Mar�a Soledad, Marisol, Mil�n Qui�ones de Le�n (1955-2024) era nieta de Alfonso XIII; quiz�s por eso deb�a haber sido altiva, presumida, ociosa. Sin embargo, fue tambi�n la hija de una presa en la c�rcel de Ventas, entregada a Protecci�n de Menores durante los a�os m�s oscuros del franquismo. La suya, en la simpleza de los titulares, pod�a haber sido una peripecia fr�vola, propia de esas gentes por cuyas venas corre sangre real; o bien la de una de esas mujeres a las que el abandono de los padres les arruina la vida para siempre. Pero ni una cosa ni otra. "Marisol tuvo una exitosa carrera en banca y, tras retirarse, hizo otra y logr� doctorarse en Historia Antigua. Y form� una familia de la que nacieron nuestros hijos y nietos. Era muy generosa en la vida", dice su marido, Alfredo del Campo. Precisamente �l ha sido el encargado de concluir y publicar Al margen de la realeza (C�rculo Rojo), el libro que Soledad escribi� sobre su madre, Juana Alfonsa Mil�n, una de las hijas extramaritales que tuvo Alfonso XIII.Para saber m�sLe preocupaba a Alfredo que utiliz�ramos el t�rmino "ileg�tima" -�qu� hijo lo es?- para escribir la investigaci�n sobre Juana Alfonsa que su hija no pudo terminar. A �l, como a Marisol, le da miedo que palabras tan feas como "bastardo" ensucien lo que deber�a ser una excavaci�n casi arqueol�gica sobre una mujer que pas� por el mundo para destrozar la vida de su hija, que sin embargo cuaj� en un ser humano excepcional.Juana Alfonsa naci� en 1916. La partida de nacimiento dice que fue en Par�s, pero hay indicios de que fue en el Palacio Real de Madrid. La hab�a engendrado Alfonso XIII con Beatrice Noon, la ni�era irlandesa que la Reina contrat� para su primog�nito. La apellidaron Mil�n, y el embajador de Espa�a en Par�s Jos� Mar�a Qui�ones de Le�n, �ntimo amigo de Alfonso XIII, fue nombrado su tutor. Sobre el apellido hay m�s dudas. Algunos lo interpretan como un gui�o al ducado de Mil�n que ostentaba el Rey, pero la investigaci�n de Soledad lo atribuye a la intervenci�n de Jos� Benito Mil�n Guiu, palafrenero de palacio, a quien el entonces Rey resarcir�a por sus servicios con un concesionario de la Hispano-Suiza en Le�n. De la madre, Beatrice Noon, se perdi� el rastro. Solo una postal de 1960, que la amante de Alfonso XIII hizo llegar a la nieta a trav�s de su banquero, muestra alg�n tipo de inter�s por el devenir de su prole, que no fue abandonada a su suerte, sino que tambi�n fue compensada.como una infantaEn su trabajo de arque�loga de su propia vida, Marisol recoge las palabras de Salvador de Madariaga sobre el hombre que dec�a ser su abuelo: "Era tan aficionado a los goces sensuales como indiferente a los espirituales en cuanto a su persona concern�a. (...) La cita favorita del bon vivant que fue Qui�ones era: Un peu de joie, un peu d'amour et puis, bonjour'". En cualquier caso, a �l debe la embajada espa�ola en Par�s la magnificencia de la obra de Sert que alberga.Jos� Mar�a Qui�ones de Le�n, el tutor de Juana Alfonsa.EMLas temporadas en Par�s las alternaba Juana Alfonsa con meses en un palacete de la calle Barquillo, de Madrid. Escribe Marisol que la ni�a recibi� en Par�s una "formaci�n de infanta. Hablaba varios idiomas y estudi� m�sica. Estilo y ademanes refinados. Ciertamente dispuso de una inteligencia y una memoria prodigiosas. Y un don de gentes y un savoir faire que le daban un poder de convicci�n inimaginable. Estas capacidades se aunaban con un cierto trastorno psicol�gico que la acompa�� toda su vida".Qui�ones y la ni�a recib�an a veces la visita del Rey, con quien el abuelo Qui�ones de Le�n hablaba en tono m�s bajo del habitual. En 1931 la llevan a Ginebra. La ni�a pasaba la Navidad y los festivos en el colegio, pero las vacaciones de verano las pasaba en casa de la institutriz irlandesa, miss Kitty, que le hab�an buscado. La muerte de Alfonso XIII, la cogi� en clase de piano en un conservatorio de Ginebra.Juan Alfonsa y su hija Marisol en d�a de su boda, en 1978.CEDIDAA partir de entonces se dedic� a derrochar la herencia recibida de su padre, a la que en parte accedi� cuando sali� del cobijo de Qui�ones de Le�n. "Fue cuando comenz� a fraguarse un trastorno de la personalidad, una mezcla de aires de grandeza y mitoman�a que ella misma llegaba a creerse. Ella no ten�a que preocuparse por el dinero; es m�s, lo despreciaba". El