ExplicativoSobrevivientes de violencia sexual en el marco del conflicto crearon su propia organización en el Magdalena Medio. Esta es su historia.La organización Gestionando Paz está compuesta por 18 mujeres sobrevivientes de violencia sexual de toda Colombia, quienes en su mayoría tuvieron hijos a raíz del hecho. Foto: Sebastián Cote Lozano. EL TIEMPO27.07.2026 07:01 Actualizado: 27.07.2026 07:01
En Colombia hay unas vidas, incontables vidas, que tienen sus orígenes en uno de los dolores más profundos, y cuyas madres prometieron cuidar ante cualquier circunstancia y contra todo pronóstico: los hijos precedidos de una violación en el conflicto armado. Guerrilleros, paramilitares, bandas criminales y miembros de la Fuerza Pública, entre otros, han librado hace décadas una cruda batalla por el territorio, cuyas consecuencias se han clasificado en hechos crueles tales como masacres, desplazamientos, desapariciones, entre otros. Y en esa carrera por ocupar, los armados también accedieron al cuerpo de las mujeres con clara intención de gobernar desde el dolor ajeno e intentar instrumentalizarlas como recordatorio del carácter inhumano que esta guerra puede alcanzar. LEA TAMBIÉN El Centro Nacional de Memoria Histórica lo explica así: “la violencia sexual ha sido una práctica de apropiación de cuerpos y poblaciones, que ha contribuido a reafirmar el dominio violento de los grupos armados que la cometen”. Los registros de la Unidad para las Víctimas establecen más de 50.000 casos denunciados en el marco del conflicto, sin tener en cuenta las particularidades del subregistro, en un país donde hablar de dolores se castiga con la muerte. Uno de estos casos es el de Karen Leal. Su mirada es directa, seria, su cabello está recogido y de la mano derecha tiene un niño de aproximadamente 10 años. Evita, a toda costa, decir que él es “producto” de una violación. Al contrario, está cuidando un ser invaluable, como todo niño en Colombia, quien no tiene la culpa de los hechos que precedieron su vida.La violencia sexual ha sido una práctica de apropiación de cuerpos y poblaciones, que ha contribuido a reafirmar el dominio violento de los grupos armados que la cometenCentro Nacional de Memoria Histórica“A mí me mantiene el valor y las ganas de sacar a mi hijo adelante. Es el mayor motivo para estar de pie. Ellos son quienes siguen el ejemplo que nosotros les damos. Y, bueno, la responsabilidad es grande. Tengo una hermana por exilio fuera del país, que también tuvo sus hijos por el hecho de violencia y que ahora los cuido yo aquí. ¿Cómo me imagino a mi hijo en 10 años? Lo veo administrando la finca en la que estamos, cuidando de su hermana pequeña, de sus primas también. No dejo de pensar en verlos por allá a cada uno con su vaca, con las gallinas. La idea es que se formalicen, que sean profesionales”, dice Leal.Con esperanza, esta mujer que va cursando sus treinta años visualiza a su niño en un hombre que ocupe el rol de cuidador de su familia, quizás reflexionando sobre la distancia moral que habrá entre él y su padre, a quien probablemente nunca va a conocer.Para entender la vida de Leal, hay que poner el foco en la vereda San Fernando de Cimitarra (Santander). En los 2000, las Autodefensas del Magdalena Medio se tomaron la región a sangre y fuego, cometiendo múltiples hechos atroces. “Yo era muy pequeña cuando todo esto pasó. Vivía allí con mis papás y mis hermanas. Tuvimos que salir de allí porque gente que trabajaba para el señor 'Botalón' nos hizo sufrir muchas amenazas. Mis dos hermanas y yo sufrimos de parte de ellos violencia física y sexual. A nosotros nos tocó salir de la noche a la mañana”, agregó Leal. Fueron obligados a desplazarse a La Dorada (Caldas), donde tenían familia que podía darles una mano. Los hombres de 'Botalón' persiguieron a su hermana hasta asfixiarla, por lo cual tuvo que salir del país. Leal, no obstante, se quedó en pie de lucha.Las mujeres de Gestionando Paz se reúnen en pleno en La Lorena todos los fines de semana. Foto:Sebastián Cote Lozano. EL TIEMPOY no es la única. En compañía de 17 mujeres, Leal integra la organización Gestionando Paz, la cual asocia a víctimas del conflicto armado del Chocó, Cauca, Llanos Orientales, Tolima y el Magdalena Medio.Las mujeres, quienes en su mayoría tienen hijos originados de agresiones sexuales, están reunidas en la hacienda La Lorena, una finca ubicada en el corazón