Tuvo que intentarlo hasta cuatro veces, pero finalmente lo consiguió. Keiko Fujimori logró por fin convertirse en la presidenta de Perú y continuar el polémico legado de su padre, el fallecido expresidente Alberto Fujimori, que gobernó el país entre 1990 y 2000 y terminó en la cárcel condenado por graves violaciones de los derechos humanos. Aunque todavía faltan algunos votos por escrutar e impugnaciones por resolver en la igualadísima carrera entre la heredera del fujimorismo y su rival izquierdista, Roberto Sánchez, la ventaja de ella es ya superior a los votos que faltan por contar, por lo que ya es matemáticamente la presidenta electa de Perú y debería ser investida oficialmente jefa del Estado el próximo 28 de julio. Pese a que fracasó en sus tres intentos anteriores, Keiko repitió como candidata del fujimorismo de Fuerza Popular, y esta vez ha logrado el objetivo y tendrá el reto de liderar un país sumido en una crisis política permanente. Será la novena persona en ocupar la presidencia en los últimos diez años. TE PUEDE INTERESAR En un contexto marcado por el descrédito de la política y las instituciones, Fujimori se ha convertido en una de las pocas presencias duraderas en una escena política que en los últimos años ha devorado dirigentes al ritmo frenético al que se sucedían los escándalos de corrupción. Ella también tuvo el suyo. Pasó 16 meses en prisión preventiva por presunto lavado de activos en el marco del caso Odebrecht. La acusación estuvo a punto de impedirle ser candidata en 2026, pero una decisión in extremis del Tribunal Constitucional que sentó doctrina le permitió finalmente presentarse. Con los peruanos hastiados por la corrupción y la epidemia de creciente inseguridad que azota a su país, Fujimori no ha dudado en reivindicar el legado de firmeza y eficacia que parte del electorado asocia a los gobiernos de su padre. Con el lema de "vuelve el orden", ha querido asociar su imagen a la que tienen sus admiradores de Alberto Fujimori: la de un líder fuerte que supo acabar con la crisis económica y el terrorismo salvaje de Sendero Luminoso en la década de 1990. Aunque la figura de su padre todavía genera división en Perú y muchos recuerdan las violaciones de los derechos humanos ocurridas bajo su mando y los recortes derivados de sus reformas económicas. TE PUEDE INTERESAR Nacida en Lima en 1975, Keiko se dio a conocer al público peruano de la mano de su padre cuando este era presidente. Primogénita de cuatro hermanos, a ella le correspondió asumir el rol institucional de primera dama de Perú cuando el matrimonio de sus padres se rompió y su madre, Susana Higuchi, abandonó el palacio presidencial lanzando acusaciones de corrupción a su marido. La joven Keiko empezó a aparecer entonces como acompañante de su padre en actos y viajes de Estado. Tras estudiar Administración de Empresas en Estados Unidos, la mayor de los Fujimori regresó a Perú, donde pronto se dedicaría plenamente a la política. Sus críticos le han reprochado a menudo que nunca ha trabajado en nada que no fuera un cargo público. En 2006, con su padre ya detenido en Chile e intentando evitar su extradición a Perú, fue elegida congresista por primera vez. Se confirmaba así como la gran heredera y arrancaba una carrera política que hasta su éxito en estas elecciones solo encadenaba derrotas. TE PUEDE INTERESAR En 2011 fue candidata a la presidencia por primera vez, pero perdió en la segunda vuelta frente al candidato de izquierda nacionalista Ollanta Humala. Cinco años después fue Pedro Pablo Kuczynski quien la derrotó. Su segunda derrota alimentó los cuestionamientos sobre su estrategia y su perfil. Ella trataba de presentarse como una técnica eficiente, pero el público la veía como alguien frío y sin carisma ni empatía. Pero lo que nunca nadie logró arrebatarle fue la jefatura del movimiento fundado por su padre, a la que se aferró incluso a costa de retrasar la salida de la cárcel del expresidente y enfrentarse a su hermano Kenji. Quedó claro en 2017, cuando impulsó la destitución en el Congresode Kuczynski, que logró evitarla gracias a los votos de un grupo de disidentes de la bancada fujimorista leales a Kenji. Cuando pocos días después Kuczynski