Es cuanto menos curiosa la forma en la que se formó una narrativa anti-argentina en el ecosistema informativo internacional en torno al Mundial. Pasó algo que no es del todo normal que llevó a que diversos grupos cataloguen a la Argentina como un país racista, a Leo Messi como un tramposo que ganaba solo por el apoyo de la FIFA de Gianni Infantino y a los argentinos como violentos, tanto dentro como fuera del campo de juego. Más allá de que existen opiniones subjetivas sobre la cultura y el estilo futbolístico de la Argentina, es evidente que la forma en la que se atacó a la argentinidad fue exagerada y no responde simplemente a la posición “orgánica” de todos esos grupos, sino que se enmarca en un contexto en el cual los algoritmos, por un lado, y la polarizadora batalla cultural, por otro, generan nuevas subjetividades. La Selección Argentina, Messi y la cultura argentina terminan siendo atacadas y degradadas en la opinión pública global cuando hace tan poco principalmente generaba admiración en lo futbolístico y cercanía en lo social. No odiamos lo suficiente a los argentinos
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