Berna León (Atenas, 30 años) estaba muy a gusto en Harvard trabajando como profesor ayudante de Michael Sandel, uno de los grandes críticos del ultraliberalismo. Filósofo y Sociólogo por la Sorbona, máster en Teoría de las Relaciones Internacionales por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, doctor en Sociología por Sciences Po y experto en políticas públicas, siempre se había imaginado en una clase o una biblioteca, entre libros y papers. Pero una llamada le hizo cambiar de opinión y salir del claustro. Al otro lado del teléfono estaba Manuel Escudero, recientemente fallecido, ofreciéndole la dirección ejecutiva de la Fundación Avanza, el laboratorio de ideas del PSOE. La propuesta llegó en un momento vital para León: en plena embestida del trumpismo contra centros progresistas como el suyo, Harvard, y en pleno repliegue internacional de las izquierdas y avance de las fuerzas iliberales. “Tuve algunas dudas, pero no podía dejar pasar esta oportunidad”, reconoce. Pregunta. ¿Por qué tuvo dudas?Respuesta. Entrar en política hoy es un poco como lanzarse a los leones. Y está el prejuicio de que los académicos que tienen un pie en la universidad y otro en la política son menos serios que aquellos que se dedican exclusivamente a investigar. Pero no podía decir que no en este contexto internacional, en el que mucha gente me dice: qué suerte que eres español, qué suerte que tu gobierno está plantándole cara a Trump y llamando un genocidio por su nombre y liderando un espacio progresista internacional. P. ¿Qué cree que va a ocurrir en las elecciones de 2027?R. En 2023 había muchos agoreros que lo daban todo por perdido. Se salió a ganar y se ganó. Hoy, la mayor parte de los españoles son conscientes de que viven mejor que en 2018, así que no sé por qué no podemos esperar una victoria progresista en 2027. P. Su padre, Bernardino León, fue secretario de Estado de Asuntos Exteriores durante el gobierno de Zapatero. ¿Qué le pareció a él que aceptara este trabajo?R. En un primer momento a mis padres les costó entender que pasara de Harvard a la política española. No entendían que me expusiera a ataques por mil frentes distintos cuando podía estar estudiando tranquilamente en una biblioteca en Cambridge, Massachusetts. También creo que la conversación que tuve con mi padre no fue muy distinta a la que él tuvo con mi abuelo cuando le dijo que iba a dejar la carrera diplomática durante un tiempo para dedicarse a la política. Estos ciclos se repiten. Con los años, nuestros padres se vuelven más aversos al riesgo, pero tengo que decir que los míos siempre me han apoyado en todas mis decisiones. P. Cuando se creó Avanza, en 2024, se anunció como “punta de lanza” del progresismo en un momento de avance de las derechas. ¿En qué están fallando las izquierdas para que esté avanzando la derecha?R. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, creo que hubo un error en las estrategias para generar coaliciones. Pusieron demasiado el foco en derechos culturales e identitarios y no tanto en la clase social y en una agenda redistributiva. Eso fue un error histórico que se empezó a corregir en la Administración Biden. Haber dejado de lado el elemento de clase le ha costado muchas elecciones a las izquierdas de nuestro entorno. A nivel más global, el avance de la internacional reaccionaria no se puede comprender sin analizar la coordinación de alianzas a la que han llegado, algo que les ha permitido intercambiar financiación y estrategias y que les ha servido para avanzar en sus países. La izquierda tiene que imitar esas estrategias para construir coaliciones internacionales. Es una asignatura pendiente. P. Una de las líneas de trabajo de Avanza es la de la justicia intergeneracional, la desigualdad entre generaciones. ¿Es verdad que los jóvenes españoles están viviendo peor que sus padres?R. Depende de cómo se mida. Durante la Transición se abrieron muchas oportunidades de movilidad social ascendente. Se tuvieron que abrir muchas posiciones de altos y medios funcionarios y hubo un crecimiento enorme gracias a la entrada a las Comunidades Europeas. Todo eso generó una enorme movilidad intergeneracional que permitió que hubiera un mayor bienestar y una visión más optimista del futuro. Los millennials y los Z, en cambio, se han encontrado con la crisis económica mundial del 2008, la pandemia del Covid y la guerra en Ucrania. Hoy es más barato que nunca comprarse un televisor o viajar, pero comprar una casa es más caro que nunca. Eso no quiere decir que la principal brecha sea entre generaciones, como algunos dicen. Un tercio de los españoles que hoy son jóvenes con muy poco capital dentro de unos años heredará una cantidad enorme por parte de sus padres y lo que hoy parece una brecha entre generaciones descubriremos que era una brecha de clase.P. ¿Qué papel