La emigraci�n en busca de mejores condiciones de vida y empleo es un fen�meno ya antiguo en el mundo occidental. No se entiende, por ejemplo, el crecimiento -y la prosperidad- de un pa�s como los Estados Unidos sin atribuir un papel fundamental a los millones de inmigrantes que el pa�s ha recibido desde el siglo XIX. Pero no cabe duda de que los flujos migratorios han experimentado un aumento muy notable en las �ltimas d�cadas, hasta convertirse en un hecho clave para entender la evoluci�n de la econom�a en el siglo XXI. Espa�a fue tradicionalmente un pa�s de emigrantes: y s�lo recientemente se ha convertido en una naci�n receptora de inmigraci�n masiva. S�lo un dato. En 1986, a�o de referencia inicial de esta serie de art�culos, el n�mero de extranjeros residentes en Espa�a no llegaba a los 250.000. Hoy supera los 7 millones. Es cierto que la poblaci�n ha crecido mucho en estos cuarenta a�os, pasando de algo m�s de 38 millones en 1986 a m�s de 49 millones en 2026. Pero si calculamos la ratio poblaci�n extranjera/poblaci�n total vemos que los porcentajes han pasado de 0,6% en 1986 a 14,7% en el a�o actual Es evidente que un cambio en la estructura de poblaci�n tan radical en menos de medio siglo ha supuesto cambios sustanciales en la econom�a y en la sociedad espa�ola.Un gran n�mero de espa�oles piensa que el fuerte crecimiento experimentado por el n�mero de inmigrantes que han entrado en nuestro pa�s en los �ltimos a�os -y que previsiblemente seguir�n llegando en el futuro- constituye una de las cuestiones m�s relevantes que se plantean hoy a nuestra sociedad. El fen�meno es, sin duda, muy complejo y presenta aspectos muy diversos. Pero aqu� presentar� solamente algunas reflexiones sobre los efectos que este proceso inmigratorio masivo puede tener sobre la econom�a y los servicios sociales en nuestro pa�s. Parece que la metodolog�a m�s adecuada para tales reflexiones deber�a ser un an�lisis de los costes y beneficios que para la sociedad espa�ola est� suponiendo -y supondr� en el futuro- un aumento tan sustancial del n�mero de inmigrantes.La primera cuesti�n a considerar debe ser los efectos de la incorporaci�n de los nuevos residentes al mercado de trabajo espa�ol, y sus consecuencias sobre el desarrollo de determinados sectores productivos, niveles salariales y tasas de paro. No cabe duda de que, en un pa�s con una poblaci�n cada vez m�s envejecida, la mano de obra extranjera es muy necesaria; incluso imprescindible en algunos sectores. Problema distinto es si el tipo de inmigrantes que est� llegando -por lo general con un nivel bastante bajo de capital humano- es lo que la econom�a espa�ola necesita realmente en estos momentos.Un segundo tema importante es el efecto de la entrada de nuevos cotizantes en el sistema de pensiones. Durante alg�n tiempo se consider� que la quiebra a largo plazo de un modelo sin capitalizaci�n podr�a evitarse mediante la entrada de trabajadores inmigrantes. Hoy, sin embargo, se plantean serias dudas con respecto a la influencia de estos nuevos trabajadores en el equilibrio del sistema, ya que se trata, en la mayor parte de los casos, de personas que cotizan a niveles bajos y que, en el futuro, se convertir�n tambi�n en pensionistas, en muchos casos percibiendo prestaciones superiores al valor real de su flujo de cotizaciones.El efecto de la inmigraci�n sobre los ingresos y gastos del sector p�blico es otra cuesti�n relevante. Por una parte, hay que esperar un crecimiento significativo de los ingresos p�blicos como consecuencia del aumento de la poblaci�n activa y del PIB; por otra, sin embargo, es evidente que se est� produciendo un incremento significativo del gasto en sectores como educaci�n, sanidad y asistencia social, a causa de la entrada de un gran n�mero de personas con ingresos reducidos. Ser�a muy conveniente disponer de estudios m�s precisos y fiables sobre este tema, del que tenemos a�n una informaci�n muy insuficiente.Y se plantea, por fin, un tema muy relevante en la Espa�a actual: el efecto que en el mercado de la vivienda tiene el creciente n�mero de inmigrantes, que elevan de forma importante la demanda en un mercado en el que una regulaci�n torpe viene frenando desde hace bastante tiempo el necesario incremento de la oferta.Los economistas tenemos que mejorar nuestras t�cnicas de an�lisis para dar una respuesta convincente a los problemas antes planteados. No estar�a de m�s revisar y actualizar el modelo de Buchanan sobre la teor�a de los clubs, en el que el gran economista norteamericano se planteaba c�mo determinar la dimensi�n �ptima de recursos y gastos en situaciones en los que un mayor n�mero de usuarios eleva el nivel de producci�n y reduce el coste per c�pita, pero genera problemas de exceso de demanda y puede acabar reduciendo el nivel de calidad de los servicios en perjuicio de los antiguos miembros. En otras palabras, �c�mo fijamos las dimensiones de los servicios en ese club que se llama Espa�a?Francisco Cabrillo | Catedr�tico Em�rito de Econom�a de la Universidad Complutense. Fundaci�n Civismo