oficinas -en hierro y cristal los dos primeros y en hormig�n y vidrio el tercero- y dos proyectos de casas de campo -uno en hormig�n y otro en ladrillo-.El primero, en 1921, fue un edificio de oficinas para la Friedrichstrasse en Berl�n como respuesta a un concurso. La propuesta de Mies van der Rohe, que no obtuvo reconocimiento, presentaba un edificio de vidrio con un esqueleto sustentante de acero que se vislumbraba a trav�s de las fachadas transparentes. Al a�o siguiente, desarrollar�a otra propuesta similar para otro solar de Berl�n, con un edificio todav�a m�s alto y esbelto, aunque los planos quebrados y cristalinos del anterior dar�an paso a formas m�s org�nicas y curvil�neas. Su tercera propuesta de esta �poca para edificios de oficinas consisti� en un volumen m�s bajo y compacto, desarrollado con estructura de hormig�n armado. As�, resulta evidente su voluntad de generar un nuevo prototipo para una tipolog�a que empezaba a tener una importante presencia en las grandes ciudades.De los dos proyectos de vivienda solo se conservan una maqueta del de hormig�n y la planta y un alzado del de ladrillo. No se sabe qu� los origin� o si fueron fruto de alg�n encargo; sin embargo, la fascinaci�n que han ejercido sobre siguientes generaciones de arquitectos los ha convertido en referentes imprescindibles de las nuevas formas de habitar que emergen con la modernidad.Lo que se percibe en ellos, en especial en la planta de la casa de ladrillo de 1924, es la presencia de una nueva concepci�n espacial que no oculta su herencia del neoplasticismo holand�s o de la arquitectura de Frank Lloyd Wright, pero que aparecen sublimadas en un sofisticado y elegante proceso de reducci�n a su esencia. Esta concepci�n espacial ser�a la que poco despu�s aparecer�a en las viviendas de la Weissenhof en Stuttgart y, de manera m�s notoria, en el Pabell�n de Barcelona y en la Villa Tugendhat en Brno.El Pabell�n, que fue desmontado tras la Exposici�n de 1929 y del que solo se conservaron los planos y algunas fotograf�as en blanco y negro hasta su reconstrucci�n en los a�os ochenta, se convirti�, sin embargo, en el edificio sobre el que m�s estudios se publicaron a lo largo del siglo XX; por su parte, la Villa Tugendhat, acabada en 1930, entr� de forma inmediata en el elenco de las viviendas m�s influyentes en la construcci�n de la tradici�n moderna en el per�odo de entreguerras.Colaboraci�n fundamentalDurante este per�odo estuvo acompa�ado por Lilly Reich, una dise�adora que ya contaba con una brillante trayectoria profesional antes de establecer con �l una relaci�n tanto profesional como personal. La importancia de su presencia junto al arquitecto ha sido reivindicada recientemente por la cr�tica, que ha analizado su papel en logros que habitualmente se hab�an atribuido al alem�n en solitario.El arquitecto replic� el estilo de la torre Seagram de Nueva York en otras muchas ciudades.Ya nadie discute su colaboraci�n fundamental desde 1926 en los distintos proyectos citados, as� como en las casas de ladrillo de la segunda mitad de la d�cada y, sobre todo, en el dise�o del mobiliario que acompa�� a estas obras, como las sillas Barcelona o Tugendhat. Mies van der Rohe tambi�n cont� con Reich como profesora de la Bauhaus durante el breve per�odo (1930-1933) en el que dirigi� la escuela en Berl�n, hasta su cierre definitivo, forzado por la llegada de los nazis al poder. Sin embargo, cuando �l abandon� Europa en 1937 para trasladarse a EEUU, Reich no lo acompa��, trunc�ndose su relaci�n.La llegada a Am�rica supuso para el alem�n un nuevo comienzo. All� fue recibido como una gran figura de la arquitectura moderna y pronto fue nombrado director del departamento de Arquitectura del Instituto Tecnol�gico de Illinois (IIT), recibiendo el encargo de dise�ar el nuevo campus y construir la mayor parte de los edificios que lo compon�an.Mientras se desarrollaban estos proyectos, fue recibiendo encargos de otros promotores que le permitieron acceder a la vivienda y a la construcci�n en altura y consolidar as� la imagen arquitect�nica que m�s habitualmente se ha asociado a su figura: la del paralelep�pedo vertical en acero y vidrio.Sin embargo, el primero que construy�, los Promontory Apartments en 1947, no pudo realizarse en acero debido a la escasez de material en un momento a�n cercano al final de la guerra. A pesar de ello, su estructura vista en hormig�n y sus grandes superficies acristaladas ya apuntaban hacia el tipo que se consolidar�a despu�s.En 1949, con la construcci�n de los dos bloques de apartamentos 860-880 de Lake Shore Drive, a orillas del lago M�chigan -dos cajas de acero y vidrio con su trama estructural ordenando las fachadas-, alcanz� el modelo de rascacielos que buscaba. Esta f�rmula se repetir�a en muchas grandes ciudades, no solo por Mies van der Rohe, que la version� en distintas alturas y proporciones desde Nueva York (Seagram) hasta Toronto (Dominion) o Chicago, independientemente de si su destino era residencial o de oficinas.En paralelo a estas grandes operaciones, una peque�a vivienda de vacaciones construida en el entorno rural de Chicago, en una zona boscosa y pantanosa, se convertir�a en otro controvertido hito en la trayectoria profesional del arquitecto alem�n.La vivienda, apenas dos planos horizontales sostenidos por ocho columnas de acero, supone la culminaci�n del proceso paulatino de reducci�n que experimenta su po�tica desde su llegada a Am�rica. La concepci�n espacial que hab�a empezado a desarrollar en Berl�n en los a�os veinte alcanza en esta casa su versi�n m�s abstracta y universal. M�s que una casa, es una idea plat�nica y, como tal, casi imposible de habitar. As� lo entendi� su cliente, la doctora Farnsworth, que acabar�a llevando a juicio al arquitecto por el sobrecoste de la casa y por su inhabitabilidad, desentendi�ndose de ella poco despu�s de su construcci�n.Sin embargo, despu�s, Mies van der Rohe repetir�a insistentemente la misma clave espacial en distintas escalas, desde la vivienda hasta los edificios p�blicos, como el Crown Hall del IIT o la obra que puede considerarse su legado definitivo: la Neue Nationalgalerie de Berl�n.Es esta insistencia en las mismas f�rmulas lo que ha hecho que su estilo sea tan reconocible y su influencia en la arquitectura moderna tan notable. En la reducci�n miesiana encontramos una celebraci�n de la tecnolog�a y, con ello, una afirmaci�n de modernidad. Hay tambi�n una respuesta a la complejidad de la gran ciudad en t�rminos de orden, claridad y eficacia, que se repite sin apenas variaci�n. No tanto desde una voluntad de estilo como desde la seguridad que proporciona profundizar siempre en el mismo proyecto.Mariano Gonz�lez Presencio es catedr�tico en la Escuela T�cnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra.