La derrota de la Selección ante España en la final de la Copa del Mundo no solo clausuró el sueño del bicampeonato, sino también dejó al descubierto un fenómeno que fue creciendo a lo largo del torneo: el odio de celebridades, streamers y periodistas internacionales por la Scaloneta y su máximo emblema, Lionel Messi. Lo que comenzó como una rivalidad futbolística derivó en acusaciones de racismo, provocaciones, burlas y campañas virales que convirtieron a las redes sociales en el principal escenario de una confrontación global.

Uno de los casos más notorios fue el del estadounidense IShowSpeed, uno de los streamers más populares del mundo. Admirador declarado de Cristiano Ronaldo, recorrió distintos estadios alentando a cada rival argentino, celebró los goles en contra y transformó su rechazo a Messi en un espectáculo de millones de visualizaciones. Detrás de esa aparente espontaneidad existe una lógica comercial, cuanto mayor es la reacción del público argentino, mayor es el alcance de sus contenidos y, por lo tanto, sus ingresos.

Millones de razones. La ex actriz porno Mia Khalifa llevó esa estrategia un paso más allá. Durante toda la Copa expresó su deseo de que Argentina quedara eliminada, apostó un millón de dólares por España en la final y obtuvo una importante ganancia tras el triunfo europeo. Cada publicación combinó provocación, entretenimiento y rentabilidad digital, una fórmula que volvió a demostrar el valor económico de la polémica.