Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia...
“Hemos heredado un desastre”, dijo Alberto Fujimori al juramentar como presidente el 28 de julio de 1990. Nadie podía dudar de sus impactantes palabras, pese a que había llegado al poder con el apoyo del partido de gobierno aprista (y de toda la izquierda estatista), causante del peor descalabro hiperinflacionario de la historia del Perú. Sendero Luminoso y el MRTA asolaban a un país, con indicadores de pobreza que rondaban el 60% y pobreza extrema en 25%. Como me dijo un ministro de esa época: “no había ni para un té”. El Estado peruano estaba quebrado, aislado del sistema financiero internacional y al punto de no poder pagar ni lo básico. Todos los economistas serios lo sabían y llevaban advirtiéndolo desde tres años antes. Solo así se puede entender cómo Fujimori tuvo que ejecutar, en los primeros días de su gobierno, exactamente lo único que había prometido no hacer. “No schock” se convirtió en un súper shock que devaluó la moneda (el inti millón) en un 400% en un solo día. ¿Cómo lo soportamos? Porque, a pesar del costo brutal en lo más elemental, sabíamos que no había otro camino. La recuperación fue lenta y duró años. Los verdaderos beneficios de la libertad de mercado se vivieron ya en el siglo XXI, cuando alcanzamos una reducción de la pobreza a 19% en el año 2019. Casi sin ninguna esperanza, el país creyó que Fujimori, el padre, tenía un plan que podía funcionar. Y funcionó.