banquero suizo que administraba los dineros de los hijos extramatrimoniales del Rey le cont� que en aquella �poca de vacas gordas organizaba fiestas con grupos de violinistas h�ngaros a los que hac�a llamar de Budapest.EN LA C�RCELSe lamenta Marisol en Al margen de la realeza de que nunca nadie hiciera un diagn�stico cl�nico sobre la salud mental de su madre. "Lo m�s parecido fueron los informes de comportamiento de los funcionarios de las prisiones en las que estuvo internada. Todo ello es cierto, y yo misma he sentido una aversi�n hacia mi madre, algo que cualquiera entender�a a tenor de los episodios que tuve que sufrir en la infancia y adolescencia". Achaca este desvar�o de la personalidad a que Juana Alfonsa debi� de forjar una personalidad que se rebelaba contra su realidad y solo se aferraba a su descendencia como hija de Alfonso XIII. "Esa podr�a ser la causa de ese trastorno psicol�gico que tanto da�o le hizo a ella y a m�". Porque Marisol no fue la �nica hija que tuvo Juana Alfonsa. En 1949 naci� en Grenoble Pierre; dos a�os despu�s lleg� Jean Miguel. Y, finalmente, en 1953 tuvo a Christian. Al menos dos de ellos eran hijos de un poeta ruso. Los dos mayores fueron adoptados por familias de acogida francesas, mientras que Christian falleci� en el orfanato.Al padre de Marisol lo conocer� en 1954 en Barcelona. Un a�o despu�s, en Madrid, nacer�a la ni�a. A partir de entonces comenz� una vida llena de desbarajustes de la que no queda registro salvo la partida de bautismo, que ser�a el �nico documento que la acreditar�a hasta que tuvo 11 a�os. No la inscribi� en el Registro Civil hasta los 14. Hasta entonces su �nica referencia fue una mujer, Mar�a Piedad Vigil, que intentar�a hacerse cargo de ella y que le contar�a an�cdotas de su madre, como cuando se pase� por todo Madrid encima del cap� del coche de un americano.Marisol, de ni�a, en la Matula, el barrio de Las Palmas de Gran Canaria donde fue abandonada por su madre.CEDIDAEn 1957, la hija de Alfonso XIII ingres� en la c�rcel de mujeres de Ventas. Entonces ten�a 41 a�os y la acompa�aba su hija de dos, por delitos de estafa y apropiaci�n indebida. All�, entrando y saliendo de prisi�n, pasan cuatro a�os. Despu�s viajan a Ginebra y, al poco, a un colegio en Inglaterra donde Marisol aprende a hablar ingl�s. Pasaron despu�s a Madeira. Juana Alfonsa no pod�a volver a la pen�nsula y por eso opt� por pasar ese destierro en Canarias. Las vicisitudes de la ni�a en las islas est�n detalladas en el libro. La t�nica se repite: la hija del Rey se pasea con hombres de diversa cala�a descuidando a su hija. Finalmente se va con uno de ellos a EEUU y abandona a la ni�a. Precisamente cuando escrib�a este cap�tulo se produjo la muerte de Marisol. Su marido, Alfredo, contin�a entonces la narraci�n en un acto de amor, como si as� asiera los recuerdos que su mujer trataba de reconstruir.En EEUU contin�a Juana Alfonsa su sucesi�n de peque�os delitos. Tambi�n intenta llevarse a su hija, sin �xito. Finalmente la acaban deportando a Francia. Madre e hija se reencuentran al salir la primera de la c�rcel de Alcal� de Henares, de nuevo por estafa. En 1974, Alfredo y Marisol se conocen y, pese a que tarda tiempo, al final ella le acaba confesando la situaci�n de su madre y le acompa�a a visitarla a prisi�n. En 1975 fue indultada. Y volvi� a convertirse en un problema para su hija, que para entonces ya andaba encaminada en su exitosa carrera profesional: dejaba cuentas sin pagar, que luego le reclamaban, estafas que conclu�a dejando un rastro que siempre llevaba a su hija. Aun as�, Marisol trat� de buscarle pisos para vivir -le gestion� la adquisici�n de un peque�o estudio con lo que quedaba de la herencia de Alfonso XIII- y de arreglarle la cartilla de la Seguridad Social para que pudiera ser atendida por la sanidad p�blica.En 1997 Juana Alfonsa ingres� en una residencia de ancianos en Mirasierra, donde permaneci� hasta el final de sus d�as, en 2005. All� pasar�a los a�os m�s estables de su vida, en la compa��a ocasional de Marisol y de sus hijos, que resid�an cerca y pasaban puntualmente a visitarla. No hab�a rencor en la hija por los malos a�os que le hizo pasar su madre. Quiz�s sea esa la principal ense�anza de la excepcional vida de Marisol. Y que una familia, como la que form� con Alfredo, no necesita sangre de rey para ser real.