DOMINGA.– La lluvia azotaba la endeble embarcación de madera que se sacudía en el agitado mar mientras su motor forcejeaba contra el oleaje. Al amparo de una noche tormentosa, hace tres años, el bote huía de Corea del Norte. A bordo iban nueve personas, incluyendo a dos niños pequeños y una mujer con seis meses de embarazo. Sólo dos pasajeros tenían experiencia en el mar. Evadieron un barco patrullero y cruzaron a toda velocidad la frontera marítima más vigilada del mundo.Poco después de que la embarcación se adentró en aguas surcoreanas, un buque de guerra de alta velocidad de la armada de Corea del Sur se abalanzó sobre la nave, trazando agresivos círculos en el agua. Los francotiradores que iban a bordo apuntaron sus miras láser a los pechos de los tres hombres adultos que iban en la embarcación de madera.A través de un altavoz, resonaron dos preguntas: “¿Están perdidos? ¿Problemas con el motor?”. Los norcoreanos gritaron: “Ayuda, por favor. Estamos desertando”.
Una familia desafió la frontera marítima más vigilada del mundo para escapar de Corea del Norte en busca de libertad | The New York Times
Firmes, los puntos rojos permanecieron fijos en sus pechos. Los surcoreanos no querían correr riesgos: los tres hombres vestían uniformes militares norcoreanos, un camuflaje para un escape de alto riesgo. Desesperados, los hombres gritaron hacia la estrecha bodega del bote para que los demás pasajeros salieran y así demostrar que eran civiles. Desde abajo, los dos menores, una niña de cinco años y un niño de tres, fueron subidos primero, ambos pálidos y consumidos por el mareo. Sólo entonces cedieron los puntos rojos.Los norcoreanos, encabezados por Kim Il-hyeok y su hermano menor, Yi-hyeok, estaban unidos por sangre y matrimonio. Los hermanos, ambos treintañeros en ese momento, viajaban acompañados de su madre y sus familias: la pareja de Il-hyeok, que estaba embarazada, y la esposa de Yi-hyeok, sus dos hijos, su suegra y su cuñado.La familia, que desertó en 2023, estuvo entre los pocos que lograron escapar de Corea del Norte después de que su líder, Kim Jong-un, impusiera un confinamiento devastador durante la pandemia de coronavirus. Llegaron a su país adoptivo con conocimientos inusuales sobre una nación que había sido aislada del mundo exterior. Algunos detalles de su escape no se han reportado anteriormente.“Esa noche”, dijo Yu-mi, la esposa de Yi-hyeok, “cruzamos de un mar de oscuridad a un mar de libertad”.El deseo de un padreA lo largo de varios meses de entrevistas en Corea del Sur, Il-hyeok habló con la misma arrogancia que había desarrollado como un autodenominado “alborotador” en Corea del Norte. Yu-mi se mostraba reservada y, mientras hablaba, se abrazaba las piernas contra el pecho. Su madre, quien pidió no ser nombrada pero accedió a ser fotografiada, sopesaba cada palabra, temiendo cómo sus comentarios podrían afectar a los familiares que se habían quedado atrás en Corea del Norte. Pero todos hablaron con convicción sobre por qué tuvieron que abandonar ese país. (El resto de la familia extendida se negó a ser entrevistada).Los hermanos provenían de Pyoksong, un condado en el suroeste de Corea del Norte.Durante la hambruna de finales de la década de 1990, su padre, un funcionario de seguridad ferroviaria, regresaba con relatos sombríos de las provincias más afectadas: los cuerpos demacrados de los niños que se encontraban afuera de las estaciones de tren estaban congelados, y al ser arrojados a los camiones que se dirigían a los cementerios sonaban como pescado congelado. Él fue el primero de la familia en perder la fe en una clase dominante que era incapaz de alimentar a su pueblo.