rural del municipio de La Victoria, en el oriente de Caldas. Para llegar allí, hay que recorrer aproximadamente una hora desde La Dorada, uno de los puntos centrales del Magdalena Medio. La hacienda les fue otorgada como medida de justicia restaurativa adelantada por la Agencia Nacional de Tierras (ANT) hace aproximadamente tres meses, la cual le compró el predio a un hacendado de la región, quien la ofreció para que el Estado pudiese adelantar mecanismos de reparación en favor de víctimas del conflicto armado. LEA TAMBIÉN La hacienda La Lorena es blanca con rojo, está compuesta de tres cuartos, una sala para comedor y varias zonas de cultivo. Cuenta con una pileta con agua para labores del campo en todo el centro, así como un galpón de gallinas ponedoras y plantaciones de pancoger, para las mismas mujeres y para vender en las plazas de mercado regionales.La casa recién está siendo adornada con objetos de trascendencia para estas madres. Por ello, algunos cuartos tienen pupitres para los niños, quienes corren de un lado al otro, casi que tumbando todo a su paso, tal cual escena del campo colombiano. Las mujeres ríen constantemente y casi al unísono. Una de ellas toma una escoba y hace de cuenta que es una guitarra.Las mujeres de Gestionando Paz se reúnen con sus hijos en la hacienda La Lorena, en Caldas. Foto:Sebastián Cote Lozano. EL TIEMPOEntre las mujeres está María Silenia Vega, dueña de una historia que daría para escribir una novela por sí misma. En su adolescencia fue víctima de violencia sexual, por lo cual tuvo que desplazarse de su departamento de origen. Tal fue la angustia y la rabia con la vida que le causó el hecho atroz, que entró sin filtros a clases de boxeo que la llevaron a ser campeona departamental. “Yo me propuse que nadie, nunca más, me haría daño. Y me preparé para ello. Cuando me di cuenta, tenía la mayor motivación de fondo: seguir adelante. Y fui campeona. Hoy soy la presidenta de la casa de la mujer de La Dorada”, dijo en entrevista. Ella es quien toca la guitarra de mentiras y canta para todas las demás.Quien tiene la vocería de esta organización es Ludirlena Pérez Carvajal, mujer oriunda del Meta, quien ha sido luz para el grupo y una de las figuras más destacadas de la lucha contra la violencia sexual en Colombia, elegida como la Mujer Cafam en 2019. “La Hacienda La Lorena es una casa muy grande donde conectamos con nuestra familia, donde vamos a juntarnos todas las semanas a desarrollar diversas actividades como el dibujo y la pintura, todo direccionado desde lo social, pero también desde lo agropecuario, que es lo que nos apasiona y llevamos en nuestras venas. Esta finca está muy bendecida por Dios, y fue la primera vez que en Colombia se tuvo en cuenta a los hijos e hijas nacidos bajo ese hecho”, explicó la lideresa.Las mujeres de Gestionando Paz se reúnen cada semana. Foto:Sebastián Cote Lozano. EL TIEMPOA Pérez Carvajal podemos encontrarla, la mayoría del tiempo, en la cocina, preparando el almuerzo para todos los presentes. Y no porque se trate de una imposición heredada de lo que deberían ser los roles del hogar. En realidad, es un espacio casi sagrado, pues Gestionando Paz nació por el encuentro de distintas mujeres en La Dorada, quienes se reunían a contar sus historias con un chocolate y un pan. Pronto vieron que, más allá de la tragedia que las unía, de fondo también estaba un gusto por la cocina.“Así fue que nacimos hace unos años. A través de esos compartires en las tardes fue que comenzamos a conocernos, a hablar de nuestros procesos. Quedó como regla principal compartir nuestros alimentos y juntarnos alrededor de los mismos. Por eso el comedor va a ser nuestro lugar principal aquí en La Lorena”, agregó la lideresa.Pérez Carvajal sobrevivió a hechos indescriptibles, de los cuales ha podido hacer catarsis para resistir y, a la par, darle fuerza a las mujeres que han decidido acompañarla en este camino. El mensaje directo que busca dejar en los lectores es que esa guerra machista está también trasladada al sistema de justicia, por lo cual busca que se creen nuevos protocolos para abordar cuestiones de género. “No es fácil vivir con persecución continua. En Colombia hay violencia testimonial. Aún se sigue poniendo en duda la voz de la mujer, aún se le sigue trasladando la carga del por qué estábamos ahí, o qué estábamos haciendo, o qué llevábamos puesto, o qué hicimos para