anunció al país que había concedido un indulto humanitario a Alberto Fujimori, pocos dudaron que se trataba del precio que había pagado a Kenji a cambio de salvar el cargo. La guerra sucia entre los hermanos Fujimori afloró entonces. TE PUEDE INTERESAR Parlamentarios cercanos a Keiko difundieron unos videos en los que colaboradores del gobierno ofrecían a congresistas leales a Kenji contratos de obras públicas si votaban en contra de la moción contra Kuczynski. Ella se apresuró a presentarlo como un caso de "compra de congresistas" y logró así sacar a su hermano de la política. Solo con Kenji fuera de combate y su liderazgo interno consolidado, Keiko retomó la lucha por liberar a su padre y volvió a hablar de su avanzada edad y reivindicar la validez del indulto otorgado por Kuczynski. En 2018 llegó la acusación por su supuesta implicación en el caso Cócteles, una rama peruana de la trama de la constructora brasileña Odebrecht, e ingresó en prisión provisional. El Constitucional, que suele fallar a favor de los intereses del fujimorismo, ordenó su puesta en libertad porque se habían vulnerado sus derechos, pero un segundo juez la mandó de nuevo a la cárcel en 2020. Cuando algo más de tres meses después fue liberada de nuevo por una sala de apelaciones denunció ser víctima de "una persecución política" y dijo que su paso por la cárcel había sido "el evento más doloroso" de su vida. TE PUEDE INTERESAR En las presidenciales de 2021 volvió a perder en la segunda vuelta, esta vez contra un hasta entonces casi desconocido maestro rural y sindicalista llamado Pedro Castillo. Su partido impugnó miles de votos en un intento por revertir el resultado de una elección que se decidió por un estrecho margen y denunció un fraude electoral que nunca logró probar. No sirvió de nada. Fujimori perdió de nuevo. En 2022 sufrió un golpe personal que sorprendió al país. Mark Vito Villanella, el empresario estadounidense con quien tuvo dos hijas y que se había convertido en su principal apoyo—llegó a declararse en huelga de hambre frente a la cárcel donde ella estaba presa— anunció que se separaban tras casi 20 años de matrimonio. Él es hoy figura de la televisión y la farándula peruanas. En septiembre de 2024 perdería a su padre, que había obtenido finalmente la libertad después de una larga y polémica batalla jurídica apenas un año antes. "Le agradezco a Dios que nos haya permitido cuidarte, abrazarte y engreírte, especialmente en este último tramo de tu vida", publicó ella en sus redes. Desde entonces ha intentado rentabilizar el capital político de su padre y la sensación extendida entre muchos peruanos de que el país vive una situación de emergencia como la de los 1990 y que, ahora como entonces, lo que hace falta es mano dura. TE PUEDE INTERESAR En línea con las promesas de otros líderes de la derecha latinoamericana en alza ahora, como el salvadoreño Nayib Bukele o el colombiano Abelardo de la Espriella, prometió en la campaña la construcción de megacárceles de máxima seguridad o retirar a Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Con ellas consiguió por fin su sueño de ganar las elecciones presidenciales peruanas. No ha sido facil, pero quizá lo más difícil viene ahora. Un escaso 17% votó por ella en la primera vuelta, lo que revela que su apoyo dentro del país está muy lejos de ser masivo, y su gestión será examinada con lupa y recelos por los enemigos que ella y su padre hicieron en su largo camino. No son pocos. En el secularmente postergado Perú rural y serrano el apellido Fujimori sigue generando un rechazo visceral por el recuerdo de los excesos de las fuerzas del gobierno en la lucha contra Sendero Luminoso y la feroz represión de las protestas que siguieron a la caída de Pedro Castillo en 2022. Es un polvorín de descontento invisible que cualquier error de Keiko puede incendiar en cualquier momento. Aunque esta vez sea, por fin, presidenta.
Y por fin ganó Fujimori: la gran heredera del autoritarismo peruano cumplirá su sueño de ser presidenta
Tras una reñida votación, Keiko asume el mando con promesas de mano dura, antecedentes judiciales y un país fracturado que la vigilará de cerca hasta su investidura del 28 de julio