tiene la banca en el problema de la vivienda?R. Los bancos se han beneficiado indirectamente del encarecimiento de la vivienda porque el aumento del precio eleva el valor de las garantías hipotecarias y reduce las pérdidas esperadas en caso de impago; pero no son el principal problema, y en todo caso no soy partidario de moralizar demasiado su responsabilidad. No le puedo pedir a los bancos que sean benevolentes motu proprio, lo que quiero es que el Estado prohíba malas prácticas y, sobre todo, que establezca la estructura de incentivos adecuada. Las medidas macroprudenciales implementadas para evitar otra crisis como la de 2008 han evitado otra burbuja, pero también han dificultado la promoción privada de vivienda. Además, desde la perspectiva de la demanda, han generado ganadores y perdedores: ganan quienes acceden a las hipotecas, con tipos de interés mucho más bajos que los del mundo anglosajón, pero pierden quienes tienen perfiles algo menos solventes, que se ven empujados al alquiler perpetuo por entradas muy altas y análisis de riesgo muy exigentes. Es decir, que el papel de la banca es inseparable del papel del regulador. P. ¿Y qué propone Avanza?R. Desde Avanza lo que queremos hacer, con vivienda y otros temas, es evitar caer en falsos dilemas o en lugares comunes. El informe que lanzaremos este otoño es crítico con la idea tan dañina, enquistada en parte de la izquierda, que viene a decir que construir más vivienda sirve de poco. Hay pocas medidas tan eficaces para reducir el precio de un bien como aumentar su oferta. Pero por supuesto también lo será con la panacea de la derecha, que sugiere que si desregulamos el mercado de la vivienda se resolverán todos nuestros problemas. Creo que tenemos que empezar a ver la política de vivienda como vemos la política industrial: sin un Estado que coordine al sector privado, pero contando con él, no lograremos movilizar los recursos suficientes para proveer bienes colectivos. En ese sentido, una de las grandes propuestas de nuestro informe será una suerte de “New Deal” de la vivienda, que denominamos así por las dimensiones de los recursos movilizados. Hay que activar todas las palancas, las públicas y las privadas.P. Otra línea de trabajo de Avanza es la desinformación. Se habla mucho sobre los bulos y los pseudo-medios y poco sobre la falta de interés de la gente por informarse a través de los medios tradicionales. ¿Qué lectura hace al respecto?R. Diría que hay tres dinámicas detrás de esta desafección. La primera, la crisis a la que se enfrentaron los medios con la llegada de internet, en la que no se vio venir que la información gratis iba a matar las suscripciones e iba a llevar al cierre de muchas empresas periodísticas. Hubo un ajuste muy agresivo y dañino del periodismo más necesario. La segunda, la economía de la atención: cada vez hay que competir de manera más agresiva por la atención, con unos códigos cada vez más simples y unas ideas cada vez menos sofisticadas. La tercera dinámica, más profunda y más general, es la desaparición de las instituciones intermedias que caracterizaron el mundo del siglo XX. Había espacios como sindicatos, partidos políticos, medios de comunicación, que servían para hacer una interpretación de la realidad y la transmitían a la sociedad. Ayudaban a interpretar el mundo. Hoy, esos espacios están despareciendo. El productor de información y el receptor se comunican directamente y todo se ha simplificado. Los contenidos son más sencillos, más visuales. La capacidad cognitiva que tenemos ahora mismo para mantener la concentración se ha reducido radicalmente. A mis estudiantes les obligo a no usar ordenador o móvil en el aula: imprimo los textos y los leemos y discutimos en clase. P. ¿Qué se puede hacer para luchar contra este problema?R. Nosotros desde Avanza queremos empezar a trabajar en lo que llamamos democracia y soberanía digital. No politizamos lo suficiente lo digital. El presidente Sánchez ha sido muy valiente enfrentándose a los “tecnooligarcas” y llamándoles por su nombre. Una de nuestras propuestas es intentar intervenir los algoritmos para que nuestros menores no sufran abusos en internet: contenido violento y sexual, etcétera. No hay que prohibir el uso de redes a los menores, hay que tener algoritmos seguros para ellos. Esto solo se conseguirá con medidas técnicamente aterrizadas y la voluntad política que este gobierno tiene. Ahora mismo internet es una mezcla entre el lejano Oeste y el sistema de encomienda porque estamos dejando en manos privadas la soberanía de una parte importante de nuestra realidad. P. ¿Está de acuerdo en que los jóvenes están alejados de la política?R. La participación juvenil ha ido por fases. Durante el 15-M la política tenía cara joven. Ahora estamos en un ciclo en el que algunos jóvenes sienten que la política se ha