defendernos”, agrega.En 10 y 15 años, nuestros niños y niñas tendrán un legado para seguir luchando por sus derechos. Preferimos una paz imperfecta que una guerra duraderaLudirlena Pérez CarvajalLideresaA corte de 2017, el Centro Nacional de Memoria Histórica evidencia una relación desigual por violencias basadas en género durante la guerra. Esto se refleja en la proporción de víctimas mujeres (90,54 %) en relación a las víctimas hombres (9,29 %) desde 1958 hasta esa fecha. Las estadísticas muestran que, por cada 11 víctimas de violencia sexual, 10 son mujeres. En el caso de los grupos paramilitares, además de buscar controlar el cuerpo de las mujeres, la violencia se ejerció con el fin de destruir el círculo afectivo de quienes son considerados como enemigos en la guerra. Desmoralizarlos y humillarlos a través de una práctica de la cual la mujer recibe el impacto a manos llenas, con la posibilidad de que la violencia lleve a situaciones tan delicadas como el embarazo.“En 10 y 15 años, nuestros niños y niñas tendrán un legado para seguir luchando por sus derechos. Preferimos una paz imperfecta que una guerra duradera. Ellos son personas que nacen resistentes. Han tenido que ver a su madre enferma. Deben entender a una temprana edad por qué la depresión ha hecho parte de sus hogares. Pero estoy segura de que ello los llevará a tomar el timón como futuro relevo generacional de nosotras, y podrán apoderarse de sus propios procesos. Y podrán encarnar el ejemplo de que la violencia sexual es una realidad, pero nosotros fuimos más fuertes, porque fuimos semillas y crecimos en esperanza”, concluye la lideresa Ludirlena Pérez Carvajal. LEA TAMBIÉN Uno de esos niños es Juan*. Ha estado observando al equipo periodístico desde que llegó, con plena timidez. Es el más grande de todos los menores de edad presentes y empieza a tener conciencia de lo que reúne a este grupo de mujeres, así como a sus pares, en este lugar del oriente de Caldas. Es desplazado, al igual que su madre, de Nariño. La mira con pleno cariño.“Mi mamá es una mujer muy valiente. Yo sé que todas las mamás lo son. En todo lado hay mujeres muy valientes que les ha tocado sufrir por algunas cosas. A pesar de eso, siguen alzando la cabeza por cualquier cosa, por la familia y ellas mismas. Son muy sagradas; toca darles siempre las gracias porque ellas tienen la capacidad de hacer cualquier cosa. Y yo, la verdad, me siento muy cómodo y la familia también, en esta finca. Esto hace olvidar cosas del pasado que siempre afectan”, dijo. Su sueño es ser futbolista.La Hacienda La Lorena pasó de ser una finca más de la región a dibujar la esperanza de este grupo de mujeres. Así lo argumenta Yarymar del Carmen Chobrio, quien en 2018 huyó de su país y, en la travesía por un futuro digno, fue interceptada por el ‘clan del Golfo’. Estos criminales, absortos de toda humanidad, la victimizaron meses enteros en el marco de la trata de personas en el Urabá. “Después de nueve años, me veo transformada, con vida, fuerte. Hoy me encuentro acá en La Lorena, en este pedacito de tierra que para mí es memoria, es vida, es dignidad, es justicia. Es reparación, donde mis hijos pueden venir, pueden correr, pueden reír. Esta tierra para mis hijos es futuro, esperanza, aquí pueden cumplir sus sueños también”, dijo.La finca les fue otorgada bajo la promesa de apersonarse de un desarrollo productivo. Foto:Sebastián Cote Lozano. EL TIEMPOLas mujeres de Gestionando Paz se reúnen en pleno aquí, todos los fines de semana. Los demás días se turnan para las labores de cuidado de la finca, la cual les fue otorgada bajo la promesa de apersonarse de un desarrollo productivo de la misma tierra. El Estado, por su parte, se comprometió a cuidarlas en una zona históricamente disputada por guerrillas y paramilitares, en la que el conflicto sigue teniendo eventuales ecos. De hecho, el cartel metálico de entrada a la vereda está marcado con impactos de balas. Por tanto, las instituciones que las reunieron aquí tienen el compromiso de evitar una sola victimización más. Y, mientras tanto, ellas, empoderadas hasta las lágrimas, permanecen haciendo comunidad, de la mano de los hijos que han abrazado y formado para cuidar. (*) Nombre cambiado para proteger la identidad del menor de edad.JHOAN SEBASTIÁN COTE LOZANORedacción Justicia jhocot@eltiempo.comEn X: @Sebascote95 Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






