El incendio de la sierra suroeste de Madrid ha puesto en el punto de mira al municipio de Cadalso de los Vidrios, en el extremo occidental de la comunidad y en el límite con las provincias de Ávila y Toledo, después de que el fuego de Burgohondo avanzara el sábado por el valle del Tiétar. Una alerta en los teléfonos móviles avisaba a los vecinos de que tenían que evacuar la zona, entre ellos, 117 personas mayores alojadas en la residencia Alena, la mayoría dependientes y con múltiples patologías. “Llovía ceniza, el aire era irrespirable”, recuerda Alfonso García, de 65 años, sobre el pequeño trayecto que realizó hasta llegar a la ambulancia que lo trasladó a la capital. “Íbamos todos con mascarilla, algunos en autobús y otros en vehículos sanitarios al precisar oxígeno o sillas de ruedas”, cuenta. La Comunidad de Madrid ha coordinado en estos días el traslado de 1.308 residentes y usuarios de centros de atención social.“Ahora estoy en un lugar seguro, donde estábamos no llegó el fuego, pero se veía la columna de humo, la cosa estaba fatal, imponía”, cuenta García mientras espera a que le sirvan la comida en la residencia Casablanca de Vicálvaro, donde él y sus compañeros han sido realojados. “La evacuación estuvo muy bien dirigida y organizada, el personal que se encarga de nosotros lo hizo de forma correcta para no sembrar el caos”, insiste tras comentar que todos estaban preocupados. “Hay personas muy mayores”, aclara. En su caso, llevaba intranquilo varios días al informarse de forma constante de la evolución del incendio a través de su teléfono móvil hasta que perdió la cobertura a consecuencia del avance de las llamas.“La evacuación tuvo que ser muy rápida, pero como me temía lo peor, había preparado una bolsa con lo básico por si teníamos que salir. Llevaba varios días durmiendo mal”, comenta el hombre, que reconoce haber descansado mejor esta noche, lejos del fuego y en una habitación individual. “Algún llanto escuché de madrugada, pero, en general, estuvimos todos muy calmados”, reconoce. Agradece la acogida en la residencia Casablanca de Vicálvaro, donde dice estar muy a gusto. “Esta es como un castillo, yo no me la podría permitir, pero prefiero volver a la mía, es mi casa. Tengo ganas de salir a tomar algo por el pueblo y ver que todo el mundo está bien”, cuenta sin saber cuándo podrá regresar.En una planta más abajo, Piedad González, de 50 años, llora emocionada al saber que su madre, de 87, se encuentra bien tras ser desalojada desde Cadalso de los Vidrios. “Confiaba en el equipo que la cuida, pero viví momentos de mucha tensión. Cuando me enteré por la televisión de que la evacuaban, se me cayó el mundo a los pies, sufre un deterioro cognitivo y se desorienta mucho con cualquier cambio. Mi sorpresa ha sido cuando he llegado esta mañana y la he visto relajada. No tiene la sensación de que haya pasado algo grave, solo comenta que había mucho tráfico en el trayecto”, relata. González asegura que algunos residentes tuvieron que ser sacados en brazos al tener un alto grado de dependencia. “Sus cuidadores son superhéroes, no sé qué puedo hacer para agradecerles lo que han hecho. En la residencia de Vicálvaro hasta les han lavado la ropa que traían. Al salir de prisa y corriendo, muchos no llevaban muda”, comenta. Al igual que García, también llevaba días sin dormir. Intentaba acercarse a la residencia ubicada en Cadalso de los Vidrios, pero la carretera estaba cortada por las llamas. “Esta noche voy a poder descansar, sabiendo que mi madre está tranquila en su habitación compartida”, cuenta.El director general del Grupo Casablanca, que gestiona la residencia de Vicálvaro, Ignacio Fernández-Cid, asegura que no dudó ni un segundo en prestar ayuda cuando el Ejecutivo regional contactó con las patronales en busca de alternativas de realojo. “A las 13.30 me avisaron de que por la tarde llegaban. Inauguramos el centro en junio y solo teníamos una planta ocupada de cuatro existentes”, explica. Para el gerente de la residencia Grupo Alena Cadalso de los Vidrios, Miguel Bruna, era la mejor opción. De no contar con esta posibilidad, tendría que separar a los residentes en dos lugares distintos. “Somos del sector social, así que estamos encantados de poder ayudar ante una emergencia”, comenta Fernández-Cid. Antes, fue la residencia de Bruna quien decidió echar una mano a las personas mayores evacuadas en San Martín de Valdeiglesias, llevándoles comida. Este sábado a mediodía, Bruna recibió el aviso de que estuviesen preparados para abandonar la residencia, cabía esa posibilidad. La evacuación se coordinó con un técnico del Servicio de Urgencia Médica 112. El centro estaba completamente cerrado para que no entrase el humo y los usuarios fueron trasladados en tres autobuses y seis ambulancias. “Era importante hacerlo rápido, pero, sobre todo, hacerlo bien para que nadie se quedase atrás”, explica. Muchas de las personas rescatadas necesitan oxigenoterapia, sufren Alzheimer o presentan movilidad reducida, pero nadie resultó afectado por el humo y todos están a salvo. “Siguiendo el plan de contingencia, sacamos en papel los informes médicos de todos los residentes, sus tratamientos y medicamentos para una semana, además de los equipos informáticos que permiten tener acceso a todo su historial sanitario”, indica Bruna mientras celebra que la noche haya sido llevadera, a pesar de los nervios que sufrieron algunos mayores. “Preguntan mucho cuándo podrán volver a Cadalso de los Vidrios, pero hasta que las autoridades lo consideren oportuno, no nos moveremos de aquí”, señala tras agradecer la generosidad de Fernández-Cid, quien sabe que esto podría haberle sucedido también a él. “Ha sido un poco follón, pero querer es poder, todo el personal de las dos residencias se ha implicado mucho y están ahora aquí trabajando”, recalca. La Comunidad de Madrid les facilitó nueve concentradores de oxígeno que los residentes no habían podido traer desde Cadalso por una cuestión logística. La Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales ha instalado un centro de valoración, que primero situó en San Martín de Valdeiglesias, después en Brunete y actualmente en Navalcarnero, para coordinar el traslado de personas en distintas situaciones de vulnerabilidad o que no tienen ningún recurso donde ir. Este centro de Vicálvaro no ha sido el único en acoger residentes. Los mayores de la residencia Real de la Pinarilla, ubicada en Chapinería, se encuentran en la residencia pública Francisco de Vitoria, en Alcalá de Henares o con sus familiares. Los de la residencia privada Clavijo, en Villamantilla, fueron evacuados a la de Solimar, en Carabanchel. Son solo dos ejemplos de muchos casos similares. “Este es un sector con grandes profesionales haciendo una labor increíble”, resume Fernández-Cid.