alejado de ellos. Es un círculo vicioso: los jóvenes votan menos, y por tanto las propuestas políticas no los tienen tanto en cuenta y eso hace que sienten desinterés, que esto no va con ellos. Pero creo que a veces se exagera el nivel de desafección. Es una cosa que fluctúa. P. ¿Faltan referentes jóvenes?R. Los jóvenes no solo se sienten interpelados por gente de su edad. Bernie Sanders es un buen ejemplo. Un casi octogenario es el político que mejor ha movilizado a los jóvenes en EE.UU.P. ¿Quiénes han sido sus referentes?R. Yo vengo con cierto sesgo. Uno de mis principales referentes es Michael Sandel, con quien tuve la suerte de trabajar en Harvard. Estuvo a punto de dedicarse a la política llegando a participar como asesor en elecciones, pero finalmente se decidió por ser un intelectual público desde la universidad, pero siempre muy comprometido con la política. Thomas Piketty es otro importante referente, una persona que no solo investiga, sino que mantiene un compromiso activo con el debate político y que abre nuevos debates. P. Hablando de referentes, mucha gente de la izquierda, pero también de la derecha, está en shock por el caso Zapatero. ¿Cómo le ha afectado?R. Yo al presidente Zapatero lo conozco desde hace muchos años. Tengo una relación personal con él y evidentemente es una de las personas a las que más admiro en política. Más allá de la presunción de inocencia, estoy convencido de que el juicio legal y mediático que se está haciendo responde a ciertas cuestiones políticas a nivel nacional e internacional. A mí lo que me gustaría es esperar y ver las pruebas que van a aportar la Fiscalía y el presidente Zapatero. Estoy convencido de que serán importantes para resolver este caso. P. Una encuesta reciente del CIS arroja que nueve de cada diez españoles creen que la justicia no trata igual a todos los políticos. ¿Usted también lo cree?R. Creo que esta encuesta del CIS recoge una intuición que tienen los españoles de que el poder judicial está mezclando casos de corrupción que deben resolverse con la máxima diligencia posible, como Ábalos, Koldo o Aldama, con casos articulados en torno a una judialización de la política, una utilización de los poderes del Estados para perseguir a oponentes políticos. La estrategia que se está llevando a cabo, de intentar ganar en los tribunales en lugar de en las urnas, no está surtiendo efecto. La mayoría de los españoles se da cuenta de lo que hay detrás.P. Según la misma encuesta, un 87,5 de los españoles considera que nuestro país no cuenta con mecanismos suficientes para combatir la corrupción. ¿Faltan mecanismos? R. La corrupción no es el principal problema para los españoles. España no es un país particularmente corrupto en comparación con otros países de nuestro entorno, aunque el “y tú más” no sirve de nada. Hay preocupaciones más importantes para los españoles, como llegar a fin de mes. Pero la corrupción sí es el problema más corrosivo, el que genera más antipolítica y ciudadanos que sospechan del propio sistema. Por eso hay que ser absolutamente tajantes con el asunto. Se puede hacer más a nivel de partidos y diseño institucional. P. ¿Diría que faltan políticos con una alta formación como la que tiene usted?R. La política no debe ser un club de titulados de élite, sería una mala noticia para la democracia. Cuando los votantes no ven a gente que se parece a ellos y esos decisores acaban desconectados de las preocupaciones del día a día, eso lleva a la debacle electoral de ciertos partidos y a su propia desaparición. La política no es un concurso meritocrático equivalente a unas oposiciones ni tiene que ser el lugar donde se seleccione como un head hunter de una empresa. La política es una herramienta de transformación de la realidad y lo que hace falta es voluntad de sacrificio, trabajo y militancia por transformarla en una cierta dirección. Eso no entiende de estudios ni de currículums, sino de compromiso y militancia. Las grandes transformaciones siempre han venido dadas por una suerte de alianza entre distintos perfiles: es igual de valiosa o más la experiencia de un sindicalista que lleva 30 años pateándose la calle que la de un académico de Harvard. El gobierno de Felipe González fue un buen ejemplo: tenía a los equivalentes de la Ivy League de Estados Unidos, los A1, y perfiles muy cercanos a la militancia y a la calle. Esas combinaciones son las que acaban dirigiendo a nuestro país en la dirección correcta.P. ¿Ha barajado dar el salto a la política?R. Si hubiera querido dar el salto a la política, ya lo habría hecho. Para mí la Fundación Avanza no es un trampolín. Mi idea es seguir aportando aquí los próximos años a ese debate de ideas. No estoy pensando en una carrera política ahora mismo. Mi lugar natural es la universidad. Pero ya sabe lo que dicen: nunca digas de esta agua no beberé.