0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialTengo pocas dudas de que aquellos que han hecho de la política un campo minado por la hipocresía, la maledicencia y el odio acabarán siendo víctimas de sus cargas antipersonas. No se puede sembrar todo el tiempo rencor, porque lo único que se acaba recogiendo son tempestades. Seguramente por eso, la tragedia del mayor incendio forestal de la historia reciente de España, que afecta a Ávila y Madrid, tiene un aspecto positivo: tras el cruce inicial de insultos entre la presidenta del DF, Isabel Díaz Ayuso, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, con el término mamarracho/-a como arma arrojadiza, las instituciones han intentado que el fuego no se propagara a la política. Al menos, hasta que no esté totalmente apagado el incendio. Luego, ya llegará el momento de pedir responsabilidades, si es que las hubo, y de atinar cómo evitar en el futuro desastres de esta dimensión. Mariscal / EfeAyuso, que suele venirse arriba ante cualquier contratiempo, esta vez, dada la magnitud de la tragedia, pidió al Gobierno que declarara la emergencia nacional y asumiera el mando de las tareas de extinción. La imagen de este fin de semana de Pedro Sánchez y Ayuso dándose la mano y mirándose a los ojos en la localidad de Cenicientos (Madrid) resultaba casi tan tranquilizadora como la llegada de nuevos refuerzos aéreos.El Gobierno y la Comunidad de Madrid han intentado no propagar el incendio a la políticaEn todo caso, la polémica está en los medios, pues los columnistas y tertulianos escorados a la derecha culpan a los ecologistas de la resilvestración de los bosques y al Gobierno, de gastarse dinero en las aeronaves de Plus Ultra en lugar de comprar hidroaviones contra el fuego, mientras que los situados en la izquierda clamaban contra los recortes en la prevención de incendios en las autonomías del PP y contra la negativa de la oposición a firmar un pacto de Estado sobre el cambio climático.Por cierto, Ayuso recibió el sábado a Sánchez con un chaleco marrón (a juego con su pantalón corto) con el título de “presidenta” bien visible sobre el bolsillo izquierdo, por si a alguien se le había olvidado su cargo. El presidente iba con vaqueros y una camisa azul, sin ninguna referencia a su condición en la indumentaria. Nadie se atrevió a echar más leña al fuego con sus declaraciones, mientras todo ardía.
No echar más leña al fuego, por Màrius Carol
Tengo pocas dudas de que aquellos que han hecho de la política un campo minado por la hipocresía, la maledicencia y el odio acabarán siendo víctimas de sus cargas antipersonas. No se puede sembrar todo el tiempo rencor, porque lo único que se acaba recogiendo son tempestades....







